Alta gastronomía al compás de un arte flamenco que seduce fronteras
La calle de la Morería es tranquila, menuda y, aparentemente, menos regia que su vecino Palacio Real, oculto tras el fulgor que se despierta en Santa María la Real de la Almudena al primer toque de la noche. Sin embargo, todo queda y algo se transforma una vez se cruza la pequeña portada de la que algunos denominan la catedral del flamenco. Fue un 20 de mayo de 1956 cuando el duende del número 17 supo de la pasión de los fundadores del Corral de la Morería. A Manuel del Rey no le faltó ni intuición, ni amor, por este arte mayor. Y a su esposa, Blanca del Rey, le sobró talento. Tanto que la historia de este género del mestizaje la reconoce como una de sus bailaoras y coreógrafas más sobresalientes.
Juan Manuel y Armando del Rey honran un legado familiar disfrutado por cinco millones de visitantes
El catalogado como Mejor Tablao Flamenco del Mundo invita a despeinar el alma. Y de paso, aunque sea tímidamente, a enredar los pies bajo alguna de las mesas que se orientan hacia un minúsculo escenario. Una auténtica caja de percusión que, de tanto usarla, requiere cambiar sus tablas de abedul mensualmente. Antonio Gades, Manuela Vargas, Paco de Lucía… no hay estrella que no haya pellizcado una lágrima con el susurro de su cuerpo o con la pureza de su cante jondo apresado en las cuerdas de una guitarra. Aquí el flamenco se envalentona cuando le zapatea al amor. Al dolor. A los contratiempos de la vida. Por ello emocionó al Che Guevara, a Cantinflas, a los Beatles, a Nicole Kidman, a Justin Bieber o a Natalie Portman. Por ello le roba un arrebato de alegría, una noche clara de primavera, a una joven pareja de Iowa (EE.UU.) que pregunta aquello de “what does ¡olé! mean?”.
Para Juanma del Rey, segunda generación, copropietario y director del Corral de Morería, este templo es su vida. “Un lugar en el mundo mágico que te hace mejor persona”. El sitio donde se recrean sus tres grandes pasiones: el arte del flamenco, el trato con un público venido de los países más insospechados y la alta gastronomía. Es el único tablao con un restaurante Estrella Michelin. Mucha creatividad es la que derrocha el chef David García desde hace una década y en su menú Compás, que se puede maridar con una carta de vinos insólita, que incluye más de 1.300 referencias de generosos andaluces que, de tanta solera, se cuentan por siglos. El Decano Napoleón Añada 1730 de Bodegas Pedro Domecq es una joya, como la fotografía que preside el pequeño comedor que acoge ocho comensales. Es Blanca del Rey, abrazada al lienzo negro, bordado en plata, que tantas noches la acompañó en su inolvidable Soleá del Mantón. Blanca del Rey, la que aún se pasea por Corral de la Morería, con el porte distinguido de la gran bailaora que sostiene, con el alma regia, la penetrante mirada del flamenco.