‘Zurquí’, el suplemento que llevó lectura y creatividad a las escuelas
Corría 1978 cuando Enrique Vargas me llamó y me propuso integrarme al recién creado Centro de Complementación Educativa. Era un proyecto que impulsaba la Junta de Pensiones del Magisterio Nacional como una actividad de proyección formativa para los educadores en servicio y para el enriquecimiento del sistema educativo nacional.
Yo acababa de volver de España, donde había completado un posgrado en comunicación colectiva, y Enrique –quien dirigía la Junta– me pidió que, entre otras cosas, me diera a la tarea de crear un suplemento educativo semanal. La idea era publicarlo en colaboración con La Nación.
Así surgió Zurquí, aunque hoy pocos lo recuerden. Surgió como una alianza entre el Centro de Complementación Educativa de la Junta de Pensiones del Magisterio Nacional y el periódico La Nación, entonces dirigido por Guido Fernández.
Habría sido imposible poner aquello en marcha sin la colaboración pedagógica y artística de Ondina Peraza, profesora de la Facultad de Educación de la Universidad de Costa Rica. Juntas iniciamos la tarea con enorme entusiasmo y siempre en intercambio permanente con nuestros colegas de La Nación y con muchos colaboradores del ámbito académico y profesional.
Había que escoger un nombre. Inevitablemente, la pesquisa giró alrededor de la metáfora del ascenso, usualmente asociada al proceso educativo. La idea de crecer, remontar obstáculos, llegar a la cumbre dominó nuestras búsquedas. Así llegamos a Zurquí, palabra de origen indígena con hermosas asociaciones a leyendas de otros tiempos, palabra que, además, designa un exuberante cerro de la cordillera Volcánica Central.
Juntas, diseñamos el logo del suplemento que llenó de color la portada de la primera edición: un sol naranja con el perfil del cerro, una evocación de la importancia de la luz, del crecer y evolucionar. Fue concebido también en alusión a la trascendencia cultural del disfrute del aprendizaje, del gozo del leer y la alegría implícita que había en la llegada del periódico al aula. ¡El periódico era también un valioso recurso educativo!
Lleno de colorido, artículos de fondo sobre temas educativos, opiniones de expertos, materiales didácticos, juegos, historias, dibujos y desafíos, Zurquí llegaba a los hogares y a las escuelas semana a semana. Era enviado, además, gratuitamente a 200 escuelas unidocentes gracias al convenio que existía entre la Junta y La Nación. Aquel material tan valioso iluminó por muchos años la vida educativa de estas instituciones y la de miles de niños y educadores, muchos de los cuales así nos lo hacían saber.
La relación entre el periódico y el aula era ampliamente comprendida por los especialistas como una alianza vital para enriquecer el proceso educativo.
Hubo otra experiencia inspiradora: Icarito, el suplemento educativo del diario La Tercera, de Chile. Antes de lanzar nuestro Zurquí, había comprobado el éxito y las posibilidades que se abrían en beneficio de la educación nacional cuando dialogué en Santiago con quienes lo producían.
La trascendencia de la relación prensa-aula también se me hizo evidente, gracias a la experiencia de centros de formación docente que, por aquella época, también había visitado en Chile y Argentina. Todos coincidían en el gran aporte que proporcionaba la relación entre el periódico y la escuela.
En nuestro caso, el trabajo conjunto fue provechoso y solidario aun en los momentos cuasicómicos en que enfrentamos dificultades.
Al inicio, las páginas de Zurquí iban acompañadas de publicidad. El suplemento era diagramado primero. La publicidad era agregada por el departamento correspondiente después. Jamás olvidaré el día que, ya casi listo para impresión, me presenté a La Nación para dar una última revisión al ejemplar. Para mi asombro, encontré entre sus páginas el llamativo anuncio de un night club capitalino que publicitaba un evento poco apropiado para menores.
Consternada, llegué a la oficina de Guido Fernández para explicarle la situación. Él, de inmediato, dio orden de cambiar el anuncio. Había que estar pendientes hasta del más mínimo detalle. Tiempo después, se logró que el suplemento saliera sin publicidad. ¡Una transformación muy importante!
El suplemento Zurquí cobró vida y, según supe después, hasta llevó a aumentar el tiraje del periódico de los días miércoles, cuando se publicaba. Además, en asocio con su publicación, efectuábamos actividades presenciales de naturaleza educativa y cultural.
Recuerdo con particular emoción el concurso de papalotes que llevamos a cabo en La Sabana y que tuvo entre sus distinguidos jueces a don Paco Amighetti, conocido por sus hermosos grabados de niños elevando papalotes.
Los recuerdos de ese día son festivos y hermosos, pero jamás olvidaré, entre los más llamativos, la imagen de Jorge Valenciano –nuestro extraordinario diagramador– con el papalote de una inmensa mariposa recorriendo el paseo Colón a pie hasta llegar a La Sabana.
Aquel fue, sin duda, uno de los diseños más atrevidos y luminosos. Solidario como era, lo había construido él mismo con sorprendente habilidad y lo voló en aquella mañana soleada, dejando que su bella creación surcara los aires y los cielos.
Zurquí fue el resultado de una alianza entre dos instituciones y muchas personas comprometidas con el desarrollo de la educación nacional. Pero de no haber sido por el impulso que le dio La Nación, no habría logrado levantar vuelo.
Surgió de un esfuerzo por contribuir a mejorar la educación que no debe quedar en el olvido. Vio la luz y se mantuvo con la idea de enriquecer las mentes de los niños y el potencial de las escuelas, especialmente de aquellas que tenían –y tienen aún hoy– mayores carencias. Estuvo siempre alineado con la misión de promover la lectura y la actitud creativa, reflexiva y lúdica de las generaciones jóvenes.
Otras manos y otras mentes asumieron su conducción cuando la vida nos llevó por nuevos rumbos. La Nación lo asumió entonces como proyecto propio. Pero el suplemento continuó, siempre vigoroso, con los aportes de Vicky Ramos y Ana Coralia Fernández, que le dieron brillo y vida por muchos años más.
clotilde.fonseca@gmail.com
Clotilde Fonseca es exministra de Ciencia y Tecnología y exdirectora ejecutiva de la Fundación Omar Dengo.