Cuidado con las candidaturas de contrabando
Faltan 42 días para que el Perú vaya a las urnas a elegir a sus autoridades regionales y municipales. Es mucho tiempo para algunos y poco para quienes todavía no saben bien por quién van a votar. Y hay algo que conviene saber antes de decidir, porque en este proceso de octubre hay una trampa que no siempre se ve a simple vista.
En 2015, el Congreso aprobó la Ley N° 30305, que modificó la Constitución para prohibir que los alcaldes se reelijan de manera inmediata. La idea era que ningún burgomaestre pueda perpetuarse en el sillón en que los ciudadanos tengan garantizada la posibilidad de elegir algo distinto si así lo deciden. Esa norma sigue vigente. Lo que también sigue vigente es la creatividad de quienes no quieren dejar el poder.
Al respecto, lo que ocurrió antes del 5 de agosto, fecha límite para renuncias de candidatos, merece recordarse. 135 alcaldes elegidos en 2022 se inscribieron como primeros regidores en las listas de sus propios distritos, poniendo a otra persona como candidato a la alcaldía. En la mayoría de casos, el candidato a la alcaldía es alguien de la misma gestión, un funcionario de confianza, un colaborador cercano o un familiar directo. El caso más conocido es el del alcalde que dimitió a su gestión a Lima, Rafael López Aliaga, pero el fenómeno se extiende por Arequipa, Ucayali, La Libertad y decenas de distritos en todo el territorio.
En varios de ellos, el renunciante es un familiar directo de la autoridad actual. Somos Perú lidera el patrón con 12 casos, seguido por Alianza para el Progreso con 10 y Renovación Popular con 6. Es un modus operandi y tiene un solo propósito: garantizar que la misma gestión continúe independientemente de quién figure en la papeleta como candidato principal.
El problema que esto le genera al votante es concreto. Quien vota creyendo elegir algo distinto puede estar eligiendo exactamente lo mismo que ya tiene. Y si la gestión actual es deficiente, con obras paralizadas, servicios deteriorados o denuncias sin resolver, ese sufragio termina siendo una prórroga involuntaria de lo que precisamente quería cambiar.
Por eso, es fundamental, en aras del mejoramiento de la democracia -esto es, de la calidad de los servidores públicos que se eligen para mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía-, preguntarse quién figura como teniente alcalde de la organización política por la que se opte y si ese nombre coincide con la autoridad actual del distrito. A partir de ese discernimiento, cada votante decidirá si premia la gestión o la castiga optando por otro candidato.
El voto ciudadano consciente es el único mecanismo disponible para reconocer las buenas obras u optar por opciones diferentes. El siguiente depende del Congreso, que debería impulsar un debate para determinar si se habilita la reelección en comicios subnacionales.