Editorial: La nueva ruta de la CCSS para facilitar el acceso a medicamentos
Este lunes 26 de octubre, la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) empieza a aplicar un nuevo modelo para seleccionar y gestionar medicamentos. La reforma busca agilizar el acceso a tratamientos mediante decisiones que beneficien a grupos de pacientes con necesidades clínicas comparables, en lugar de repetir el análisis para cada solicitud individual.
El sistema operará con el Reglamento para la Selección y Gestión de Medicamentos, el cual da paso al Formulario Terapéutico Institucional (FTI), que sustituirá la tradicional Lista Oficial de Medicamentos. Este instrumento definirá qué tratamientos ofrece la Caja, para quiénes y en qué condiciones.
Para asegurados que esperan un fármaco, el cambio alimenta la esperanza de recibir una respuesta más pronta y, en algunos casos, evitarles acudir ante los magistrados de la Sala Constitucional para obtenerlo por medio de recursos de amparo.
El principal cambio está en la forma en que se solicitan los tratamientos. Hasta ahora, cada paciente tenía una solicitud a su nombre que se analizaba de forma individual. Si, meses después, llegaba otra persona con la misma necesidad, el análisis comenzaba desde cero.
Con las nuevas reglas, la solicitud se hará según enfermedad, por lo que una sola decisión cubrirá a todos los pacientes en esa situación. La proyección es que redunde en menos amparos ante la Sala IV.
La propuesta se analizó en detalle el martes pasado en el foro “De la evidencia a la decisión: el futuro de las tecnologías en salud”, promovido por La Nación. El encuentro y la cobertura periodística permitieron explicar sus alcances y conocer las expectativas de autoridades, representantes de pacientes e industria farmacéutica.
Una innovación digna de encomio es que, por primera vez, la Caja incorpora formalmente la voz de los pacientes en la evaluación de las terapias, lo cual representa un necesario acercamiento con los asegurados y sus dificultades para recibir atención.
Ana Gloria Romero y Alexandra Núñez fueron nombradas por la Federación de ONG de Pacientes de Costa Rica como representantes de los pacientes en el Comité de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (CETS), el grupo que examina y analiza la inclusión de cada nueva terapia. Romero y Núñez dijeron a este diario que han encontrado apertura al punto de que detectaron posibles desventajas para las enfermedades raras en los criterios utilizados y fueron escuchadas. Ese ejemplo muestra por qué su presencia debe tener continuidad.
Ambas son cautelosas sobre la aplicación del modelo, especialmente en cuanto a los tiempos. El reglamento exige comunicar y justificar las decisiones de no priorizar un medicamento para evaluación o de no incorporarlo al formulario. También dispone publicar el listado de medicamentos no apoyados, con su justificación científico-técnica. Son obligaciones que representan un avance en transparencia y cuyo cumplimiento deberá comprobarse.
Pero sería útil que la Caja informara, además, cuáles solicitudes siguen pendientes, cuánto tiempo llevan en trámite y por qué no se han resuelto. El paciente necesita saber qué ocurre con la gestión de la que podría depender su tratamiento.
La actualización de medicamentos ya venía ocurriendo. Según datos de la CCSS divulgados por La Nación, entre 2023 y el primer semestre de 2026 se incorporaron 121 principios activos nuevos, con beneficios para más de 200.000 personas. Son avances que deben reconocerse y que anteceden a esta reforma. El desafío es ampliar ese acceso mediante procedimientos más claros.
El nuevo modelo, como tal, simplifica trámites y proyecta una intención de mejorar la atención. Es perfectible, y la disposición a escuchar y corregir debe acompañar el proceso que comienza este lunes.
Por ello, estos cambios también deberían inspirar ajustes para dar voz a los pacientes en otros ámbitos de la Caja. La institución debe identificar en cuáles decisiones conviene incorporar a representantes de los asegurados para conocer sus necesidades, escuchar sus propuestas y rendirles cuentas. Esa participación requiere una representación genuina, comprometida e independiente que, bien aprovechada, permitiría detectar obstáculos y corregir prácticas que la Administración puede pasar por alto, pero que el paciente enfrenta cada vez que acude a un hospital, clínica o Ebáis.
El modelo que se estrena hoy es, entonces, una desafiante prueba para la CCSS, que deberá evaluar los resultados de este plan con transparencia y seguir cada solicitud hasta la entrega del medicamento. La prueba decisiva estará en cuánto esperarán los asegurados para recibir el tratamiento que necesitan.
La reforma habrá cumplido su propósito cuando deje de ser una promesa de eficiencia y se traduzca en tratamientos oportunos. La CCSS debe demostrar que puede decidir con rigor, informar con claridad y corregir sus demoras. Porque, cuando está en juego la salud, el éxito de un modelo no se mide por sus reglamentos, sino por su capacidad para evitar que los pacientes tengan que recurrir a los tribunales para recibir los medicamentos que requieren.