El plan de Génova: "No hay que pedir perdón por ser de derechas"
Durante años Alberto Núñez Feijóo construyó su perfil político sobre una idea muy concreta: la moderación. El objetivo en su etapa en la Xunta, y también recién llegado a Madrid para asumir la presidencia de su formación, era ampliar el espacio electoral del PP por el centro y consolidarse como una alternativa de gestión frente a Pedro Sánchez, evitando, en la medida de lo posible, el barro de la confrontación ideológica. Aquello era meterse en líos innecesarios, que, además, les dividían internamente. Pero la realidad social ha cambiado, o así lo pregonan los consultores demoscópicos que trabajan para los partidos. A un lado y a otro, insisten en que el centro ya no decide nada.
La realidad es que el sistema ya es solo de bloques. Desde 2015 las elecciones generales han dejado de decidirse por grandes trasvases entre izquierda y derecha para depender únicamente de la movilización y concentración del voto dentro de cada uno de esos bloques. El PSOE ha logrado mantenerse gracias a la suma con Sumar, ERC, Junts, PNV, Bildu o BNG. Y el PP necesita una lógica similar en su espacio.
En la mesa de estrategia de Feijóo rige el apriorismo de que el trasvase con Vox es determinante, y que hoy no hay margen para la captación del votante del PSOE. De hecho, en Génova todavía quieren creer que es posible recuperar una parte del electorado que hoy está en Vox si el PP ofrece respuestas «creíbles» en inmigración, seguridad, vivienda o productividad, a pesar de que los pactos de coalición autonómicos dinamiten el voto útil.
En este marco hay que leer los movimientos que se están produciendo en la agenda pública. La inmigración, la seguridad, la vivienda, la defensa o la productividad han desplazado en estas últimas semanas parte del debate político. Los sociólogos de cabecera de la dirección popular creen que esos temas, que favorecen más una oferta ideológicamente definida, ayudan más que un discurso exclusivamente centrista.
Así, la polémica de esta semana sobre el absentismo laboral no es un episodio aislado, sino que forma parte de un movimiento político más amplio. «Feijóo ha decidido entrar en debates que durante mucho tiempo el PP evitó por temor a aparecer como un partido dispuesto a recortar derechos o demasiado próximo a las posiciones de Santiago Abascal. Ahora ocurre lo contrario. Estos asuntos preocupan a una parte creciente de la sociedad y renunciar a ellos supone regalar espacio político a Vox», sostiene un representante del Comité de Dirección popular.
El cambio comenzó hace meses con la inmigración: el PP endureció su discurso sobre el control de fronteras, la inmigración irregular y la seguridad ciudadana.
En paralelo se multiplicaron los mensajes sobre la ocupación ilegal de viviendas, la multirreincidencia y la necesidad de reforzar la autoridad del Estado.
Y esta semana el foco se ha trasladado al absentismo laboral y al funcionamiento del sistema de bajas médicas. «Es una estrategia para ocupar el debate público en aquellos asuntos donde Vox había logrado marcar la agenda», se justifican en Génova.
Es evidente que hay dinámicas dentro de la derecha que están recolocándose. En Vox luchan con sus propios fantasmas para no repetir modelos del pasado y buscan cómo encontrar ese punto que les permita salvar su aureola antisistema, al tiempo que Abascal juega a institucionalizarse como relevo de Feijóo. El PP, por su parte, quiere subrayar ante el electorado que no tienen ningún complejo por manifestarse como un partido de derechas.
Estos acoples también responde a un cambio en el contexto político. Tras años de polarización, el PP entiende que la discusión ya no gira exclusivamente alrededor de la economía o de la gestión. Los debates culturales pesan cada vez más en la decisión de voto porque la inmigración, el modelo educativo, la vivienda, la seguridad o la misma sostenibilidad del Estado del bienestar se han convertido en cuestiones centrales. Y Feijóo necesita evitar que Vox tenga el monopolio de estos temas.
La controversia sobre el absentismo refleja esta estrategia. El líder popular ha intentado abrir un debate sobre el coste económico de las bajas laborales y el fraude en el sistema, aunque sus declaraciones han provocado críticas por el riesgo de identificar absentismo con enfermedad. Al PSOE le ha faltado tiempo para presentar al PP como un partido dispuesto a recortar derechos sociales. Y hay voces en el PP que dudan de la estrategia de los suyos.
Pero en el entorno de Feijóo sostienen que renunciar a estos debates, por miedo a la reacción de la izquierda, supone aceptar que determinados asuntos queden fuera de la discusión pública. La incógnita es si esta estrategia permitirá al PP ampliar su base electoral o reforzará a Vox. La experiencia europea ofrece ejemplos en ambos sentidos. En algunos países, los partidos conservadores han logrado recuperar votantes. En otros, la normalización de esos temas han consolidado a la derecha radical.