Crítica de "Ariodante" en el Teatro Real: Haendel en la cima
Esta impresionante ópera de Haendel es una de las elegidas para ser escuchada esta temporada en versión de concierto. Se había puesto ya en la moderna etapa del Teatro en 2007. Fue la primera ópera que Haendel escribió para un flamante nuevo teatro londinense, el Covent Garden. Ilustraba un libreto que Antonio Salvi había escrito para Giacomo Antonio Petri sobre un episodio de "Orlando Furioso" de Ariosto. La ópera posee una riqueza melódica y un acabado vocal y orquestal extraordinarios, demostrativos de un "belcanto" en plenitud.
Los hechos y escenas se suceden pegados los unos a los otros. De los siete personajes, hay dos absolutamente dominantes, el del protagonista que da nombre a la ópera y el de Ginevra, que fueron cantados en la primera representación por el "castrato" Carestini y por la soprano Anna Strada del Pò, dos auténticos virtuosos de la época. Hay numerosos retos vocales, en los que participan también los otros cinco personajes. Un buen ejemplo es "Dopo notte", que canta en el tercer acto Ariodante, un jubileo que da lugar a un sinnúmero de agilidades en un discurso lleno de síncopas.
Aunque hay otros muchas arias y fragmentos instrumentales verdaderamente maestros y que quitan importancia a la pobreza de la acción dramática, confusa y estática. Algo que siempre se ha destacado y que hay que reconocer es la habilidad del compositor para caracterizar a los personajes y para resaltar sus estados de ánimo. Y que alcanza toda su dimensión en las intervenciones de los dos protagonistas. Después de haber cantado su felicidad ante la inminente boda, que Burney definió de “monótona beatitud”, se acusa su desesperación en arias como "Il mio crudel martoro" (Ginebra, en Mi menor), o "Scherza infida in grembo al drudo" (Ariodante, en Sol menor).
No hay duda de que Ariodante, con seis arias, un arioso y tres duetos tiene un gran espacio y ha de enfrentarse a notables dificultades, seguramente preparadas para el lucimiento del castrado Carestini. Ahí tenemos también el aria "Con l’ali di costanza", rica en agilidades y cadencias. El aspecto más íntimo del personaje emerge, sin embargo, en "Cieca notte, infidi sguardi", en la que la lírica melodía contrasta con el acompañamiento "concitato". Sería largo y ocioso en lo que debe ser una breve crítica como esta, en la que hemos de destacar el estupendo nivel general de la ejecución, con voces, de acuerdo con los criterios actuales, muy aptas, bien puestas, adecuadas técnicamente y cumplidoras. Citemos en primer lugar a la mezzo lírica Magdalena Kozena, musical, precisa en los reguladores y en los ataques. Dio verdaderas lecciones de musicalidad en sus numerosos solos, que, en algún caso, nos dejaron sin respiración, pese a la falta de brillo tímbrico. A su lado, también a estupendo nivel, la soprano lírica Erika Baikoff, segura, cristalina, emotiva, en la parte de Ginevra, sobre la que recaen pecados infundados.
Shira Patchornik (Dalinda), soprano de gran ligereza, estuvo asimismo muy segura y afinada, sin problemas en las agilidades, secundada por el experto contratenor Christophe Dumaux (Polinesso), de metal no especialmente agradable, pero de técnica irreprochable. Destiló en alguna ocasión poderosas notas en el registro modal (grave). Rotundo, sonoro, espeso y convincente el estupendo y noble barítono José Antonio López, vibrante y varonil, en la parte del padre confundido (Rey de Escocia). Cerraba el excelente reparto el tenor lírico ligero Emiliano González Toro, no siempre seguro pero eficaz en los papeles de Lurcanio y Odoardo.
La nave no hubiera llegado a tan buen puerto con otra orquesta en el imaginario foso que no fuera la Cetra, compuesta por una veintena de músicos perfectamente afinados, de exquisita y barroca sonoridad, con parejas de oboes, de trompas y de trompetas más guitarra barroca y tiorba, que siguieron admirablemente las ordenes, claras y terminantes, de dibujo preciso y elegante, de Andrea Marcon, que episódicamente tocaba un segundo clave. Gran trabajo. Partitura evidentemente bastante recortada. Éxito lógico.