Los del centro y los de la ‘periferia’: ¿por qué no nos escuchamos?
En 1941, una pareja de sociólogos estadounidenses, John y Mavis Biesanz, realizó una encuesta acerca de la percepción de los costarricenses sobre la sociedad. Las respuestas no pueden ser más elocuentes sobre lo que se consideró la identidad nacional en una época dorada: “somos buenos católicos, no fanáticos”, “nuestros presidentes lo son por cuatro años” (no se perpetúan en el poder), “no tenemos clases… Los ricos no son tan ricos ni los pobres son tan pobres”, “tenemos una democracia mejor que la de muchos otros países”.
Aunque sesgado, como todo retrato, expresa la autoimagen que tuvo el tico meseteño –étnica, cultural y religiosamente diferenciado– antes de la urbanización masiva de la segunda mitad del siglo XX, del Estado social reformista y de la crisis económica de 1980, que dio paso al neoliberalismo y al desgaste del mismo modelo.
No sabemos qué entendían por “democracia” quienes respondieron a los Biesanz, pero probablemente fuera algo así como un sistema de convivencia que hacía posible el respeto a la voluntad popular, la libertad individual y la igualdad social, es decir, una equidad autopercibida como “igualiticos”, en palabras del sociólogo Carlos Sojo.
Aquel “retrato de familia con cafetal” fue nuestra “casita de la pradera”, tan real y a la vez tan idílica como cualquier representación colectiva. Ochenta y cinco años después, muestra las graves amenazas actuales en una imagen invertida, como el negativo de una foto analógica.
Y la mayor amenaza a la que nos enfrentamos es, por supuesto, la supervivencia del sistema democrático en sí mismo, como expresó Mia Fink Uleth en el artículo “¿Quiere el chavismo convertirse en una dictadura?”.
La pregunta no se plantea en el aire, sino en un contexto marcado por un esfuerzo sistemático por deslegitimar la división de poderes, el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) y la Contraloría General de la República; por el desfinanciamiento de la educación pública y el aparato social; y por el acoso al Poder Judicial y a la libertad de prensa.
Pero oculta un problema mayor que, si no se resuelve, nos deja indefensos ante la cuestión que plantea Fink Uleth. Miguel Gutiérrez Saxe lo define muy bien al preguntarse: “¿Por cuánto tiempo la periferia apoyará el colón fuerte que la excluye?”.
La “periferia”, como la denominamos desde la incomprensión urbana, es lo que no se ve en el “retrato de familia con cafetal”. El imperativo político es ponerle nombre a esa otredad y aprender a escucharla. Porque son dos Costa Rica que se hablan a gritos sin entenderse, en un diálogo de sordos entre el enojo, la indiferencia y el populismo arribista.
carlos.cortes.z@gmail.com
Carlos Cortés es escritor y profesor de la Universidad de Costa Rica (UCR).