La cuadrilla del César
El famoso dicho «La mujer del César además de ser honrada, debe parecerlo», que viene de una frase de Julio César, significa que en posiciones de liderazgo no basta actuar con rectitud y honestidad, sino que también es indispensable evitar cualquier conducta que pueda levantar sospechas. Acuñada en la antigua Roma defiende el concepto de que la percepción pública es tan importante como la realidad del comportamiento personal. Resulta evidente que en el caso de Begoña Gómez no se cumple la afirmación imperial, dada la reacción furibunda de los palmeros «sanchistas» y los errores de su defensa.
El acoso al juez Juan Carlos Peinado no tiene precedentes y la fractura en el seno del Consejo General del Poder Judicial revela una crisis institucional de gran calado. Las reacciones de algunos ministros como Óscar Puente o Diana Morant, son realmente de juzgado de guardia. La valenciana llegó a decir que la esposa y la hija del magistrado «le deben favores a Isabel Díaz Ayuso».
Acabáramos, tenía que salir la presidenta madrileña en los ataques de estas hordas desatadas contra el PP, la Justicia y la conspiración mundial hacia el gran líder salvador. La noticia de que Begoña debe volver a presentarse ante el juez Peinado para entregar su pasaporte cayó como una bomba el pasado sábado en La Moncloa. Dicen en su entorno que Begoña se entristeció y Pedro Sánchez se enfureció. No es para menos, pues el horizonte judicial de la consorte se atisba bastante oscuro. La mujer del César está cada día más en el punto de mira y su gran tribuno, José Luis Ábalos, con la condena más fuerte que ha tenido un exministro en toda la democracia.
La señora del presidente utilizó su estatus para medrar profesionalmente y el comandante en jefe del «sanchismo», el hombre más poderoso del partido y del Gobierno organizó una red criminal para cometer delitos muy graves.
Frente a la reacción de trinchera de Moncloa y del PSOE conviene recordar que la sentencia ha sido por unanimidad, sin un solo voto particular, ni siquiera de los magistrados del llamado sector progresista. La obsesión por encapsular a Ábalos, desligarle del presidente y obsesionarse con Víctor de Aldama demuestra el temor a que el colaborador con la Justicia arrastre a Julito Martínez o Leire Díez y tiren de la manta.
Resulta increíble la actitud de Pedro Sánchez: «Bebe agua y ponte crema», soltó en un acto ecológico mientras se difundía la sentencia que impone veinticuatro años de cárcel a quien fue su gran mentor, su hombre para todo y a quien ahora no conoce.
Begoña, Ábalos, Koldo, Cerdán el «hermanísimo» David, José Luis Rodríguez Zapatero, las cloacas, suma y sigue. La cuadrilla del César Sánchez engorda cada día. «Una basura, un lodazal insoportable», denuncia Alberto Núñez Feijóo. Nadie sabe por dónde saldrá el presidente del Gobierno en su comparecencia en el Congreso para hablar sobre los casos de corrupción que le atenazan, aunque fiel a su estilo se enrocará en sus ataques al PP y los jueces. El «y tú más» ya no cuela. Y mucho menos el miedo a pactar con Vox. El hedor es insoportable, el cambio de ciclo irreversible.
El desconcierto se extiende ante nuevas investigaciones que apunten directamente a una presunta financiación irregular del PSOE, objeto final, según fuentes jurídicas del magistrado Santiago Pedraz. Tras la comparecencia de Zapatero, las medidas cautelares con Begoña y la sentencia del Tribunal Supremo contra José Luis Ábalos, la tensión en los pasillos del Congreso era evidente. Los ministros se iban por las ramas y varios diputados enmudecieron.
Aunque son muchas las voces que denuncian el error de Sánchez de poner «la mano en el fuego» por su esposa, por su hermano y por Zapatero, y apuestan por un adelanto electoral que frene un derrumbe en los comicios regionales del próximo año.
Pero el «puto amo», dixit Óscar Puente, sigue en sus trece y acudirá al Comité Federal con el discurso de la conjura contra su persona. El César pasa de la cuadrilla.