Taz Skylar, actor, sobre su etapa en Londres: "Era la precariedad más absoluta, pero la felicidad más absoluta también"
Taz Skylar, actor tinerfeño, protagoniza el live action del manga One Piece cuya segunda temporada se ha estrenado esta primavera en Netflix. Cuenta las aventuras de un grupo de piratas que explora los mares y tierras para encontrar un tesoro oculto y codiciado por muchos. Este jueves habla de eso y mucho más en el videopódcast de La Razón, La Tribu con Patricia Navarro.
De surfista a actor en Londres con el presupuesto mínimo
De pequeño se define como un chico normal, no acaba la mejor nota pero tampoco la peor. Su ascendencia, que mezcla raíces británicas y libanesas, le llevó a ser "el niño guiri" de la escuela.
Tras una expulsión en el instituto donde tuvo un problema con el profesor, su padre le convenció para redirigir su rabia y energía en otra cosa. "Una cosa que a mí me encantaba era el surfing y yo reparaba tablas de surf. Entonces me dijo: ¿por qué no te vas por ahí a ver si puedes hacer algo con eso?".
Y así, persiguió este deporte que incluso le llevó a San Sebastián. Años más tarde, se mudó a Londres, pero por una razón completamente diferente, empezó una carrera en el mundo de la interpretación. En esa etapa londinense llegó su momento más feliz.
No había dinero para pagar el set, así que fue a una tienda de muebles y compró unas cajas, finalmente, convenció al director para que las incorporase a escena. "Era la precariedad más absoluta, pero la felicidad más absoluta también. Nunca he podido replicar esa experiencia".
Un entrenamiento muy duro con cinta americana
Su personaje en One Piece, el chef Sanji, pelea únicamente con los pies porque quiere reservar sus manos para el trabajo. Eso obligó a Skylar a aprender desde cero varias disciplinas como taekwondo, capoeira e, incluso, un poco de ballet. "Empezamos con dos horas al día, subimos a cuatro, de cuatro a seis, de seis a ocho".
Poco después y a ese ritmo las rodillas no aguantaron y los ligamentos de las rodillas se rompieron justo antes de empezar a grabar. La solución fue sencilla: se encintó las rodillas con cinta americana y "tiraba con eso".
La parte más positiva, según Skylar, fue conseguir una cosa que al principio parecía imposible. Se propuso conseguir el cinturón negro antes de que se estrenase la serie y lo alcanzó cuatro días antes. "Lo negativo, mi cuerpo", recuerda. "Tardé como un año en que volviese a estar bien".
De cuerpo tenía un precio pero también de su sistema nervioso. Apartó su vida social, su tiempo de calidad y más cosas para darlo todo. "Cuando sales al otro lado, a lo mejor tienes en tu mano la cosa que querías, pero el resto no tienes nada", reflexiona sobre la salud mental y calidad de vida. Aún así, dice que mereció la pena. "Lo haría otra vez, pero entra dentro de mi factor decisivo para otras cosas, porque digo: realmente tiene que ser una cosa que vale mucho la pena".