Jorge Valdano: "Sobre Julián Álvarez, dijo Cortázar que cuando uno dice que se va, es que ya se ha ido"
Jorge Valdano casi siempre tiene la palabra exacta para describir lo que sucede en el fútbol español. La ha vuelto a encontrar en el caso de Julián Álvarez y el Atlético de Madrid. El delantero se quiere ir, la afición ya no le quiere, pero no se mueve.
La frase que el exfutbolista argentino recuperó de Julio Cortázar sirve para explicar una situación que, después de lo ocurrido ante el Villarreal, parece cada vez más difícil de reconducir. Valdano observó a Julián Álvarez durante su regreso al Metropolitano y encontró en su rostro y en su mirada la señal de alguien que, pese a seguir vistiendo la camiseta del Atlético, parece tener la cabeza en otro lugar. "Cuando uno dice que se va, es que ya se ha ido", recordó. Y añadió: "Si le mirábamos la mirada, ya se había ido".
El problema para el Atlético es que esa sensación no se corresponde con la realidad contractual. Julián sigue siendo jugador rojiblanco y el club no contempla facilitar su salida. Tiene contrato hasta junio de 2030 y una cláusula de rescisión de 500 millones de euros. El Barcelona intentó abrir la puerta con una propuesta de 100 millones, pero el Atlético la rechazó y después mantuvo la misma posición incluso ante la posibilidad de ofertas superiores.
Mientras tanto, la relación entre el delantero y la grada se ha deteriorado hasta un punto que parecía difícil de imaginar hace apenas unos meses. Julián regresó al Metropolitano después de una larga ausencia y recibió abucheos desde antes de comenzar el partido. Su nombre fue pitado cuando apareció por megafonía, volvió a escuchar la protesta cuando salió a calentar y la reacción se repitió cuando Simeone decidió darle entrada en el minuto 66.
Una relación rota con la grada
La grada no se limitó a mostrar su descontento. Desde el fondo ocupado por los seguidores más radicales del Atlético se escuchó un cántico que reclamaba directamente su salida. El futbolista, que había pasado de ser una de las grandes referencias ofensivas del equipo a convertirse en el centro de una disputa con su propia afición, quedó expuesto en cada aparición sobre el césped.
Y, sin embargo, Simeone lo necesita.
El entrenador argentino ha insistido en que Julián es una pieza fundamental para el equipo que pretende construir. Después del empate contra el Villarreal, volvió a reclamar unión y defendió la importancia de conservar a sus delanteros. "Necesitamos estar juntos. Cuando estuvimos juntos siempre hemos podido hacer cosas importantes. Para ganar títulos se necesitan delanteros importantes, nosotros lo tenemos y lo tenemos que cuidar", explicó.
Ahí aparece la principal contradicción de la situación. El Atlético necesita al futbolista para competir por sus objetivos, pero una parte de la afición ha dejado de verle como uno de los suyos. Simeone intenta protegerlo desde el terreno deportivo mientras el club mantiene cerrada la puerta de salida. Y Julián, por su parte, tiene que jugar en un estadio en el que su nombre provoca ahora una reacción muy diferente de la que generaba antes del verano.
Al Barcelona, no
El problema fue que Julián hizo pública su voluntad de marcharse. Durante el Mundial de 2026 manifestó su deseo de ser traspasado al Barcelona y esa declaración terminó de convertir una posibilidad de mercado en un problema institucional y deportivo para el Atlético. Desde entonces, la entidad rojiblanca ha repetido que no quiere venderlo.
Pero el mensaje del club, por tanto, no ha cambiado: Julián no está en venta, al menos al Barcelona otra cosa es que llegue el Arsenal. Gil Marín lo resumió todavía con mayor claridad cuando aseguró que la respuesta del Atlético a una oferta que el Barcelona considerase limitada sería una negativa sin límite: "No queremos transferirlo, no aceptamos la oferta de 100 millones de euros ni aceptaremos una de 150 ni una de 200".