El árbol que muere con la memoria de Ujarrás
En marzo de 1832, los primeros ujarraseños fueron obligados, por decreto presidencial, a abandonar sus casas y parcelas y marchar hacia Dos Riachuelos, hoy Paraíso. Al llegar, una de sus primeras acciones fue sembrar árboles en el cuadrante central de la nueva ciudad.
Entre ellos había guachipilines e higuerones. Con el paso de los años, todos sucumbieron, excepto uno ubicado al sureste del Santuario de la Virgen de Ujarrás. El árbol sobrevivió a los embates del tiempo, pero no al abandono de sucesivas administraciones municipales.
En setiembre del 2020, desde este periódico denunciamos el peligro de extinción que amenazaba a este símbolo paraiseño. La publicación motivó al llamado “doctor de los árboles”, Luis Sheik, y al ingeniero forestal Marco Vinicio Ortega Gutiérrez a brindar, de manera gratuita, recomendaciones para preservarlo. Sin embargo, las instrucciones fueron desoídas tanto por la administración municipal anterior como por la actual.
Los líquenes, el llamado “mata de palo” y otras plantas parásitas volvieron a cubrir su tronco y su copa, provocándole un deterioro progresivo e irreversible.
Hasta la pequeña valla que contaba la historia de este árbol centenario desapareció y nunca fue reemplazada.
A solo seis años de la celebración del bicentenario de aquel éxodo, este símbolo paraiseño fenece ante la mirada indiferente de la mayoría de los habitantes de Paraíso.
Ante esta situación, el doctor forestal y miembro de la Academia Nacional de Ciencias, el cachiceño Róger Moya Roque, ha planteado una medida paliativa: “Lo mejor sería tomar una ‘galleta’ (es decir, una sección de la parte sana del tronco), preservarla y hacer un rótulo. Luego, para preservar el espacio, plantar otro árbol que se adapte a Paraíso y que represente los árboles del cantón”.
Algo es algo.
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Fernando Gutiérrez Coto es excorresponsal de ‘La Nación’.