Elena Kostyuchenko: «La verdadera esperanza para Rusia solo puede ser la revolución»
«Amo a Rusia. Crónica desde un país perdido», publicado en español por Capitán Swing, habla del amor por un país atrapado en un régimen que su autora, Elena Kostyuchenko, lleva años denunciando. Su crítica al Kremlin y a los atropellos contra los derechos humanos le han costado el exilio y hasta un intento de envenenamiento, marca ya tristemente reconocible del poder ruso. Durante quince años escribió crónicas en «Novaya Gazeta», el último diario libre de Rusia, clausurado tras la invasión de Ucrania.
En su libro, denuncia un fascismo ruso que asegura que muchos de los ciudadanos de su país no perciben. ¿Cuándo tuvo usted claro que el gobierno ruso ejercía el fascismo?
La primera vez que tuve esta idea fue en 2013, cuando se aplicó la primera ley contra las personas LGTBIQ+. Soy lesbiana, así que protesté contra esta ley que formulaba que no somos socialmente iguales frente a los demás. Pensé: ok, suena muy fascista. Y es que era la esencia del fascismo. Se divide a la gente en categorías y dice que una categoría es socialmente inferior a las demás. Luego, un año antes de la primera invasión, pude investigar centros psiquiátricos. Hay una cadena de instalaciones en toda Rusia, más de 600, donde viven 177.000 personas, incluyendo 21.000 niños. En estos lugares, las personas no tienen derechos humanos. No pueden vivir en otros lugares. La mayoría no tienen cabello o dientes. Son medicadas a la fuerza si muestran desobediencia, Si las mujeres se quedan embarazadas en estos lugares, se las obliga a abortar. Algunas de ellas son esterilizadas. Básicamente son campos de concentración. En ese momento ya no podía negar más que en Rusia se ejercía el fascismo. Aún así, no vi venir la guerra que estaba por llegar, a pesar de que el fascismo siempre trata de movilizar sociedades en la guerra. Es como una ideología extensiva. Siempre trata de atraer a más personas, más naciones, más culturas bajo su regla.
¿Qué cree que es lo que explica la venda en los ojos de los ciudadanos rusos que no ven el fascismo? ¿La sociedad rusa está profundamente dividida?
El fascismo no es algo fácil de admitir. La Unión Soviética luchó contra el fascismo. La mayoría de las familias en Rusia se sacrificaron en esa lucha. Cuando yo crecí, «fascismo» era la palabra más maldita que podías pronunciar.
Pero la guerra de ahora realmente ha dividido a la gente. Conozco a muchas familias que se han separado. Existe una fuerte propaganda en Rusia, y es muy difícil comunicarse con las personas afectadas por esta propaganda. Investigaciones sociológicas muestran que aproximadamente el 15% de los rusos apoya fuertemente esta guerra. Otro 15% se opone fuertemente a esta guerra. Pero el 70%, la mayoría, y mi madre pertenece a ese 70%, no le gusta esta guerra, quiere que se acabe, pero no siente que puede hacer nada. Así que prefieren no pensar en eso, no hablar de política en general. No solo por la represión sino también porque creen que es una conversación que no tiene sentido. La gente quiere hablar de cosas comunes, como el clima, las plantas, la cultura, evitando la política en general. Es muy triste.
¿Cree que uno de los grandes errores es confundir la autocrítica con falta de patriotismo?
Sí, es uno de los puntos principales de la propaganda rusa, que si criticas a tu país eres antipatriota. Yo creo que es al contrario. Si amas a tu país, si realmente quieres sacar a Rusia de este infierno en el que vive ahora, tienes que mirar a las cosas de frente y tienes que hacer lo mejor posible para cambiarlas.
¿Cómo te enteraste de que Rusia estaba invadiendo a Ucrania? ¿Cómo te sentiste?
