La fase final del «todo o nada» de Feijóo en la oposición
Segundo asalto. Y último. Desde ayer sábado, que dio por inaugurado el nuevo curso político, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, tacha en su calendario los días que le quedan al frente de la oposición en España: «Menos de un año». Como mucho, de aquí a agosto del 27, si es que Pedro Sánchez decide apurar hasta el final el plazo legal para convocar las próximas generales. Para entonces, la disyuntiva será clara: «Todo o nada».
En el entorno más próximo al presidente popular hace tiempo que admiten que será la bala final. No quedan más en el cajón. Es ahora, o nunca. Una previsión que, por otra parte, anima a Feijóo, que se muestra confiado en rematar la faena y, esta vez sí, hacerse con el Palacio de la Moncloa, que hace cuatro años se le resistió por la mínima. Por miles de votos.
Los colaboradores más estrechos del presidente popular admiten que la legislatura actual ha sido «complicada». Después del golpe anímico que supuso la victoria pírrica del 23, cada verano ha estado marcado por la incertidumbre. Y es que, desde la última cita con las urnas, nada ha vuelto a ser normal en la política española.
La amnistía primero y la corrupción después, junto a una evidente parálisis parlamentaria, y otros tantos acontecimientos han creado de manera constante una falsa expectativa en la cúpula popular, donde en más de una ocasión han creído que el viaje de Sánchez llegaba a su punto final.
Ya, la actitud es otra. Lo mismo da otoño, que primavera, que verano. Hay un horizonte nítido al que aferrarse. El camino es claro. Se percibe la luz al final del túnel. Y las circunstancias personales de Feijóo, consciente de que llega «su momento», le confieren un aplomo adicional, dicen los suyos.
«Está como una moto, sabe que su destino es gobernar». La moral de los populares es de victoria. Nadie duda de que la llegada al poder es cuestión de tiempo. La crisis de Ceuta, si cabe, ha confirmado todavía más el pronóstico. «El Gobierno está agotado, muerto. No tiene escapatoria», sostienen los principales dirigentes.
Aunque, por otra parte, la experiencia siempre es un grado y en el PP saben que nada hay peor que vender la piel del oso antes de cazarlo. Y que por muchas señales de agotamiento que emita el proyecto sanchista, hasta el rabo... todo es toro. La directriz, por tanto, es: «Máxima tensión, máxima movilización».
Desde mañana mismo, cuando la España política regresará a la rutina, el PP pasa a estar «electoralizado». En realidad, lleva tres años con las espadas en alto, porque no han dejado de celebrarse elecciones. Apenas una tregua de poco más de un año entre las europeas del 24 y las extremeñas del pasado mes de diciembre.
Pero no es lo mismo cuando la última meta de la carrera parece más cercana. Cuando el tiempo transcurre a otra velocidad, habida cuenta de que segura es la fecha de mayo con las municipales y autonómicas, para cuando el PP pretende asaltar las pocas plazas que todavía se le resisten. En el punto de mira: Asturias y Castilla-La Mancha.
Para el nuevo curso, en el entorno de Feijóo creen que el viento es favorable por varios motivos. El primero: la paz interna. La organización ha superado algún que otro sobresalto en estos años. El más doloroso y sonoro: el relevo de Carlos Mazón en la Comunidad Valenciana. A falta de confirmación oficial, el cabeza de cartel será su sucesor, Juanfran Pérez Llorca. Otro capítulo que quedaba pendiente de resolver era el PP catalán, donde Alejandro Fernández se coronó en el último congreso.
Más allá de la Moncloa, que es la prioridad número uno, Feijóo se ha propuesto afianzar e incrementar la cuota de poder territorial de su partido, que a su vez representa una palanca para su meta personal. Antes de verano, tuvo lugar un acto con los aspirantes en las capitales de provincia y próximamente se celebrará una cumbre con los candidatos autonómicos. Al margen del tradicional retiro de barones, que Génova estudia organizar en otoño como colofón antes de las urnas.
A falta de que Sánchez deshoje la margarita con las generales, el PP tiene ya perfilada su estrategia territorial. De aquí a Navidad, la intención de Génova es potenciar la agenda programática, con una catarata de propuestas para completar un programa electoral que empezará a desvelarse a partir de enero, el mes en el que los populares arrancarán de manera oficiosa la campaña de las municipales y autonómicas. Y de las generales. A diferencia de lo que pasó en el 23, en la cúpula de Feijóo aseguran que ninguna convocatoria les cogerá por sorpresa.
El otro gran punto a favor del nuevo ciclo electoral, defienden los mandos de Génova, es que con la reciente maratón de autonómicas ha quedado más que clarificada la relación con Vox, partido con el que los populares vuelven a gobernar en coalición en cuatro comunidades. Incluida la más codiciada: Andalucía. Otro golpe moral que, sin embargo, en el PP quieren ver como una oportunidad para «normalizar» la alianza con su único socio natural. Y hacerlo con tiempo suficiente como para neutralizar el discurso del miedo al que se agarra la izquierda.