"Irán ha perdido su capacidad estratégica, pero sigue siendo un país peligroso"
Alex Grinberg, analista israelí experto en Irán y el mundo chií en el Instituto de Jerusalén para la Estrategia y la Seguridad (JISS), visitó esta semana Madrid para analizar el alcance de la operación militar de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán. Pase lo que pase, esta guerra "ha cambiado de forma irreversible Oriente Próximo" pese a que el régimen de los ayatolas sigue en el poder porque, dijo, "el objetivo nunca fue derribar el régimen iraní".
Grinberg -invitado por la European Israel Press Association (EIPA)- aseguró que la operación militar no buscaba "el colapso" de la República Islámica. "La caída del régimen no puede ser parte integral de un plan militar", afirmó. El objetivo real, según explicó, era más limitado: destruir la capacidad estratégica de Irán, es decir, su programa de misiles y su potencial nuclear. En este sentido, afirmó que la intervención fue un éxito. "Las instalaciones de Parchin, clave en el programa atómico iraní, habrían sido neutralizadas, y los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria, los Pasdaran, habrían sufrido un golpe serio", explicó. Pero advirtió de que "Irán no es un tigre de papel, sigue siendo peligroso, si bien su capacidad de amenazar a Israel ha quedado muy mermada". Hoy, añadió, Teherán no sería capaz de lanzar los 500 proyectiles que disparó contra Israel en el ataque de abril de 2024.
Tampoco lo tiene fácil Irán para retomar su programa nuclear a pesar de que el uranio altamente enriquecido sigue en su poder. "No basta con tener el conocimiento teórico, hace falta una cadena industrial, tecnológica, militar, científicos especializados y, sobre todo, cohesión nacional". Las tres cosas, a su juicio, están hoy fuera del alcance del régimen, muy desgastado por las divisiones internas y especialmente por la última oleada de represión desatada en enero que dejó miles de muertos. "La opresión, las torturas y el control interno consumen recursos que no pueden destinarse a operaciones militares convencionales", dijo, y añadió: "Irán carece de una fuerza aérea moderna y de capacidad para sostener una guerra convencional prolongada".
En la planificación aérea estadounidense e israelí tuvo un papel determinante del caza furtivo F-35, pero no como un avión de combate sino como plataforma de coordinación: "El F-35 funciona como una estación de comunicación capaz de coordinar misiles, artillería y otros aviones sin necesidad de acercarse al objetivo. Es un multiplicador muy serio de la potencia aérea de Israel", explicó.
Grinberg fue escéptico sobre el relato de los principales socios iraníes. Hablando de Putin, dijo que Rusia e Irán no son aliados ideológicos sino socios de conveniencia "que se vigilan mutuamente". China, añadió, depende del petróleo iraní pero tiene sus propios límites. Por ejemplo, Pekín llegó a advertir a Teherán que no minara el Estrecho de Ormuz, porque sus propios buques mercantes serían los primeros en sufrir las consecuencias. Además, el pago chino a Irán no funciona en efectivo ni en dólares: China suministra a los iraníes "no lo que los iraníes quieren, sino lo que los chinos quieren darles."
En lo tocante a España, el analista -comandante en la reserva de la Fuerza de Defensa de Israel- mencionó el caso argelino al recordar que nuestro país depende del gas de Argelia en un 34% y que Argel, aliado histórico de Irán en la región, utiliza ese vínculo energético y el de la inmigración irregular como palanca de presión para lograr sus objetivos. Añadió también que Irán habría usado a Hizbulá para entrenar al Frente Polisario en el uso de drones contra Marruecos. Sobre Pedro Sánchez, fue breve. "Su coalición apoya verbalmente a Irán pero ese apoyo queda limitado a eso, y tiene escasa influencia real en la dinámica global".
Grinberg cerró su intervención rechazando la idea de que este tipo de conflictos tengan una solución diplomática. La guerra -dijo- no es un valor en sí mismo, "pero a veces es el único instrumento que detiene al régimen más peligroso del mundo".