El enemigo de Feijóo está dentro del PP, y en algún "satélite" del partido
En el PP no hablan de división ni de una crisis interna. Pero estos últimos días, sobre todo después de una intervención pública del expresidente del Gobierno José María Aznar, sí se escucha con frecuencia hablar del mal de los «egos». La preocupación que trasladan distintos cargos del partido no tiene tanto que ver con discrepancias ideológicas como con la obsesión de algunos dirigentes y referentes del espacio del centro-derecha con intervenir constantemente para marcar perfil propio, aunque ello obligue después a Alberto Núñez Feijóo a recolocar el discurso o aclarar la posición oficial. «No es un problema de fondo; es un problema de protagonismo», resume un dirigente con peso orgánico. «Hay demasiada necesidad de dejarse ver, de demostrar quién marca el paso y quién representa la ortodoxia», añade.
A diferencia de otras etapas del partido, ahora no hay ninguna guerra abierta, y, de hecho, la unidad brilla con más intensidad que en toda la era de liderazgo de Mariano Rajoy. Pero hay movimientos que desestabilizan, y quienes los hacen son plenamente conscientes de ello. «Aznar sabe que no puede presentarse a hablar del centro o a dar lecciones de pactos. Su historia está ahí. La teoría de la conspiración también. Y no tenemos ninguna duda de que él buscaría un acercamiento a Junts, como lo hizo con CiU, si hoy estuviera al frente del partido», sentencia una exministra que habitó el Consejo de Ministros con Rajoy.
En este diagnóstico interno aparecen varias claves. Algunos cargos insisten en condenar la citada intervención pública de José María Aznar, cuya influencia política dentro del electorado popular no es hoy. ni de lejos, tan grande como él cree, si bien sí tiene un poder desestabilizador porque sus palabras sirven de «pasto» a la izquierda para atacar a Feijóo.
Nadie se atreve a cuestionar su autoridad como expresidente, pero sí hay quienes consideran que determinadas intervenciones reabren debates cuando la dirección intenta centrar el foco en otros asuntos. No es la primera vez ni será la última.
También se señala la tendencia de algunos dirigentes territoriales a fijar posición por cuenta propia antes de que exista una estrategia compartida. La fortaleza territorial del PP, sostienen, solo funciona cuando todos empujan en la misma dirección.
«Ser una federación de presidentes autonómicos es una ventaja. Convertirse en una suma de estrategias individuales deja de serlo», resume un miembro del actual Comité de Dirección del partido.
Otro elemento que aparece con frecuencia en las conversaciones internas es la influencia del ecosistema situado a la derecha del PP. Algunos dirigentes creen que existe un sector político y mediático que, en su intento por marcarle el paso a la dirección nacional, termina desplazando el debate hacia posiciones que favorecen más a Vox que al propio Partido Popular. «Hay veces que parece que algunos están más preocupados por demostrar que son más duros que Vox que por ampliar la mayoría que necesita el PP para gobernar», reflexionan en el PP. «Cuando compras permanentemente el marco del adversario, corres el riesgo de reforzarlo».
Así, el debate sobre la llamada ley de Nietos, y otras polémicas más emocionales e identitarias, acaban siendo el terreno favorito del PSOE para jugar el partido. De hecho, estos días, fuentes diplomáticas han marcado un elemento del debate muy significativo: explican que Exteriores tienen los datos para desmentir los «bulos» sobre la ampliación del voto en el exterior, y que si no lo hace es porque este marco de confusión les beneficia más a ellos que a la derecha.
Todo esto pone en el centro del debate la reflexión de que cada vez que el mensaje gira exclusivamente sobre los asuntos que marca Santiago Abascal, el partido se ve obligado a responder en lugar de liderar la conversación «y hay quien desde dentro rema más en la dirección de Abascal que en la del interés de sus siglas». «No basta con decir que estamos unidos», apuntan en Génova.
«La unidad exige disciplina política. Si después cada uno sale a marcar su propio camino, el mensaje que recibe el ciudadano es que no existe un criterio claro y, sobre todo, que, en muchas ocasiones, se está dando la razón a Vox». Con el Gobierno de Sánchez atravesando uno de sus momentos de mayor desgaste, en las filas populares subrayan que el principal objetivo debería ser proyectar estabilidad, solvencia y capacidad de gobierno «frente a ambiciones personales o estrategias para mantener mayorías absolutas».
Y, por eso, algunos dirigentes observan con inquietud los movimientos que desplazan el foco desde la alternativa que quiere construir el líder del PP hacia un debate interno sobre quién representa la verdadera esencia del partido. En privado, la conclusión se resume en una frase que empieza a repetirse entre cuadros populares: «El principal riesgo en estos momentos es convertir la necesidad de marcar perfil en un obstáculo para ganar».