Blanca Portillo dispara al clásico de Saura: "Existe un egoísmo salvaje y devorador que sigue estando presente en las sociedades"
Puede que una de las sensaciones más identificables y recurrentes que sobreviene la memoria personal cuando pensamos en "La caza" de Saura, además de la trascendencia de su dimensión histórica enmarcada en el contexto de la Guerra Civil y ejemplificada verbalmente en su inolvidable "ya solo quedan los agujeros", sea la tensión acumulativa. Hay una violencia soterrada áspera, cruda, profundamente seca, que va vaticinándose de manera progresiva, masticándose, dilatándose y que el espectador va integrando con cada nueva revelación de los protagonistas sobre su pasado, pero que nunca sabe cuándo va a terminar de explotar.
"Tengo que reconocerte que siempre ha sido una de mis películas favoritas suyas, siempre he sentido una especial debilidad por ella. Saura siempre ha sido una especie de tótem, uno de los grandes directores del cine español y esta película, por descarnada, por fuerte, por dura, por diferente, siempre ha tenido un hueco especial en mi cabeza. Para mí está a la altura del Buñuel más profundo", comenta Blanca Portillo en entrevista con este periódico cuando le preguntamos por el vínculo previo establecido con la icónica cinta del maestro oscense en la que ahora se inspira el director Pedro Aguilera para proponer una interesante y arriesgada revisitación del clásico del 66 protagonizada por la propia Portillo junto a Carmen Machi y Rossy de Palma. "Haciendo esta película he descubierto que ‘‘Día de caza’’ ha venido a iluminar lugares de la película que probablemente yo no había percibido a lo largo de los años y volver a verla ahora, hace, para mí, que crezca. De alguna manera el reflejo de esta nueva versión la hace todavía más grande. Para mí es una película de las mejores de la historia del cine de este país", señala.
Resulta evidente que muchos de los temas que se tocan en la película en forma de subtexto, tanto en la original de Saura como en esta nueva versión, son aterradoramente contemporáneos. Empezando por esta violencia soterrada que no paramos de ver, escuchar y percibir en forma de polarización. ¿De qué manera crees que dialoga con el presente?
Es que yo creo que eso es precisamente lo fundamental, que nos planteemos qué cosas han cambiado en este país y qué cosas no. Ahora podemos utilizar otros términos para describirlo, pero sigue ocurriendo lo mismo. Hay gente que está dispuesta a hacer lo que sea para no perder su posición, su lugar. ¿Y quién detenta ese poder? Insisto. ¿Y de qué depende? ¿Cuál es el concepto de amistad? ¿Cuántos favores tienes que deberle a alguien para considerarlo amigo? ¿O te tienen que deber para considerarlo amigo? Claro que dialoga de una manera terrorífica con el presente, sin duda. O sea "Día de caza" es hoy. No hay más vuelta. Nos está ocurriendo. Está pasando. Y lo fuerte es que hay grandes partes del diálogo que son exactamente iguales que en "La Caza" de Saura y no desentonan para nada. No dices "eso no es de ahora". Está aquí. Hay algo de fondo, de desafecto por lo que no eres tú, de egoísmo, de "ahora estoy yo en este sitio y si puedo te empujo y te tiro" que se sigue manteniendo. Siento que hay una especie de falta de empatía brutal en estos momentos, que existe un egoísmo salvaje y devorador que sigue estando presente en las sociedades.
¿Te da miedo?
Es una cosa que hay que asumir, que está ahí y que habría que luchar contra ello. Lo que me da miedo es que no aprendamos, eso es lo que me aterra. Que no seamos capaces de mirar la vida desde otro lugar habiendo vivido lo que ha vivido este país.
"Me da miedo que no seamos capaces de mirar la vida desde otro lugar habiendo vivido lo que ha vivido este país"
Blanca Portillo
¿Qué lectura haces de esta decisión consciente que ha hecho el director de cambiar el género de las protagonistas?
En la película de Saura, que respira testosterona por los cuatro costados, el hecho de que sean protagonistas masculinos actúa como reflejo de un mundo en el que eran los hombres los únicos que mandaban, los únicos que tenían el poder económico, el poder político, todo el poder, los que decidían. Hoy eso está cambiando. Las mujeres ya tienen un lugar de poder. No estoy hablando de empoderamiento femenino, estoy hablando de parcelas de poder que las mujeres ahora sí que tienen. Hay mujeres muy poderosas económicamente, políticamente. Era muy inteligente para mí traerlo a hoy y desde ahí plantear cosas como ¿qué herencia han recibido estas mujeres? ¿qué significa detentar el poder? ¿ser exactamente igual que los hombres? ¿igual de crueles, igual de duros? Es verdad que históricamente la mujer ha tenido que adoptar un papel más masculino para ser respetada y estas mujeres probablemente tienen que hacer algo parecido.
