Un ángel en Bédar: cuando sobran las polémicas
Estos incendios de sexta generación nos hacen reflexionar sobre una realidad a la que vamos a tener que hacer frente en los próximos años: incendios devastadores, imposibles de apagar, que se retroalimentan y que necesitan de más trabajo durante el invierno para prevenir sus efectos incalculables. Cuando uno conoce bien esa zona sabe lo difícil que lo han tenido los cuerpos de extinción de incendios y lo peligroso que ha llegado a ser.
Cada vez son más frecuentes, para nuestra desgracia y para los que debemos mejorar nuestras dotaciones, estos incendios de nueva generación. Estos seguirán e irán a peor como consecuencia del calentamiento global y las altas temperaturas tan extremas que secan rápidamente los pastos y la vegetación, generando un combustible que prende solo con mirarlo. No es comparable este incendio con el que asoló la misma zona, concretamente la Sierra de Cabrera, en el año 2012. Cada vez serán más virulentos y difíciles de extinguir.
El riesgo de los incendios en la actualidad es cada vez mayor, su comportamiento menos predecible y la dificultad para sofocarlo es mayor en estos incendios de sexta generación como el de Los Gallardos y nos obliga a replantearnos cómo hacerles frente en el futuro. Cuando estamos ante algunos de estos sabemos de su dificultad y de las consecuencias a las que hacer frente. Su comportamiento es extremo y las dificultades para acceder son enormes. Ante una tragedia así lo primero es salvar vidas y después dejarse arrastrar por el discurso. Debemos ser conscientes de la realidad de una comarca donde la población extranjera es muy significativa, muchos ni siquiera conocen el idioma y durante años ha sido un elemento positivo e ilustrativo de por qué no hay despoblación en la zona.
Es momento de seguir buscando desaparecidos, atender a quienes no pueden volver a sus casas y a identificar los restos mortales de a quienes el fuego les cogió por sorpresa. Extinguir el incendio es lo urgente. Lo que sobran son las polémicas inútiles de quien ni siquiera ha pisado el terreno hoy calcinado. Tiene razón el ministro Bolaños en el respeto a las decisiones técnicas.
He podido hablar con mis compañeros y compañeras de Bedar, los Gallardos, Turre y los municipios colindantes. Están destrozados ante esta desgracia tan dolorosa. Como es habitual en nuestros pueblos todo el mundo estuvo a disposición de colaborar y ayudar en aquello que pudieran hacer.
La ciencia nos da las razones sobre el por qué ocurren las cosas y nos recomienda qué debemos acometer para evitar sus siniestras consecuencias. Primero reducir nuestras emisiones de gases efecto invernadero, segundo modificar nuestros nuevos malos hábitos en la ganadería intensiva y el cuidado del monte, y tercero adaptarnos a estos cambios climáticos en tanto podemos mejorar la situación global. La ignorancia no puede condenarnos al conjunto de la ciudadanía a vivir cada vez peor y más asustados usando frases hechas como «un conservadurismo medioambiental radical» o «eliminar la prohibición del uso de pesticidas que nos hacen ser menos competitivos».
Su ignorancia tiene cura, basta solo con leer y estudiar, las consecuencias de seguir sus consignas no tienen solución, nos provocan más males y destrozos que nos arruinan las vidas. Me queda solo animar y mandarles un fuerte abrazo a la zona de Los Gallardos, Turre y los pueblos vecinos. Mi reconocimiento a los equipos de extinción y a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado por estar siempre donde más se les necesita, y mi respaldo total a la colaboración institucional entre todas las administraciones como está ocurriendo otra vez ante un desastre luctuoso como el que estamos viviendo.
Y mi reproche a los polemistas y a quienes no quieren colaborar en la lucha contra el cambio climático actual, los primeros por inútiles y los segundos por extremadamente peligrosos. En horas el incendio estará extinguido y será el momento de evaluar las responsabilidades de cada administración, nunca antes.
Durante la catástrofe no se discute, se ayuda y no se estorba. Una vez transcurrida la tragedia llegará el momento de analizar cuál fue la actuación de cada cual y su trabajo. Yo me quedo con un alcalde que más allá de sus competencias fue puerta por puerta avisando a sus vecinos.
Un ángel en Bedar.