Crítica de "La muerte de Robin Hood": de héroe a psicópata ★★★
Dirección y guion: Michael Sarnoski. Intérpretes: Hugh Jackman, Jodie Comer, Bill Skarsgård, Murray Bartlett, Noah Jupe. Fotografía: Patrick Scola. Estados Unidos, 2026. Duración: 123 minutos. Drama.
Si el apuesto y estilizado Errol Flynn levantara la cabeza, del susto volvía a morirse. Y no porque al mítico actor le espantaran muchas situaciones, extravagancias o personajes, menudo fue en la vida real, alcohólico, rebelde, drogadicto, autodestructivo, extremo, amigo del escándalo y de las juergas que duraban varios días empapadas en cuantos líquidos se le pusieran por delante, sino al descubrir que uno de sus papeles más recordados y justicieros, el de Robin Hood, lo interpreta ahora, enorme, greñudo, sucio, viejo y babeante, Hugh Jackman transformado en un auténtico psicópata, en un asesino en serie de mujeres, hombres e incluso niños sin escrúpulos, un salvaje a lo que eso de la leyenda sobre robar a los ricos para bla, bla, bla y todos aquellos inventos populares que corrían sobre él le provoca solo risa amarga.Y ganas de volver a tensar el arco. He aquí el primer shock que provoca este sombrío filme desde las primeras escenas, descubrir cómo Sarnoski vapulea e hiere de muerte al otrora «héroe» social mientras descubrimos el segundo disparo a bocajarro de la película: la extrema violencia que recorre una muy buena parte del metraje, que chorrea sangre, dedos y otros miembros amputados durante peleas que más parecen entre animales. Ni de estos siquiera. La historia que se nos presenta sigue a este peligroso forajido que parece ya cansado de una existencia plagada de crímenes.
Lo parece, al menos. Gravemente herido tras un enfrentamiento para defender a Little John, otro que tal baila, vaga durante un igualmente convulso y acechante siglo XIII por el mitificado bosque inglés de Sherwood (por cierto, ni remotamente igual a esos tan frondosos y casi disneyanos que hemos visto en otros títulos de Hood; de hecho, la lúgubre, casi fantasmagórica fotografía de la cinta es fantástica, de lo mejor de este título) hasta que se topa con una hambrienta joven que quiere ayudarlo. Lo parece, a menos... En resumen, que la vengativa chica acaba convertida en una nueva víctima de Hood, quien poco después termina con sus huesos en un misterioso castillo (un priorato, exactamente) donde la hermana Brigid le ofrece la que puede ser una última oportunidad de redención y salvación antes de que el tiempo se le agote.
Pero antes, claro, le aguardan más brutales luchas, aunque la aparición de una niña pelirroja en escena podría ablandar un poco el corazón de Hood, que a esas alturas ya no es más que un trozo de carroña. Puede haber espectadores que se lleven las manos a la cabeza mientras escuchan varios diálogos así, como existenciales y un tanto filosóficos, aunque las amputaciones sigan sucediéndose en la pantalla. Y quien se hipnotice viendo esta feroz deconstrucción del ídolo. Lo cierto es que, repetimos, ni en los sueños más etílicos y colocados de Flynn la estrella habría llegado a imaginarse algo como esto. Porque, ya de entrada, ¿quién habría convencido al también protagonista de «Murieron con las botas puestas» o «El capitán Blood» para presentarse en el rodaje con tamaña melena? Ni los mismísimos mandamases de la Warner Bros, seguro.
Lo mejor:
La fotografía es excelente, así como el contenido pero brutal trabajo de Jackman
Lo peor:
Probablemente el final, con una redención un tanto sosa del personaje