Sin Democracia no habrá recuperación
La tragedia que vive Venezuela durante estas horas resulta la consecuencia directa de un sistema de gobierno cleptocrático que secuestró el poder y las instituciones políticas. En cualquier país donde la infraestructura se moderniza, especialmente en términos de seguridad, y donde existe un Estado eficiente, con un sistema asistencial de primera y cuerpos de seguridad altamente cualificados, la probabilidad de que una crisis no se convierta en tragedia se reduce.
La naturaleza habló de manera contundente, pero quien debía responder y apaciguar la consecuencia de su fuerza no está capacitado para responderle. En ese silencio ensordecedor, en ese vacío inquietante, la ciudadanía se convierte en protagonista. Es ella quien ocupa el rol de aquel que no está capacitado, y más triste aún, no le interesa del todo asumir responsabilidades.
Son los ciudadanos voluntarios junto a organizaciones sin fines de lucro venezolanas e internacionales quienes lideran esta gesta atravesada por el dolor, pero decidida a estabilizar la situación. Son ellos quienes articulan toda la ayuda recibida, levantan escombros y, heroicamente, están salvando vidas. La gente superó al propio Estado, al propio gobierno, quien en su cansino cálculo político y discurso vacío ha decidido, entre otras cosas, boicotear alguna ayuda extranjera so pretexto de evitar «infiltrados y enemigos de Venezuela». Es el chavismo quien cierra el espacio aéreo para impedir que María Corina Machado regrese al país. Son ellos quienes agregan al desastre el enredo de la politiquería.
Resulta difícil encontrar la oportunidad desde el dolor y la desgracia. Sin embargo, es tarea impostergable durante estas horas convertir la duda sin respuesta en un plausible y necesario optimismo, uno que permita acelerar la conquista definitiva de la democracia. Más allá del reacomodo político inquietante de la administración Trump y del cálculo indolente del interinato venezolano que preside Delcy Rodríguez, la verdadera oportunidad yace en la propia gente, en el mismo venezolano que ve con esperanza un regreso a la democracia en los próximos meses a partir de unas elecciones verdaderamente libres.
Pasar de la confusión al optimismo resulta hoy el verdadero reto. Conseguir respuestas para la pregunta «por qué» resulta un ejercicio legítimo pero potencialmente inútil. Será mejor, probablemente, trabajar y descubrir ese «para qué». En este contexto, la respuesta no puede desligarse de la coyuntura política que camina hacia una transición. No solamente conquistar la democracia resulta tan urgente como paliar la crisis producto de los terremotos; más aún, resulta indispensable que haya libertad para permitir que hechos como este terminen por manejarse como una crisis momentánea y no como una tragedia duradera. Sin democracia no habrá recuperación absoluta.
Así como el 28 de julio de 2024 fue la misma gente quien se organizó para defender los votos y custodiar las actas que hoy prueban el fraude de Maduro, de esa misma manera será el mismo venezolano que, organizado y entregado a una causa mayor, seguirá bregando por convertir la tragedia en oportunidad y, finalmente, siga en su lucha por recuperar la ansiada libertad.
*Alejandro G. Motta Nicolicchia es Director de Thinko Consulting www.thinkoconsulting.com