Tres agentes en el paso fronterizo del Tarajal: «Deben quedarse los refuerzos»
Desde la pedanía de Benzú, que linda con Belyounech, hasta el paso fronterizo del Tarajal, pegado a Fniqed, Castillejos, son ocho los kilómetros de valla que separan a España de Marruecos. Dos civilizaciones, dos culturas, dos mundos delineados por un alambre relativamente fácil de asaltar, como se pudo comprobar a fines del pasado julio.
Basta un movimiento organizado, la acción u omisión del país vecino y... queda difuminada la frontera. Por completo.
El informe remitido por la Policía Nacional al tribunal que investiga el asalto masivo no hace más que oficializar una realidad consabida por todos en Ceuta: que la «invasión» fue cosa del régimen alauí y que basta un torcimiento del pulgar de Mohamed VI para que se desate el caos en la ciudad autónoma.
Por eso, lo más llamativo de la mañana del 2 de septiembre, festividad local, es la imagen que desde primera hora presenta el paso fronterizo del Tarajal. En total, para prevenir cualquier episodio similar al de julio y controlar al personal que entra y sale, hay un total de: tres guardias civiles. Una patrulla.
En tránsito, coches que acceden desde tierras marroquíes y que abandonan el suelo español. Ceutíes que viven en las ciudades aledañas. Marroquíes que trabajan en Ceuta.
La actividad en esta jornada de miércoles es más baja de lo normal. Consecuencia del festivo, que frena aún más la actividad maltrecha de la ciudad.
Por la entrada de a pie, en la puerta lateral que linda con el mar, se abre camino una mujer musulmana velada. Tiene unos cincuenta años y porta en sus manos bolsas repletas de frutas y verduras.
En los aledaños del paso fronterizo, decenas de ilegales de todas las edades, sobre todo jóvenes, caminan paseo marítimo arriba, paseo marítimo abajo. En busca de dinero, de alimento, de tabaco. Se acercan con una mezcla de miedo, cautela y picardía a todo el que tiene apariencia de español. Para pedir auxilio. Intentan comunicarse con una jerga ininteligible. A duras penas alcanzan a decir: «Comida, comida».
Otros, bien entrada la jornada, cuando la neblina va dando tregua al sol y la temperatura pide un refrescón, se bañan en la playa. La misma que hasta hace pocos días seguía escupiendo cadáveres. En esas aguas, hoy calmas, perdieron la vida cientos de personas. Unas 140, según las estimaciones de las entidades sociales.
Ahora, hay una línea de boyas naranja que extiende el perímetro del diminuto espigón. A ratos, se dejan ver lanchas de la Guardia Civil surcando las orillas.
Los agentes aseguran que la escasa presencia policial en el paso del Tarajal es normal y tranquilizan a LA RAZÓN: la situación, dicen, está «bajo control». A ojos de Rachid Sbihi, agente de la Guardia Civil y portavoz de la Asociación Unificada, con los refuerzos llegados en las últimas semanas, las probabilidades de que se repita un episodio similar al de julio son escasas.
«Ahora mismo hay unos mil agentes, después de que hayan llegado unos trescientos de refuerzo. Por seguridad no puedo dar cifras exactas ni decir cómo se están distribuyendo los dispositivos. También hay más policías y militares». Estos últimos hacen labores por la ciudad, pero no custodian la frontera.
Para Rachid, el problema no está ahora, sino cuando regrese la «normalidad», si es que algún día llega. «Si volvemos a ser los mismos que éramos antes de julio, estamos vendidos. Estos refuerzos deben quedarse». Desde UAGC, recuerda su portavoz, llevan pidiendo un incremento de efectivos para la frontera más de diez años. Desde la tragedia del Tarajal de 2014, cuando fallecieron quince inmigrantes en un intento de asalto por mar.
Para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los medios personales tampoco son suficientes. Reclaman que se acometa de forma urgente la prolongación de los dos espigones que delimitan Ceuta con Marruecos.
Una reivindicación que hace suya el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, que ayer, en el discurso que pronunció durante el acto institucional, reclamó al Gobierno una mayor «firmeza» con Marruecos. Empezando por blindar una frontera que no sea de cartón piedra.
«Debemos fortalecer todas nuestras capacidades disuasorias. Todas y en todos los campos», sostuvo el máximo responsable de la ciudad. «Nuestro control de la frontera tiene que estar en manos de Europa y de España. Con una dotación de todos los medios humanos y tecnológicos necesarios».
En ese sentido, los profesionales de la Guardia Civil reclaman la implicación de Frontex. «Esto es la frontera sur de Europa». Y lamentan que el Gobierno haya tardado «un mes» en solicitar la ayuda que brindaba Bruselas.
No obstante, la prioridad debe ser la presencia de España, con una demostración de toda su fuerza en el flanco más débil.
«El Estado no puede replegarse en Ceuta», insistió ayer el presidente Vivas. «Es necesario que le digamos a Marruecos que nos tienen que respetar. Que le exijamos con la debida firmeza y claridad que nuestra integridad territorial es intocable».