El contraste de Delcy y María Corina ante la misma tragedia
La sucesora de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, ha prometido soluciones habitacionales antes de concluir este año producto de los dos terremotos sufridos el pasado 24 de junio. Al mismo tiempo, eleva el tono del discurso enfocándose más en sus enemigos políticos que en la atención de la crisis. Las preguntas de la prensa extranjera a la dirigencia política chavista y los testimonios de los afectados ponen al descubierto la mala gestión del chavismo y la incapacidad intrínseca del Estado para asumir el problema y darle una solución viable y definitiva en el tiempo.
Según expertos y organizaciones como el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los daños materiales ascienden a 6.700 millones de dólares. En un país donde su infraestructura ya se encuentra en buena medida deteriorada y detenida en el tiempo producto de 26 años de chavismo, esta nueva herida -lógicamente-profundiza el problema. ¿Cómo concluir que un sistema político que ha gobernado el país por más de dos décadas y que no ha podido sentar las bases de un país próspero y moderno estará en capacidad de dar soluciones a la crisis actual? Resulta inverosímil cualquier promesa, y potencialmente decepcionante.
Un tema adicional es lo humano y lo social. Es importante tomar en cuenta que no se trata solo de las cifras que registran la cantidad de fallecidos, que hoy se acercan a los 4.800. Tampoco resulta suficiente contabilizar la de heridos, que superan los 16.700. También es importante incluir en el análisis a aquellos sobrevivientes que han perdido sus casas, pero, más doloroso aún, a sus familias enteras, a sus amigos, a sus vecinos; en otras palabras, han perdido a su propia comunidad, a su ecosistema social. El rescate también pasa por allí, por lo que supone el lastre psicológico de miles de personas que hoy permanecen en refugios sin sus seres queridos más cercanos.
En este sentido, es indispensable que desde la política la recuperación atraviese no solo lo material, sino también lo humano. Y ese es precisamente el propósito de María Corina Machado al volver a Venezuela. Ni ella ni su partido político tienen instrumentos de gobierno para reconstruir lo material; sin embargo, tienen su voz y su presencia para estar al lado de la gente. En su caso, el «oportunismo político» se descarta. Machado no necesita valerse de una tragedia para incrementar y consolidar una autoridad moral que ya tiene ganada.
Mientras el chavismo ofrece vanamente soluciones materiales, la oposición democrática se concentra en lo inmaterial, en lo propiamente humano; allí se marca el gran contraste, la gran diferencia. Más aún, cuando se sabe que los primeros no son capaces de cumplir lo que están prometiendo y los segundos han demostrado cercanía con los venezolanos y sus problemas a lo largo de los años, se abre una ventana de optimismo, otra más, y de mayor esperanza para esa Venezuela democrática que ya resulta inevitable.
*Alejandro G. Motta Nicolicchia: Director de Thinko Consulting www.thinkoconsulting.com