Berlín allana el camino para convocar de forma obligatoria a sus reservistas
El Gobierno alemán dio ayer otro paso en la transformación militar del país. No lo hizo con otro anuncio de gasto, sino con una decisión que afecta mucho más directamente a la vida civil. El gabinete de Friedrich Merz aprobó una reforma que permitirá volver a llamar de forma obligatoria a los reservistas para ejercicios de la Bundeswehr, el Ejército federal alemán, y que obligará en la práctica a las empresas a liberar temporalmente a trabajadores que en algún momento vistieron el uniforme.
La medida forma parte de la nueva arquitectura de defensa que Berlín intenta levantar desde la invasión rusa de Ucrania y que el ministro de Defensa, Boris Pistorius, quiere tener preparada antes de 2033. El objetivo oficial es que Alemania pueda poner a disposición de la OTAN hasta 460.000 militares. De ellos, 260.000 deberían ser soldados en activo y otros 200.000 reservistas preparados para incorporarse con rapidez. Hoy la distancia sigue siendo enorme. La Bundeswehr cuenta con unos 186.000 efectivos activos y apenas unas 66.000 personas integran la reserva.
Pistorius presentó la reforma como una consecuencia inevitable del nuevo escenario europeo. “Una democracia moderna debe estar en condiciones de defender su libertad”, defendió el ministro al justificar una ley que rompe con una práctica muy alemana, la llamada doble voluntariedad.
Hasta ahora, un reservista solo acudía a un ejercicio si él aceptaba y si también lo hacía su empleador. Ese equilibrio se acaba. En el futuro, la Bundeswehr podrá convocar de manera obligatoria a antiguos soldados y las empresas tendrán que asumir su ausencia salvo que puedan demostrar casos especiales de necesidad.
El cambio puede parecer técnico, pero abre una discusión política y económica de gran alcance. Alemania lleva años debatiendo cómo reconstruir unas fuerzas armadas debilitadas por décadas de ahorro, burocracia y falta de personal. Ahora la pregunta ya no se limita a cuánto dinero está dispuesto a gastar el Estado, sino a cuántas personas puede apartar temporalmente de sus puestos una economía que ya sufre escasez de mano de obra cualificada. En este aspecto, la Cámara alemana de Industria y Comercio respalda el refuerzo de la reserva, pero rechaza que se abandone tan rápido el principio de voluntariedad.
El Gobierno intenta suavizar ese choque con compensaciones. Los empresarios deberán ser escuchados antes de cada convocatoria y podrán pedir que un trabajador sea eximido si resulta imprescindible para la actividad de la compañía. El aviso llegará con ocho semanas de antelación, el doble que hasta ahora, y las pequeñas y medianas empresas podrán recibir ayudas cuando tengan que contratar sustitutos.
Para los reservistas, la reforma prevé también mejores prestaciones económicas y más formación, incluida la actualización en nuevos sistemas de armas y equipos informáticos. La duración de esos periodos de servicio dependerá del historial militar de cada persona y oscilará entre tres y doce semanas al año. Aun así, la dirección política es clara. La defensa deja de ser un asunto separado de la vida económica y empieza a entrar en los turnos, las plantillas y la planificación de las empresas.
La reforma de la reserva no llegó sola. El gabinete, reunido de manera simbólica en el Ministerio de Defensa y no en la Cancillería, aprobó también un proyecto para acelerar la construcción de infraestructuras militares. Cuarteles, depósitos de munición o instalaciones para nuevos sistemas de armas podrán ser considerados de interés público superior, lo que les dará prioridad en procedimientos administrativos y reducirá el margen de bloqueo judicial. El mensaje era evidente. Alemania no solo quiere más soldados y más reservistas, sino también más espacio físico para una Bundeswehr que ahora debe crecer a una velocidad que el propio aparato estatal no siempre puede seguir.
La presencia en Berlín ayer del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, reforzó esa escenificación. A pocos días de la cumbre aliada en Ankara, Rutte elogió el esfuerzo alemán y pidió a la industria europea que produzca más deprisa. La disuasión, vino a decir, se construye tanto en las fábricas como en los cuarteles. El canciller Merz aseguró que Alemania está acelerando en materia de seguridad y que los europeos acudirán a la próxima cumbre con más confianza frente a Estados Unidos, aunque Pistorius admitió al mismo tiempo que Europa seguirá necesitando durante años sistemas estadounidenses. La nueva ley deberá pasar ahora por el Bundestag y todavía puede sufrir cambios pero el gesto político ya está hecho. Alemania empieza a transformar el cambio de rumbo en defensa iniciado tras la invasión rusa de Ucrania en obligaciones concretas para antiguos soldados, empresas y administraciones.