La basílica de la Sagrada Familia de Barcelona ha brillado sin duda este miércoles como el templo más bello del mundo. Los barceloneses que han acudido a la bendición de su torre más alta, coronada por una cruz que brille día y noche como imaginó Gaudí, la han visto iluminada por primera vez en todo su esplendor. Seguramente han sentido lo mismo que los londinenses cuando vieron concluido el Big Ben, los parisinos cuando contemplaron la Torre Eiffel, o los neoyorquinos ante el Empire State Building, que rasgaba el cielo de la ciudad. León XIV , barcelonés por dos días, ha mirado un poco más allá en esta ceremonia. Para el Papa, la basílica de la Sagrada Familia es sobre todo un «signo de unidad y de concordia», pues es «un único edificio, compuesto por muchas piedras» y en el que la Torre de Jesús que este miércoles noche ha bendecido se convierte en un «estandarte de la caridad» coronado por la cruz que homenajea a «los últimos que se vuelven los primeros». Aunque esta torre de 172,5 metros convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del mundo, el Papa ha recordado que no se han superado enormes dificultades para alzarla solo para «destacar en clasificaciones mundanas»; se ha construido para que su vista desde cualquier punto de la Ciudad Condal «guíe los pasos del pueblo de Dios que peregrina en esta tierra de Cataluña». Como Gaudí dejó escrito en su cuarto álbum sobre el proyecto del templo, la cruz es de «cristal, de día reflejará la luz del sol y por la noche, proyectará haces de luz sobre la ciudad ». Por eso, para León XIV, el mensaje de esta Torre de Jesús a quienes de día se deslumbren por su brillo, y de noche se guíen por sus luces, es que «no podemos creer en Jesús y promover la guerra. No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria». El interior de esta basílica es un conjunto de proporciones perfectas, elementos vegetales y arquitectura orgánica, y el Papa León XIV ha celebrado la misa en el punto exacto donde se aprecia en toda su plenitud el bosque de piedra y color que forma la Sagrada Familia: las geometrías de doble giro inventadas por el artista, las columnas arborescentes, las vidrieras de colores en los laterales y en las bóvedas. Junto a ellas, el coro de 500 voces adultas y 100 niños ha ayudado a empaparse del espacio en toda su riqueza. Para el Papa la ceremonia ha sido una «tarde de fiesta para toda la ciudad de Barcelona y el pueblo español, particularmente el catalán ». Durante la homilía ha enviado un «saludo agradecido a las autoridades públicas». Le escuchaban en primera fila el Rey Felipe VI y la Reina Letizia, el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, junto a su mujer, Begoña Gómez, con catorce ministros , y Salvador Illa, presidente de la Generalitat. La mayor parte de la homilía del Papa ha sido en catalán. Sectores nacionalistas lamentaron que en el misal publicado una semana antes del viaje, las oraciones de la bendición de la Torre de Jesús figuraran solo en español. El Vaticano no ha aclarado si a raíz de esas protestas han aumentado los párrafos pronunciados por el Papa en catalán durante esta fase del viaje, pero lo cierto es que son muy superiores a los que inicialmente se esperaban. El Papa se ha sentido cómodo hablando en catalán y, a lo largo de los discursos, los párrafos en esta lengua han sido cada vez más numerosos. El mismo día en que se cumplen 100 años del fallecimiento de Gaudí como consecuencia de las lesiones después de atropellado por un tranvía, el Papa ha definido al templo expiatorio que proyectó como «mucho más que un monumento» , «una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz», un «signo visible del Dios invisible», «una casa que crece con constancia a lo largo de los años, siguiendo un mismo proyecto». Dice que su construcción, aún en proceso, es también una metáfora de la vida de cada persona, «que Dios concibe como una obra maestra que debemos realizar juntos y nos llama a colaborar con Él». «Junto con Gaudí, de quien conmemoramos el centenario de su muerte, recordamos y damos las gracias esta tarde a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica», ha reconocido el Santo Padre. Mientras el Papa hablaba, se cumplían exactamente los cien años del fallecimiento de Gaudí. Fue atropellado por un tranvía y durante tres días aguantó en el Hospital de la Santa Cruz, donde fue ingresado como un mendigo, sin ser reconocido. Ese día tenía 73 años y llevaba casi 43 trabajando en la construcción en el templo expiatorio de la Sagrada Familia, la obra que ha convertido al arquitecto en un catalán universal y a la que dedicó sus mejores energías. Ya en aquel entonces Barcelona había reconocido su talento y por eso miles de personas salieron a las calles para participar en su funeral. En la ceremonia de hoy se veían banderas de muchos otros países. Gaudí fue enterrado en la cripta de esta basílica, el único lugar que vio prácticamente terminado junto a casi toda la fachada de la Natividad , que ha sido el modelo y guía para alzar el resto del templo desde que se quemaron sus apuntes. Su tumba fue saqueada en 1936, por unos soldados que sospechaban que escondía armas, y por eso la lápida fúnebre ante la que ha rezado el Papa este miércoles es diferente a la que pusieron entonces. Juan Pablo II visitó este lugar el 7 de noviembre de 1982. Benedicto XVI regresó en esa misma fecha, pero en 2010, para la consagración del altar mayor y entonces definió a Gaudí un «arquitecto genial y un cristiano coherente». En abril de 2025, el Papa Francisco lo nombró «venerable», el paso previo a su beatificación. Este miércoles, rezando ante su tumba, el Papa León XIV ha rendido homenaje al talento profesional de este artista universal, figura clave del modernismo y pionero de las vanguardias del siglo XX, y a su capacidad mística y artística de apuntar hacia la Belleza como vía para encontrar a Dios. En unos días se conocerá el proyecto para la fachada de la Gloria, la única que falta, que se convertirá en entrada del templo. León XIV se marcha de Barcelona con la invitación de regresar dentro de diez años para inaugurarla.