¿Qué importancia ha tenido la dinámica femenina generada por estas tres mujeres en la construcción de tu personaje?
Mira una de las cosas que más me llamó la atención, tanto en la peli de Saura en su momento, aunque fuera mucho más joven cuando yo la vi, como en esta nueva, es que se supone que son amigos, que se conocen de hace muchos años ¿no?. Mi concepto de la amistad no tiene nada que ver con eso, para mí la amistad es otra cosa completamente distinta: es anteponer tus intereses a los míos, si cabe. Yo no ayudo para luego obtener favores, yo estoy ahí para echar una mano a quien me necesita y por eso somos amigos. Entonces no hay nada más alejado de mí que ese concepto de amistad tan dependiente, tan condicionado y entrar en eso fue duro. Es muy duro hacer un personaje así, crear vínculos así. Pero existen, qué duda cabe, hay gente que es así y que será amiga mientras le resulte útil. Hay que ser capaz de entender qué circunstancias tienen esos personajes, por qué son así, por qué se han aferrado las unas a las otras, cuándo ha sido necesario seguir al lado y cuándo deciden soltarse. Es un ambiente muy jodido para currar, no es bonito, no es amable. No son unas amigas que se lo pasan muy bien en un día maravilloso, son amigas que en realidad no lo son. Como actriz te toca entender que son personas que han vivido o han sido criadas y creadas en un entorno concreto y que tienen una serie de dificultades derivadas de eso. Yo intenté trabajar a Blanca desde ahí, sabiendo que es una mujer con unos problemas muy grandes que tiene que solucionar y los tiene que solucionar como sea.
Y en el terreno afectivo, ¿cómo ha sido trabajar con Carmen después de tantos años y con Rossy por primera vez?
Pues muy guay porque a mí me encanta trabajar con gente muy buena, siento que te hacen la mitad del trabajo, eso está claro y ellas en este caso han hecho la mitad. Con Carmen ya sabía que había mucho feeling pero hemos pasado veintitantos años sin trabajar juntas, nos habíamos visto pero no habíamos vuelto a trabajar mano a mano y esa conexión pasada revivió de inmediato. Y con Rossy yo no había trabajado nunca y haciéndolo he disfrutado mucho, Rossy es Rossy; una especie de torbellino, de avalancha que se te viene encima y que flipas con las cosas que hace. Somos muy distintas como actrices las tres pero encajamos muy bien yo creo por eso. También por una cuestión que tiene que ver con la escucha, con ser generosas las unas con las otras, estar con y para el otro. Y yo creo que eso lo hemos hecho y es muy gozoso. Cuando tienes gente buena al lado mola mucho.
"Históricamente la mujer ha tenido que adoptar un papel más masculino para ser respetada"
Blanca Portillo
Hay una suerte de metáfora en la película que viene de la mano de la presencia constante del dron que puede interpretarse de distintas maneras pero una de ellas, la que para mí resuena con especial interés, es el reflejo de esa hipervigilancia que sufrimos muchas veces las mujeres. La sensación de que se mira con lupa absolutamente todo lo que hacemos, que de alguna manera se supervisan directa o indirectamente nuestras decisiones. ¿Te has sentido alguna vez particularmente escrutada como actriz?
Pues mira por suerte no he tenido esa sensación. No, yo creo que no, no tengo esa impresión. ¿Que esté de acuerdo contigo en lo que dices, que probablemente a las mujeres se nos mire con lupa todo lo que hacemos…? estoy completamente de acuerdo ¿y que no se nos tiene en la misma consideración? también. En el significado de ese dron que contempla permanentemente a esas mujeres yo no voy a entrar. Es la única pregunta a la que no respondo (admite entre risas). Que tú veas eso me parece magnífico, cada espectador hace su lectura. Pero yo como actriz personalmente no me he sentido más escrutada que... a lo mejor sí y yo no he sido consciente. A lo mejor se ha visto con más ligereza el trabajo de los hombres, de los compañeros, que el mío, pero ya te digo que no he tenido esa sensación nunca.
¿La Blanca que se mete en un set de rodaje a la hora de hacer una película es exactamente la misma que se sube a unas tablas?
Exactamente iguales. Yo soy una kamikaze, una estajanovista del trabajo y lo interiorizo igual a la hora de entrar en el set que a la hora de entrar en el escenario. Ambas me resultan igual de disfrutables además, lo único es que son muy distintas. Es como si me dieras a elegir entre un helado de fresa y uno de chocolate, saben diferente pero los dos están riquísimos.