Es oficial: ha llegado el momento en el que las personas acudirán menos al baño para orinar
Con la llegada de la primera ola de calor del año, el cuerpo humano pone en marcha una serie de mecanismos de adaptación que pasan desapercibidos para la gran mayoría de personas.
Uno de los más llamativos, aunque pocos lo relacionan directamente con las altas temperaturas, es la reducción de las visitas al baño. Orinar menos en verano no es algo puramente casual, como tampoco es algo alarmante; es más bien una respuesta fisiológica de un organismo que está redistribuyendo el agua disponible para poder sobrevivir al calor.
La clave está en cómo los riñones y la piel se reparten el trabajo cuando los termómetros se disparan. En condiciones normales, los riñones filtran alrededor de 180 litros de líquido al día y producen entre uno y dos litros de orina. Sin embargo, cuando el cuerpo necesita refrigerarse, desvía una parte significativa de ese agua hacia las glándulas sudoríparas, que pueden llegar a generar más de un litro de sudor por hora en situaciones de calor intenso y actividad física.
Un complemento que reduce la frecuencia de orinar
Para compensar esa pérdida, el organismo activa la hormona antidiurética (ADH), que ordena a los riñones reabsorber más agua y producir menos orina, y más concentrada.
El sudor no es solo agua. Aunque en su composición predomina el agua, el sudor contiene también sodio, potasio, cloro, pequeñas cantidades de urea y trazas de amoníaco, que son precisamente algunos de los mismos compuestos que el organismo elimina habitualmente por la orina.
La diferencia es que la concentración de estos desechos metabólicos en el sudor es mucho menor que en la orina, por lo que la piel no reemplaza a los riñones como órgano excretor, sino que actúa como una vía complementaria que se activa con fuerza cuando el calor lo exige.
El pis de color amarillo oscuro y el peligro de la sed
La orina de color amarillo oscuro o ambarino durante los meses de verano es una señal inequívoca de que el cuerpo está funcionando exactamente así. No obstante, el problema llega cuando esa situación se prolonga en el tiempo sin que la persona reponga los líquidos. En ese sentido, la Sociedad Española de Nefrología advierte que la deshidratación es uno de los principales factores de riesgo para la formación de cálculos renales, precisamente porque la orina muy concentrada favorece la precipitación de minerales como el calcio y el oxalato.
La sed, por su parte, es un indicador tardío. Cuando el cuerpo nos indica que tenemos sed, el organismo ya ha perdido alrededor del 2% de su peso en agua, un nivel que ya empieza a afectar a la concentración y al rendimiento físico. La recomendación de la Organización Mundial de la Salud y de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) es no esperar a tener sed y beber de forma continua a lo largo del día, especialmente en jornadas con alertas por calor extremo como la que se está viviendo hoy en España.