El régimen cubano se aferra al manual de resistencia de Maduro
Donald Trump volvió a agitar las aguas con respecto a Cuba. El presidente de Estados Unidos aseguró el fin de semana que su país podría «tomar el control» de la isla «casi de inmediato», una vez concluido el «trabajo» en Irán, y sugirió incluso el envío del portaaviones USS Abraham Lincoln hasta las costas cubanas. Mientras en Florida reían lo dicho por el mandatario, en la Casa Blanca se promulgaba una nueva orden ejecutiva que endurece las sanciones contra La Habana y apunta a sectores clave de su economía: energía, defensa, minería, servicios financieros y seguridad.
La nueva orden de Trump permite bloquear bienes y activos en Estados Unidos de personas o empresas vinculadas al régimen, así como sancionar a entidades extranjeras que faciliten transacciones significativas con sectores castigados.
El régimen cubano respondió con el acostumbrado libreto de resistencia. El canciller Bruno Rodríguez aseguró que «los cubanos no nos dejamos amedrentar» y calificó el asunto como una amenaza «clara y directa» de agresión militar. Además, afirmó que Cuba se convertiría en «un avispero», «una trampa mortal» y escenario de la «guerra de todo el pueblo». Afirmaciones similares a las que empleaba el gobierno venezolano cuando estaba Nicolás Maduro al frente.
El presidente, Miguel Díaz-Canel, por su parte, pidió a la comunidad internacional «tomar nota» de lo que describió como una escalada «peligrosa y sin precedentes». Lo hizo de nuevo en un «Encuentro de Solidaridad con Cuba» que reunió a 766 delegados internacionales de organizaciones de 36 países; lo que sus críticos describieron como «más turismo ideológico».
«Mi firma por la Patria»
Además, el Gobierno cubano aprovechó el Primero de Mayo para convertir la marcha de los trabajadores en una demostración de apoyo político, como habitualmente hace. El acto se celebró frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, bajo consignas de soberanía, paz y defensa nacional.
Las autoridades hablaron de medio millón de asistentes y presentaron la campaña «Mi firma por la Patria», con más de seis millones de rúbricas, como prueba de respaldo popular. No obstante, se han conocido testimonios y evidencias de asistencia y firmas bajo coacción en centros de trabajo y comunidades, además de que la cifra total genera dudas pues se calcula que en Cuba quedan unos ocho millones de habitantes.
Lejos de las tribunas, «aguas abajo», la realidad cubana es áspera. La economía de la isla se encamina a una contracción de 6,5% este año, según la Cepal, el peor dato de América Latina. La Unidad de Inteligencia de The Economist proyecta un dato aún peor, 7,2%, el más grave desde el Período Especial de la década de 1990. Cuba ya venía de años de estancamiento, caída del PIB y reformas fallidas, pero la presión energética y el desplome del turismo han agravado la crisis.
El turismo se hunde
El turismo, uno de los sectores privilegiados por el Estado durante años, también se hunde. En el primer trimestre llegaron 298.057 viajeros internacionales, frente a 573.363 en el mismo período del año anterior: una caída de 48%. Cadenas hoteleras y operadores como Meliá y Gaviota han respondido con descuentos agresivos de hasta 30%, ventas flash y ofertas de emergencia.
La ocupación hotelera actualmente es de apenas 21,5%. Además, la escasez de combustible Jet A-1 provocó la cancelación de 1.700 vuelos a diferentes aeropuertos de Cuba y la suspensión de operaciones de 11 aerolíneas, como Air Canada, Iberia, Air France y Turkish. Eso sin contar que la amenaza de un conflicto con Estados Unidos, los constantes apagones, la escasez de alimentos y la crisis energética, que incluye falta de gas y gasolina, espantan a quienes habitualmente marcaban la isla como destino en el Caribe para vacacionar.
Para el cubano de a pie, la vida diaria transcurre entre apagones prolongados, transporte precario, salarios pulverizados, inflación, escasez de alimentos y familias vaciadas por la emigración.
Pero nadie sabe qué viene después. Trump ha elevado el tono, pero sus declaraciones mezclan cálculo político, presión económica y teatralidad electoral ante la comunidad cubanoamericana de Florida.
Cuba, a su vez, responde con movilización, retórica de guerra y cierre de filas, aunque admite contactos con Washington y deja claro que su sistema político no está sobre la mesa. En el medio, un pueblo cansado y hambriento que tan solo pide que «se resuelvan los problemas y podamos vivir».
Frente al mensaje triunfalista y desafiante del gobierno cubano, hay quienes aspiran a un desenlace muy distinto al planeado por el régimen. La captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, en enero pasado por parte de fuerzas militares de Estados Unidos le dio ánimo a quienes dentro de la isla o como parte de su amplia diáspora reclaman cuanto antes una acción «yankee».
Esta semana, sin ir más lejos, el portal CiberCuba publicó en Facebook las palabras del presidente Trump respecto a una acción inminente y los comentarios se llenaron de frases como «hazlo ya», «no hables más y actúa», «para luego es tarde», «apúrate» o «vas tarde».