La elección de la Mesa del Congreso marca las negociaciones para formar Gobierno
Buena prueba de ello es la importancia que el PSOE le da a la reunión que Pedro Sánchez mantiene mañana por la mañana con el líder del PP en el Congreso. Tanta que el secretario general del PSOE, por adelantado, ya ha convocado a la Ejecutiva Federal de su partido para el lunes que viene, a las diez y media de la mañana, para decidir su posición definitiva.
Algunos convocados han señalado a este diario que, aunque se hable de la elección del presidente del Congreso, es muy posible que la decisión vaya vinculada a la que el partido adopte en la investidura, sin esperar a que se reúna de nuevo el Comité Federal del PSOE para decidir si varía o no su posición sobre una posible abstención. En la cúpula socialista consideran que la elección del presidente del Parlamentario ya mostrará la relación de fuerzas definitiva, de manera que se refleje quien va a permitir y quien no -con su voto a favor o su abstención- que Rajoy salga investido.
Todo dependerá, añaden fuentes tanto del PP como del PSOE, de que Rajoy y Sánchez abran una negociación sobre las concesiones que el presidente está dispuesto a hacer a los socialistas para que, a pesar de su “no” inicial a la investidura, le permitan gobernar. Una negociación de equipos seleccionados que, según las fuentes consultadas, ambos partidos abrirían a Ciudadanos, el PNV y otras fuerzas de centro-derecha como CC -de las que se excluiría a Podemos y los independentistas- para que la imagen final de los responsables del acuerdo quede diluida y los socialistas no aparezcan ante la ciudadanía como los grandes responsables de las concesiones al PP.
La urgencia en las decisiones se fundamenta, por la parte socialista, en la idea de que si esperan a nuevas reuniones del Comité Federal para cambiar de criterio, puede parecer que lo hacen porque el tiempo se echa encima y temen unas terceras elecciones. De ahí que, frente a lo que han señalado algunos responsables socialistas sobre la conveniencia de esperar para que los ciudadanos comprendan que lo que se hace es porque no hay más remedio y no porque guste dejar gobernar a Rajoy, la mayoría prefiera no esperar hasta septiembre para decidir. Sobre todo si hay investidura a finales de junio y empiezan a contar los 54 días de convocatoria de nuevos comicios en el caso de que Rajoy no salga elegido. Eso supondría, añaden, que las elecciones deberían celebrarse en octubre y que su celebración sólo beneficiaría a la derecha.
La angustia de Convergencia
Lo de incluir a otros grupos en las negociaciones que se abrirán de inmediato tras los primeros contactos –la semana que viene- beneficiaría también, dicen las fuentes de PP y PSOE, a otros grupos que buscan acuerdos por debajo de la mesa. Por ejemplo, el nuevo Partido Demócrata de Catalunya de Artur Mas y Carles Puigdemont. Fuentes nacionalistas precisaron a este diario que si no hay negociación con el PP el histórico Grupo Catalán desaparecerá. El Reglamento, en eso, es taxativo. La vieja CDC no alcanza el 15% de votos en las circunscripciones que se ha presentado y necesita 15 escaños cuando solo tiene 8. Y el único partido que podría prestarle los 7 que le faltan es el del PP.
Un problema serio porque, dicen, el PP pagaría caro -en su imagen- el apoyo y porque les resultaría difícil decir que no a los grupos propios de las confluencias de Podemos y sí a los independentistas catalanes. Significativamente, Francesc Homs, el portavoz de los catalanes, se va a reunir con Rajoy y oculta cuando y cómo sin que haya aclarado si hablará al final.
El PP, sin candidato
En el PSOE, por lo demás, tienen resuelto que si finalmente es una socialista quien presida el Congreso, su candidato será Patxi López, como ya ha afirmado su secretario general Pedro Sánchez. En el seno del partido, dicen, no tiene rival.
También señaladamente, Rajoy no ha revelado todavía -ni parece tener decidido, según los suyos- quién optaría a la presidencia del Congreso por parte del PP. En los despachos del Grupo Popular, una vez descartado Jorge Fernández Díaz, se barajan los nombres de Ana Pastor, que ya fue vicepresidenta de la Cámara, y de José Manuel García Margallo, pero sin ninguna convicción. En el palacio de la Carrera de San Jerónimo, todos dicen que Rajoy está decidido a dejar el cargo a los socialistas siguiendo el modelo de la Unión Europea de que los dos grupos mayoritarios se repartan los puestos de presidentes del Ejecutivo y del Parlamento.
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