Dallas, donde Mbappé compite con J.R.
El estadio de los Cowboys, el escenario de la primera semifinal de este Mundial entre España y Francia está lejos, en Arlington, a 23 millas del centro de Dallas. Unos 33 kilómetros que no impidieron que la afición española organizara el habitual desfile previo a todos los partidos del campeonato. Por allí desfilaron toreros, trompetas, muchas banderas y el heredero de Manolo el del Bombo entre gritos de «yo soy español, español».
Pero no están solos los habituales. En cada encuentro, y Dallas no es diferente, las camisetas de España son mayoría. Aunque muchas de ellas las llevan hispanos, fundamentalmente, y gente de otras nacionalidades, porque España ya ha conseguido ser una de las grandes, una selección capaz de tener seguidores sin necesidad de tener el pasaporte español.
Y también tiene amuletos. Campeones del mundo de 2010, encabezados por Casillas y por Pepe Reina, para llamar a la suerte. A ellos les hizo un homenaje la Federación en la Casa de España que monta en cada ciudad en la que juega. También estaban Jesús Navas y Fernando Llorente, además de internacionales de otras épocas, como Emilio Butragueño, Míchel Salgado y Fernando Hierro, uno de los capitanes de aquel equipo que jugó el Mundial del 94 en Estados Unidos.
En el campo, más camisetas españolas que francesas, aunque la locura llegó cuando Kylian Mbappé apareció sobre el césped para el calentamiento. El delantero del Real Madrid ocupaba la imagen en la imponente pantalla que cae del techo sobre el centro del campo. Más discreto fue el recibimiento a Dembélé, la otra gran estrella de la selección francesa, aunque sea el actual Balón de Oro.
Fue la selección francesa la primera en saltar al césped y la primera en recibir el apoyo de su afición en un estadio que todavía estaba a medio llenar. No se ocupan temprano los asientos en este Mundial a pesar de la climatización. El de Dallas es otro de los estadios cubiertos de este Mundial. Una ventaja en estas fechas que permite librarse del calor. Hace fresco incluso en el interior. Algo muy habitual en este Mundial, igual que sucedió en Qatar.
Tampoco faltó la ovación para los españoles ya desde el momento en que por la pantalla del estadio se les pudo ver preparados para salir a calentar en el túnel del vestuarios mientras por megafonía sonaba «La Morocha». Se hizo inaudible la canción cuando los españoles pisaron el césped. Lo que vale para Mbappé, vale también para Lamine Yamal cuando aparece en la descomunal pantalla del estadio.
Lamine es la gran referencia del equipo español, aunque los futbolistas tienen que compartir protagonismo en la pantalla con la mascota estadounidense del campeonato y con los concursos.
No faltó el guiño televisivo en el enorme videomarcador, en el que se hizo un repaso de los futbolistas y de las selecciones que han pasado por este estadio en una presentación que imitaba la de la mítica serie «Dallas». Con la inolvidable sintonía sonando, por la pantalla iban pasando Messi, Cristiano Ronaldo, Haaland y Lamine como si fueran una reencarnación de J.R., Sue Ellen, Bobby Ewing o su mujer, Pamela, a la que daba vida Victoria Principal.
Después, el recuerdo para los jugadores que pasaron por Dallas en el Mundial del 94. Entre ellos, Oleg Salenko, que fue el máximo goleador de aquella edición en la que batió el récord de goles en un partido mundialista, aunque aquello sucediera en Palo Alto, en California.