“Los peruanos quieren un Estado que funcione y que los incluya”, por Las Tejedoras
Hoy teje: Nancy Goyburo Reeves, ingeniera, feminista y especialista en gobernanza e inclusión financiera
La cita incluida en el título es una frase que nos remite de inmediato a los resultados de la primera vuelta de las elecciones en el Perú en 2021 y 2026. En este año, pareciera que el binarismo se da en su máxima expresión, con la participación de dos candidatos tan disímiles como Keiko Fujimori (KF) y Roberto Sánchez (RS), pero que, a su vez, tienen un punto en común: cuentan con los votos de un mismo segmento poblacional correspondiente al 25,7% de pobres en el Perú, universo en el que uno de cada dos peruanos puede salir de la pobreza y el otro queda entrampado en ella, y siete de cada 10 pobres viven en ciudades (Lima tiene 21,6% de pobreza).
Cuando se comparan los mapas que muestran la votación a nivel nacional, se observa que la fragmentación entre izquierda y derecha del 2026 es casi un calco de la del 2021, aun cuando ambos candidatos solo representan el 29% de los votos válidos. KF tiene su principal caudal de votos en los sectores A, B y C, además del extranjero. RS tiene la preferencia de los sectores populares de bajos ingresos, D y E, y de ámbitos rurales dispersos. (Ver tabla adjunta)[1]. La mayoría de los electores votó igual y expresó con su voto qué desea y qué detesta. Esta vez, el sector pobre lo hizo con la participación de actores políticos de la nueva izquierda peruana (gremios, organizaciones de base de regiones, sindicatos), que desplazaron a círculos progresistas de Lima, como sucedía antes[2].
¿Por qué la votación fue casi igual? A. Vergara dice que “La composición social del voto es parecida, aunque las opciones ideológicas sean distintas”[3]. La razón estriba en la desigualdad. Considera que el elector necesita un Estado efectivo que le preste servicios de seguridad, salud y educación, entre otros (solo algunos tienen agua permanente o comerán todos los días), y una nación que lo reconozca como ciudadano (sin discriminación, exclusión ni privilegios). Sin embargo, establece la coexistencia de gente bajo el paradigma del Estado-nación y de otros bajo el del posestado-nación. El primero cubrirá necesidades y acceso a derechos; el segundo asegurará que los beneficios de la globalización y la modernidad continúen para quienes ya se sienten incluidos. El elector pobre votará por quien lo acerque más al paradigma del Estado-nación o Estado-Nación.
No obstante, KF y RS tienen discursos parecidos sobre el Estado-Nación, sean populistas o no. La experiencia en Brasil y Argentina[4] plantea que la principal demanda del sector pobre es moral: ser reconocido e incluido, mucho más que lo que significa la racionalidad económica. Para el caso peruano, si bien KF considera varios aspectos del concepto de Estado (cobertura de servicios), también promueve acciones políticas y económicas conservadoras que le permiten contar con el respaldo de los sectores dominantes. En paralelo, sin dejar de lado el carácter identitario de quienes votaron por RS por arrastre de Pedro Castillo, puede deducirse que la variable nación (inclusión social) en el actual discurso de RS es lo que determinará el voto del elector, al margen de que forme parte del mediocre y corrupto Congreso actual e incluso si ve pocas posibilidades en él para mejorar económicamente.
Por consiguiente, ¿qué es necesario hacer si la democracia se ha debilitado tanto y ha sido prácticamente asaltada hasta convertirse en casi una anormalidad[5], por una “derecha convencional que se radicaliza y converge con una derecha radical cuando identifican un enemigo común en el progresismo… a través de lideres desconectados de la realidad[6]?.
La opción es estar del lado de la población que demanda principalmente nación para constituirse realmente en ciudadanos. Hoy no lo son por el oportunismo político, la corrupción, la vulneración del Estado de derecho y la desigualdad política derivada de la falta de partidos políticos institucionales. Por ello, resulta indispensable identificar bien al “enemigo” principal en las actuales circunstancias políticas.
[1] Fuentes: medición del voto cruzado por NSE del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) e Ipsos (boca de urna).
[2] Paulo Vilca, IEP, 12/05/2026. Declaración periodística.
[3] Alberto Vergara, 2021. Ni amnésicos ni irracionales (p. 135).
[4] Jesse Souza, 2024. El pobre de derecha.
[5] Rodrigo Barrenechea y Alberto Vergara, 2024. Democracia asaltada.
[6] María Claudia Augusto M. y Aarón Quiñón. ¡Comunismo o libertad! La radicalización de la derecha peruana en el siglo XXI (p. 208, 226), en “Democracia asaltada”. Rodrigo Barrenechea y Alberto Vergara, 2024.