La codicia y la ambición son malos acompañantes, bien lo sabe toda la élite adinerada que, de vez en cuando, es robada como parte de un reto para todo aquel delincuente canalla que se cree mejor que los demás. Aunque para estar entre los mejores ladrones hay un tercer adjetivo muy importante: la elegancia. Maurice Leblanc dejó el listón muy alto en cuanto a ladrones de guante blanco. Lupin parecía insuperable, pero María Oruña (Vigo, 1976) aceptó el desafío como propio. Tras meses de investigación, documentación, visitas a museos y entrevistas con restauradores, coleccionistas y subastadores, nació 'La Cámara de las Maravillas' (Plaza & Janés). Todas las series policiacas nos han enseñado dos verdades universales, la primera es que, al final, la verdad siempre sale a la luz y la segunda es que hay que dudar de los más inocentes y del primer personaje que aparezca en pantalla. La escritora juega muy bien estas cartas durante su nueva novela negra / 'gender-blending' [género mezclado], sembrando dudas constantes al lector. Para lograrlo, trabaja con la precisión de un relojero. «Mi objetivo es que no se note, en tu reloj solo ves el cristal y el dial, no toda la maquinaria que hay debajo», reflexiona María Oruña durante una entrevista con ABC. « Es difícil hacer una novela en la que hay giros, pero que no sean impostados , que no sean fuegos artificiales que no van a ninguna parte, requiere mucha meditación». Para conseguir el robo perfecto se necesitan personajes idóneos. Por un lado se encuentra la familia Mendoza, que «simboliza la élite y la burguesía»; por otro, durante el robo en el Palacio Dorado [en la realidad es la Casa de América en la plaza de Cibeles, Madrid] aparece el delincuente canalla que enamora, Dimas Chevalier. El ladrón de guante blanco más famoso de Europa dice haberse reformado, pero ha estado en la cárcel y genera desconfianza. «Es un Robin Hood y nos cae bien a pesar de ser un delincuente», apunta la escritora, que no olvida a quienes investigan el robo... o robos: «También están los policías, uno venera el arte y la otra no concibe que se pague ni un euro por un cuadro». Entre todos los protagonistas se representa a la gran mayoría de la sociedad. A aquellos que aman el arte y tienen acceso a él, a quienes lo aman pero solo pueden verlo desde detrás de una vitrina, a los que no «les gusta» pero se maravillan con él y a aquellos a los que le es completamente indiferente. Pero el arte sigue siendo arte y genera debates interminables sin respuesta. 'La Cámara de las Maravillas' reabre poderosas discusiones sobre a quién pertenece una obra, dónde debería estar expuesta y cómo se consiguen estas espléndidas piezas. «Como narradora omnisciente no doy mi opinión. Lo que hago es que los personajes, de forma muy vehemente, opinen unos en contra de otros. Mi objetivo no es dar respuestas, sino formar un pensamiento crítico en los lectores», comenta Oruña. Porque el libro puede leerse como una divertida novela de ladrón de guante blanco, pero también permite profundizar sobre los grandes debates. Aunque en las páginas de su nueva novela la escritora no opine, durante esta entrevista se deja tentar sobre ¿a quién pertenece el arte? «Existe una gran impunidad colonial y bélica. Además, a nivel histórico hay muchos objetos de arte que forman parte del patrimonio del Estado que han desaparecido. Por ejemplo, el Pazo de Meirás, de Emilia Pardo Bazán en La Coruña, de forma legal o legítima fue un regalo del pueblo al dirigente [Franco], pero si te hacen un regalo bajo coacción, a lo mejor no es tan regalo y hay que devolverlo cuando esa presión o ese sistema político termina», explica Oruña mientras va recordando más ejemplos de «robos/regalos». Entre ellos, los de Pepe Botella –José Bonaparte al ser expulsado de España se llevó decenas de obras de arte–, el friso del Partenón, que se exhibe en el Museo Británico, o que el mayor atractivo del Neues Museum de Berlín sea el busto de Nefertiti. «Si vaciásemos todos los museos de lo que no les pertenece, sobre todo en Europa, habría que devolver a Egipto, a América, a Oriente…». Otro de los debates calientes del arte en España es la no reducción del IVA . Según los marchantes y entendidos del tema, esta disminución del impuesto ayudaría a que creciese la inversión en nuevas obras, pero Oruña no está del todo acuerdo. «No es tanto el IVA, el debate está en si merece la pena hacer una inversión en comprar obras nuevas ya que es muy arriesgado», reflexiona. Y continúa: «el 80% de lo que invierten, incluso en la Bienal de Venecia, es en nuevos valores y saben que después a lo mejor no funciona. Porque es muy difícil encontrar un Klimt o una Tamara de Lempicka, no es fácil encontrar voces auténticas que tengan carisma, que hagan algo genuino». ¿Y el mercado negro existe? «Sí, funcionan muchas mafias, y lo curioso es que utilizan obras de arte como garantía porque a veces las operaciones fiscales se pueden volatilizar, pero la obra está ahí». Debates interminables que darían para horas y horas de discusiones, pero todo tiene un principio y un fin, en la vida y en la novela. «Lo que admiramos de los personajes es su imperfección y ahí está la belleza, igual que en el arte, en la imperfección. Algo que la IA jamás logrará». Espere, ¿no le gusta la inteligencia artificial? «Soy anti inteligencia artificial, me pone mala. No concibo su uso si eres escritor profesional. Tenemos un problema grave de vacío legal que deben de solucionar a nivel legislativo las instituciones ya. Si no lo hacen es porque hay intereses políticos detrás», reflexiona Oruña. «Creo que la IA es muy útil en ciencia, en seguridad y en muchos parámetros, pero estamos poniendo en juego a ilustradores, a periodistas –ya he visto noticias sobre mis libros hechas por IA, todas mal– y a escritores también, por supuesto». La escritora gallega lanza una propuesta: «Me gustaría que existiese un sistema de registro para crear una pegatina que dijese: "Hemos certificado que este libro no tiene inteligencia artificial". Me gustaría para mis libros».