"La tecnología como motor de transformación en los espacios laborales"
Sonia Cervantes es directora de Recursos Humanos de Airzone
La pandemia supuso un punto de inflexión sin precedentes que nos obligó a replantearnos la importancia vital de los entornos que habitamos. Más allá del desafío sanitario, las restricciones transformaron profundamente la relación entre trabajadores y empresas, poniendo de relieve que el bienestar físico en la oficina ha pasado de ser un valor añadido a convertirse en una prioridad estratégica. Uno de los cambios de mayor impacto fue el auge del teletrabajo, una modalidad que alcanzó su punto álgido en los meses críticos de la pandemia y que, en los últimos años, se ha estabilizado. Según la V Radiografía del teletrabajo de InfoJobs, si en 2020 el 10,8% de la población ocupada teletrabajó de manera habitual, en 2024 la cifra apenas descendió al 7,8%.
Paralelamente, el periodo pandémico aceleró la adopción en las empresas de modelos híbridos, que combinan las ventajas del trabajo remoto y la presencialidad. Según la encuesta 2025 International Consumer Survey realizada por la agencia Marco, este formato es el preferido por el 42,8% de los trabajadores, mientras que el 26,8% se inclina por uno mayoritariamente remoto. En contraste, solo el 16,7% de los encuestados prioriza acudir a su puesto de trabajo de forma presencial. Entonces, ¿qué impide que los empleados perciban la oficina como una alternativa realmente atractiva?
Detrás de esta tendencia se esconde una realidad más profunda e invisible: la salud. Persiste la creencia, a menudo equivocada, de que el hogar es un entorno más saludable y menos contaminado que la oficina, lo que evidencia la necesidad de repensar los espacios laborales y avanzar hacia entornos de trabajo que cuiden del bienestar del colaborador en todos los sentidos.
En respuesta a este reto, las empresas están evolucionando hacia el concepto de Healthy Offices, una estrategia que sitúa al capital humano, el principal activo para impulsar la productividad, en el centro de la organización e integra medidas que promueven su bienestar absoluto. Y, en este propósito, la tecnología se convierte en el aliado indispensable.
Una gestión eficiente del ruido o el control de la temperatura por zonas son algunas de las acciones que ya implementan numerosas compañías. Sin embargo, existe un factor que suele pasar desapercibido para los responsables de la toma de decisiones a pesar de ser determinante en cómo nos sentimos durante y después de nuestra jornada laboral: la calidad del aire que respiramos. Los datos recogidos por Airzone son reveladores: mientras que el 95,2% de los empleados valora contar con una buena calidad del aire, la transformación de los espacios laborales avanza a otro ritmo: solo el 23% de las empresas dispone actualmente de la tecnología necesaria para monitorizarla y optimizarla.
La implementación de tecnologías avanzadas que midan los diferentes parámetros influyentes en la calidad del aire interior y actúen de la forma más óptima permite reducir el malestar provocado por una mayor concentración de CO2 y el riesgo de desarrollar enfermedades por la inhalación de partículas nocivas como ácaros, bacterias o virus. El impacto es inmediato y tangible: al mitigar síntomas como el dolor de cabeza y la fatiga, el empleado recupera su capacidad de concentración y creatividad, convirtiendo la oficina en un verdadero ecosistema de salud.
Con el experimento ‘Quality Air’, Airzone pone de manifiesto el rol transformador de la tecnología en los espacios laborales. El paradigma ha cambiado: la relación profesional ya no es unidireccional; los empleados no solo aportan valor, sino que esperan que su compañía invierta en su bienestar. Los líderes empresariales deben entender que la clave para fomentar el sentimiento de pertenencia, la predisposición a la presencialidad y la productividad reside en construir ambientes saludables. La calidad del aire interior ya no puede ser un factor secundario: es el pilar invisible sobre el que se debe construir la oficina del futuro.