Puente quiere ser consigliere
A razón de uno o más escándalos por semana, la pérdida de credibilidad de la organización socialista es inédita, pero Moncloa no está dispuesta a alterar su hoja de ruta. Sánchez dirige el Partido Socialista hacia la irrelevancia, pero algunos dirigentes, que no están dispuestos a que esto pase, han empezado a moverse.
No se trata solo de algunos alcaldes, la preocupación ha calado en todos los niveles del PSOE, también en el entorno más cercano al líder socialista. Por eso, Pedro Sánchez ha empezado la cacería de todos aquellos que creen que hay que convocar elecciones y mantiene presión sobre los candidatos que no han sido designados todavía, porque discrepar les descabalgaría de la carrera por las listas.
Después de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y de las informaciones que se han ido conociendo en los últimos días, ha tenido lugar el registro de la sede de la calle de Ferraz, con la imputación de varios altos cargos del partido en la trama de la cloaca que, presuntamente, tenía como objetivo influir de manera ilícita en los procesos judiciales que afectan a Pedro Sánchez.
En cualquier país de nuestro entorno, supondría la caída de un gobierno. De hecho, más de una decena de políticos europeos han dimitido por plagiar sus tesis doctorales. Sin embargo, la estrategia que ha ordenado Sánchez es atacar a jueces y policías.
Para liderar la operación, ha elegido a Óscar Puente, que encarna como anillo al dedo la decadencia del momento y el paupérrimo nivel con que ha regado Sánchez el consejo de ministros.
El historial de Puente está repleto de insultos a periodistas y a políticos. Desde generar un conflicto diplomático con Milei hasta arremeter contra militantes socialistas y políticos de la oposición o frivolizar sobre el sufrimiento de ciudadanos, como cuando escribió en redes sociales la frase «está calentita la cosa», refiriéndose a los terribles incendios que arrasaron en 2025 Castilla y León y en los que se temió por la vida de muchas personas.
Puente es el arquetipo de lo que no debe ser un político. Usó la mentira a discreción cuando aseguró que el robo de cobre en la línea ferroviaria no era tal, sino un sabotaje contra el Gobierno o cuando ocultó datos y tergiversó informaciones en el accidente ferroviario de Adamuz, asunto al que habrá que estar atentos por si las investigaciones judiciales terminan apuntando responsabilidades del ministro o su entorno.
Su afición preferida es inventar fakes, como la insinuación sobre Milei y la ingesta de sustancias. Tampoco le ha faltado frivolidad, como en aquel verano en que los fallos ferroviarios colapsaban las estaciones de alta velocidad, con viajeros desesperados, mientras el ministro jugaba al golf con José Luis Escrivá en Alicante.
Los problemas se acumulan en el ministerio, pero la prioridad del ministro es que sus asesores, con sueldo público, revisen a diario toda la prensa y las redes sociales para detectar cualquier crítica a Óscar Puente y contratacar con insultos, medias verdades o falsedades.
Las salidas de tono y el lenguaje maleducado de Puente puede que hicieran gracia a los más hooligans de la organización, los mismos que se concentran a la llegada de García Page a los comités federales para abuchearle, pero molestan al resto, que quieren representantes de los que no se avergüencen.
Pero más grave que la forma es el fondo. La estrategia de señalar una conspiración no democrática para acabar con el Gobierno, al más puro estilo trumpista, supone cuestionar el Estado de Derecho, la imparcialidad de la judicatura, el trabajo de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y de los profesionales de la información de nuestro país.
Puente siembra dudas sobre nuestro sistema político para que Sánchez siga unas semanas más en el bunker monclovita, pero maniobra con las palabras hacia un discurso no democrático. Quién le haya dado la orden para hacerlo se comporta como un animal herido dando los últimos coletazos.
Si la investigación del juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz demuestra la estructura con que se organizó la trama para neutralizar jueces y policías, Santos Cerdán había ejercido el papel de consigliere. Quizá Puente aspire a ocupar esa misma plaza que ha quedado vacante, aunque, en realidad, puede que el ministro quiera ser el propio Vito.
Hasta la guardia pretoriana del líder socialista es consciente de que el tiempo de Sánchez ha tocado a su fin. Aguantar hasta el 2027 sin convocar elecciones no le va a salvar, pero adelantarlas sí puede contribuir a hacerlo a bastantes alcaldes y candidatos. Quizá eso es lo que no quiere Sánchez.