Recuerdo ese momento muy claramente. Era de noche. No podía dormir, así que fui a la cocina a fumar. Cuando volví a la habitación, vi que mi pareja estaba sentada mirando su teléfono. No podía entender la expresión de su cara. Le pregunté qué pasaba. Y ella me dijo que estaban bombardeando Kiev y otras ciudades de Ucrania. Yo le pregunté: «¿Nosotros estamos bombardeando Kiev?». «Sí, nosotros», respondió. Me llevó unos minutos darme cuenta de que en mi trabajo enviarían a algunas personas a Ucrania. Yo era la más experimentada para cubrir ese trabajo, así que traté de dormir algo. Dormí un rato, luego fui al trabajo y sí, me enviaron a Ucrania a cubrir la guerra como periodista.
¿Cuántos de sus compañeros fueron asesinados en “Novaya Azeta” y cómo descubrió usted que también había planes para matarla?
Seis de mis compañeros. Yuri Shchekochikhin, Igor Domnikov, Anna Politkovskaya, Stanislav Markelov, Anastasia Baburova y Natalia Estemírova. Además de algunos amigos y periodistas más. En cuanto a mí, la primera información que recibí fue cuando ya trabajaba en Ucrania y estaba a punto de viajar a Mariupol. Un compañero me contó que sus fuentes le habían dicho que los soldados rusos en los controles de viaje a Mariupol habían sido informados de que yo estaba tomando esta ruta y que tenían orden de matarme y no detenerme. Esa fue la primera vez que oí que querían matarme. Después, viviendo ya en Berlín, un año y dos meses después, trabajaba con «Medusa», que es otro medio independiente ruso en el exilio. Yo tenía que viajar pronto a Ucrania y tenía que obtener una visa. Fui al consulado y en el camino me sentí extraña y muy mal. Pensé que era Covid, pero a los pocos días me di cuenta de que no. Fui al médico, me hicieron muchas pruebas y a los dos meses y medio y me dijeron que lo único que les cuadraba era que había sido envenenada y que debía acercarme a la policía. Así lo hice. La investigación sigue y no sé nada de lo que descubrieron o no descubrieron. Solo espero que algún día sepa la verdad. Sé que otra investigación paralela está siendo realizada por periodistas del equipo de "The Insider" y Berlín, que han investigado los casos de Navalni, Skripalí, Dmitry Bykov y muchos otros. Tengo más confianza en los periodistas que en la policía.
En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el declive del régimen de Putin. ¿Cree que está cerca de su fin?
No. Creo que hemos pasado el punto en el que este régimen podía evolucionar y Putin podía retirarse tranquilamente. Creo que la verdadera esperanza solo puede ser la revolución. Y es muy difícil organizar una revolución con este nivel de represión y desigualdad que hay en nuestra sociedad. Pero también veo que muchas personas en Rusia están construyendo cadenas de confianza y movimientos de resistencia. Eso me da esperanza de que saldremos de este desastre, pero creo que probablemente no la veré. También creo que la esperanza no es suficiente. Hay que trabajar duro para que suceda.
¿Qué errores cometió Europa antes de la guerra?
La impunidad hacia Putin y sus generales. Anna Politkovskaya sacrificó su vida para informar al mundo sobre los crímenes que el Ejército ruso estaba cometiendo en Chechenia. Y si los políticos internacionales no hubieran reaccionado mal a eso en ese momento, no veríamos los mismos crímenes de guerra cometidos en Ucrania ahora mismo. A pesar de que mi diario hizo todo para informar, no solo a nuestros ciudadanos, sino a todo el mundo sobre lo que es Putin y lo que es su régimen, no se han tomado medidas, Putin ha sido un político muy respetuoso por mucho tiempo, y el error que han cometido, creo, es que de alguna manera han creído que, si bien Putin no valora las vidas de los rusos, sí valora las vidas de sus vecinos. Y no es así.
¿Es Rusia un país perdido? ¿No tienes esperanza de que algún día veamos la luz?
Por supuesto que tengo esperanza. Esa esperanza me mantiene en pie. Pero también creo que la esperanza no es suficiente. Se necesita trabajar mucho. Necesitamos luchar por nuestro futuro. Necesitamos dar lo mejor de nosotros para hacer posible este futuro. Creo que es posible. Solo requiere mucho esfuerzo, y no sabemos cuándo sucederá. Es como correr una maratón. No es algo corto que puedes hacer y luego disfrutar del resultado. Es como un compromiso a largo plazo que todos tenemos.