No hay Caracas para La Habana, por Mirko Lauer
El asunto de la postración cubana se va alargando, y al parecer esa es la estrategia de Marco Rubio: dejar en su sitio el viejo embargo estadounidense, ahora reforzado por el militarismo histriónico y el bloqueo petrolero de Donald Trump. En otras palabras, no va a haber Caracas en La Habana, sino un estancamiento en la secular pobreza cubana.
El punto de vista de Washington sobre Venezuela consiste en permitirle regresar al esplendor productivo petrolero de otros decenios, y de paso beneficiar a los EEUU, como siempre fue. Hasta el momento no da la impresión de existir una actitud parecida frente a la producción cubana. Como si una Cuba vuelta a la prosperidad tuviera algo de ofensivo para Washington hoy, y para Miami.
Sugerimos, por tanto, que hay un elemento de rencor en la relación. El de un país entrenado por más de medio siglo en el reflejo condicionado antiyanqui, el de una potencia que no olvida que fue humillada por el castrismo con ayuda de los soviéticos, y el de una comunidad de exiliados cubanos que hoy tiene varias sartenes geopolíticas por el mango. No es una buena mesa de negociación.
Quizás los jóvenes de la acomodada familia Castro y de la nomenklatura cubana no están entendiendo lo que sucede. La idea no es llevarse a Miguel Díaz-Canel en helicóptero, sino evitar que toda la isla despegue con ayuda de los EEUU. El secuestro de Nicolás Maduro quebró a los chavistas. Se va a necesitar algo más que eso frente a los castristas, y aun así.
¿Está Miami en condiciones psico-políticas de aliviar la carga colectiva a los cubanos de la isla? Antes de eso se tendrían que producir los rituales de la revancha: recuperación de la propiedad perdida, juicio a los conductores del Estado estalinista sobrevivientes, de pronto hasta una amputación territorial, con la ampliación de la base militar en Guantánamo.
El pueblo cubano está en la peor situación. La ajustada de clavijas al PC cubano los aplasta a ellos, y no hay quien los ayude con la recurrente tarea de la protesta, hoy casi imposibilitada por la depresión ciudadana. En la cultura de Cuba hoy están los mensajes de que el actual estado de cosas todavía va para largo.