Ni Begoña ni Zapatero: dos defensas bajo examen
Hubo un momento esta semana en que las dos investigaciones más incómodas para el presidente del Gobierno coincidieron en un mismo escenario: una sala de justicia y un juez que seguía buscando respuestas. Ni Begoña Gómez ni José Luis Rodríguez Zapatero consiguieron en la semana «negra» para Pedro Sánchez despejar las incógnitas de los respectivos magistrados que les investiga en un procedimiento judicial. Dos comparecencias esperadas, dos estrategias de defensa distintas y un resultado que, al menos, a ojos de los allí presentes, parecía compartir un mismo denominador común: las explicaciones ofrecidas no bastaron para despejar todas las incógnitas.
Sobre todo, en el caso de la esposa del jefe del Ejecutivo, que apenas cinco días después de sentarse en un banquillo, el juez decretó la apertura de juicio oral, su retirada de pasaporte, su «fichaje» cada quince días y su prohibición de salida del territorio nacional. Aunque Moncloa lo vea como una «cacería», lo cierto es que su defensa parece que no estuvo tan acertada. Enfrentarse a un magistrado o tener momentos de tensión con él bajo el aparente paraguas de Moncloa nunca fue buena opción.
Según adelantó Libertad Digital, el magistrado Peinado vivió momentos de tensión con el letrado de Begoña Gómez, Antonio Camacho, cuando este se dirigió a la acusación particular –ejercida por la Universidad Complutense de Madrid (UCM)– y el instructor le recordó que debía responder al interrogatorio efectuado por él mismo y no entablar un debate con otra de las partes presentes en la sala. Fue entonces cuando el abogado defensor de la mujer de Pedro Sánchez achacó al juez que por el momento no había una norma vigente que estipulase a quién debía dirigirse.
La escena reflejó la tensión acumulada de una investigación que se encuentra ya en la fase prácticamente final. Y también dejó una impresión similar a la que días después se repetiría en la comparecencia del expresidente del Gobierno en sede judicial del pasado miércoles en el marco de las pesquisas que le atribuyen siete delitos: la de un instructor poco dispuesto a dar por buenas las explicaciones de las defensas sin someterlas a un exhaustivo escrutinio. También dejó un hecho insólito: el que un propio investigado «de permiso» a un juez para que este rastreé a nivel «universal» que no tiene sociedades, dinero ni productos financieros fuera de España.
Zapatero entró a la Audiencia para enfrentarse al interrogatorio con el juez Calama por la puerta de autoridades y dispuesto a desmontar las acusaciones que le atribuyen el liderazgo de una presunta organización criminal y trama de influencias. Pero salió sin dar detalles ni aportar el justificante documental que ampare el hallazgo de su «muerte política» –las joyas encontradas en su despacho– con unas cuantas «reñidas» del instructor: desde un «no soy una madre abadesa» hasta «tiene que guardar silencio cuando yo hablo».
A Calama no le fueron suficientes las explicaciones del «emisario» del PSOE a los comicios autonómicos sobre sus supuestas labores de asesoría. Tanto que desmontó la tesis del exlíder socialista de que cobraba montos de dinero porque su conocimiento y su figura así lo valen. El instructor lo dejó claro: esas labores de asesoría deberían de acreditarse con más peso ante «la Agencia Tributaria y el Juzgado» y debían «terminar en un informe definitivo», no en pinceladas genéricas plasmadas en un documento que podían ser útiles para organizaciones de distintos sectores.
La tensión más latente quedó condensada en una frase, cuando Zapatero argumentó que esos informes eran para personas que valorasen la opinión que Análisis Relevante –la empresa utilizada para canalizar las presuntas mordidas– tenía. Pero el magistrado le cortó: «No, la opinión de usted. Quien cobra es usted». No fue solo una corrección. Fue la expresión más clara de una duda que atravesó buena parte de la declaración: si el verdadero valor de aquellos informes residía en el contenido de los documentos o en el peso político e institucional de quien los firmaba.
El exlíder del PSOE tampoco ayudó a disipar las sospechas con la falta de recuerdos precisos sobre una comida celebrada en enero de 2021 en el restaurante Portonovo. Una reunión organizada desde el entorno del expresidente y que el instructor relaciona temporalmente con gestiones posteriores para constituir una sociedad en Dubái. Zapatero aseguró no recordar nada de aquella cita, pero se comprometió con el juez a revisar sus agendas para determinar si estuvo presente. Se trata de una respuesta que dejó abierta una incógnita que el juez considera relevante.
Con todo, concluyó una semana marcada por dos declaraciones judiciales que avivaron la agonía de Sánchez. Dos jornadas en las que ambos magistrados dieron muestras de que no consideran resueltas las preguntas que motivaron ambas investigaciones y donde las dudas sobrevivieron a las explicaciones.