¿Por qué el 90% de las personas son diestras? La respuesta podría estar en cómo aprendimos a caminar
Aproximadamente nueve de cada diez personas en el mundo utilizan principalmente la mano derecha. Esta marcada preferencia, conocida como lateralidad manual, es una de las asimetrías más consistentes del comportamiento humano y resulta especialmente llamativa porque no se observa con la misma intensidad en la mayoría de los primates no humanos.
Este fenómeno se ha intentado explicar desde múltiples ángulos, la genética, la organización del cerebro, el uso de herramientas o incluso factores culturales.
Nuevas investigaciones en evolución humana apuntan a una hipótesis integradora que relaciona la dominancia manual con dos cambios en nuestra historia evolutiva, la locomoción bípeda y el aumento del tamaño cerebral.
La liberación evolutiva de las manos
Estudios comparativos entre especies de primates muestran que, a diferencia de los humanos, la mayoría no presenta una preferencia estable por una mano dominante a nivel poblacional. En cambio, en el caso humano, la preferencia por la derecha alcanza valores muy elevados y consistentes.
El primer elemento clave es la bipedestación. Al adoptar la postura erguida, los antepasados humanos liberaron progresivamente las manos de la función locomotora. Esto permitió que las extremidades superiores se especializaran en tareas cada vez más complejas.
Este cambio transformó la función de las manos en un recurso altamente especializado, lo que habría favorecido la aparición de una mayor asimetría funcional.
Cerebro, herramientas y especialización
El segundo factor señalado por los investigadores es el aumento del tamaño cerebral a lo largo de la evolución del linaje humano. A medida que el cerebro se expandía, también lo hacían las capacidades motoras finas y la coordinación necesaria para fabricar y utilizar herramientas.
Los modelos evolutivos comparativos indican que especies ancestrales como Ardipithecus y Australopithecus probablemente presentaban una preferencia manual mucho menos marcada, similar a la observada en otros primates actuales. En cambio, especies posteriores como Homo erectus y los neandertales muestran indicios de una lateralización más clara, hasta llegar al patrón predominante en Homo sapiens.
Según estas hipótesis, la combinación entre locomoción bípeda y reorganización cerebral habría generado una presión evolutiva progresiva hacia una mayor especialización de una mano, en este caso, la derecha.
Una preferencia biológica con matices culturales
El uso de herramientas, la transmisión social de habilidades y las normas culturales podrían haber reforzado la dominancia de la mano derecha a lo largo de generaciones.
Sin embargo, la persistencia de un pequeño porcentaje de personas zurdas sugiere que esta característica no es absoluta. La supervivencia de la zurdera en la población sigue siendo un tema abierto, posiblemente relacionado con ventajas específicas en contextos sociales o motores.
Un fenómeno aún en estudio
La evidencia actual apunta a que la lateralidad humana no es una simple preferencia adquirida, sino el resultado de un proceso evolutivo.
La transición a la vida bípeda habría sido el primer paso, seguido por una mayor especialización cognitiva y motora vinculada al crecimiento del cerebro.