El otro drexler
<p>La reflexión sobre el vacío es tan antigua como la propia humanidad y guarda el mismo tipo de vigencia e intensidad en el siglo XXI como en la antigüedad clásica o la prehistoria. Esta sensación aún persiste cuando Daniel Drexler habla de la constante, aunque ya no incómoda, presencia del vacío en su vida. Un tema recurrente desde que se convirtió en mochilero a los 17 años y que luego, hacia los 33, con la estabilidad de cursar un posgrado en otorrinolaringología, tener un trabajo estable como médico en el Hospital de Clínicas de Montevideo y en un consultorio particular junto a su padre, lo llevó a quemar las naves.</p><p>“Al mismo tiempo, había terminado una maestría en ciencias médicas sobre la neurofisiología del sistema auditivo y dudaba o no sobre comenzar el doctorado”, cuenta Daniel, quien desde chico, al igual que su hermano Jorge (cantautor de plausible trayectoria internacional, ganador del Óscar en la categoría Mejor canción original con “Al otro lado del río”) cultivó su gusto por la música y se pagaba las cuentas de fin de mes dictando clases de guitarra.</p><p><h3>La ruptura</h3></p><p>En esos 33 años, con la vida garantizada como profesional de la medicina, Daniel sufrió la pérdida de su novia, la frustración de no poder dedicarse a la música, y la insatisfacción por una vida esquematizada con horarios de entrada y salida. Todo eso hizo que corriera el eje de su vida hacia el camino que ya seguía su hermano mayor.</p><p>El punto de quiebre se dio cuando Daniel se centró en trabajar con pacientes con patologías del sistema auditivo y a los que había que rehabilitar mediante la adaptación al uso de audífonos. </p><p>“Me fui especializando en el trabajo en un área que visualicé como una oportunidad porque no resultaba atractiva para ningún otorrinolaringólogo y, a la vez, a mí me resultaba menos árida por el hecho de ser músico: el tinnitus”. </p><p>Entre un quince y diecisiete por cierto de la población mundial padece este síntoma molesto que consiste en la escucha continua de “zumbidos” en el oído. Una tarde, mientras Daniel se encontraba practicando música en un estudio, desarrolló la idea de crear un sistema de estimulación acústica junto a Gonzalo Gutiérrez, otro músico e ingeniero de sonido con el que llevaba años trabajando. Rápidamente, Drexler se vería en congresos mundiales y su labor en el campo le fue reconocida, con mérito extra, ya que a los diez años perdió completamente su oído derecho luego de una parotiditis (paperas).</p><p>Con este éxito garantizado, pero con la inconformidad respirándole en la nuca, Daniel decidió dedicarse formalmente a la música y empezar a vivir de ella. Algunos encuentros musicales que se daban en su casa en La Paloma (balneario y puerto oceánico al sur de su país) sirvieron como impulso motor y lo conectaron con distintos artistas que apoyaron su decisión. </p><p><h3>Nueva producción</h3></p><p>De un tiempo a esta parte, <span style="font-style: italic; ">Tres tiempos</span>, el trabajo que vino a presentar a Lima, en la Noche de Barranco, y luego en el Cusco, marca un salto importante en la construcción musical de Daniel Drexler; su estrecho vínculo con la ciencia y la medicina, y cómo esta no se desliga en absoluto de la poesía y la música. </p><p>Padre de dos hijas. Sereno cuando se le pregunta por el hermano mayor. Ilusionado con el desarrollo de su carrera; con composiciones musicales realmente genuinas y brillantes como “La simiente”, “Vacío” o “Febril remanso”, Daniel busca encontrar su propio espacio en el circuito iberoamericano de cantautores, con la prestancia y calidad otorgada por el apellido, pero con la frescura y el ímpetu que proyecta cada vez que uno lo mira a los ojos. Escúchelo. </p>
<p>Daniel Drexler, otorrinolaringólogo artífice del tratamiento para los pacientes con tinnitus (un malestar en el oído), abandonó las conferencias mundiales de ciencia y medicina para dedicarse a la música, igual que su hermano mayor, el ganador del Oscar. </p>