Vox sí calienta para entrar en el Gobierno andaluz
Recuerda una persona muy próxima a Juanma Moreno: «En 2022 conseguimos la mayoría absoluta después de pactar con Vox». Cierto es. Al PP se le resistió el Palacio de San Telmo durante casi cuatro décadas. Antaño era un fortín del PSOE que parecía infranqueable. Pero un partido de nuevo cuño irrumpió por la derecha a lomos de un caballo y, por fin, dieron los números para hacerse con la Junta de Andalucía.
Nadie lo recordará, porque aquello ocurrió en otra era. Un 8 de enero de 2019, en la sede del Parlamento Andaluz, dos señores llamados Teodoro García Egea y Javier Ortega Smith estamparon su firma en un documento programático que recogía medidas como: sustituir la Ley de Memoria Histórica andaluza por una de «concordia», crear una Consejería de Familia o establecer un teléfono público para los casos de violencia intrafamiliar.
Entonces, la izquierda rodeó la sede de la soberanía popular. Se armó una escandalera tremenda y el desenlace fue que la legislatura terminó con un arrase del PP en las urnas. Ahora que los populares vuelven a depender del pulgar de Santiago Abascal en la comunidad andaluza, algunos dirigentes echan la vista atrás para concluir que «si se hacen las cosas bien», la alianza con Vox puede hasta ser beneficiosa. Tanto en el tablero regional como en el nacional.
Por partes. Hace cuatro años, el pronóstico del promedio de encuestas antes de que se convocaran las elecciones era pintiparado al de esta cita. Vox parecía desbocado con una subida que lo iba a disparar de 17 escaños para arriba. Hasta apostó por una candidata de postín que llegó a un debate televisivo y le tendió a mano al presidente de la Junta: «¿Usted quiere ser mi vicepresidente?». Pero luego, una conjunción de fenómenos: las estridencias de Vox, el miedo que despertó, catapultaron grandes dosis de voto útil para el PP, que metió la bola dentro de la portería. Los cualitativos posteriores apuntaron a una importante transferencia de voto de Vox al PP.
Todavía es pronto para sacar conclusiones de lo que ocurrió el pasado domingo, pero está claro que con un puñado de las más de 500.000 papeletas que se llevó Vox en dos provincias concretas hubiera bastado para salvar el último. Y ya estaba hecha la absoluta.
Ergo: en el PP hay quienes creen que forjar una nueva alianza con Vox podría servir para neutralizarlo en un futuro y, de paso, ensanchar la base electoral por la derecha. Está por ver en que términos se produce el entendimiento, si es que lo hay. Porque todavía no está claro. «Si en la investidura Vox se abstiene o se vota a sí mismo, Juanma sale elegido», apunta un cargo del partido, que apuesta por no ceder. El presidente andaluz, no obstante, ya ha reconocido que la realidad obliga a buscar una alianza.
Su objetivo es gobernar en solitario. Y también ahí se ha generado algo de debate en la formación. «¿Y por qué no darles un puesto, lo que les corresponda de forma proporcional, y les hacemos el abrazo del oso?», se pregunta un diputado nacional con carnet del PP andaluz. Cree que será más manejable si está dentro del gobierno que si anda fuera.
Aunque, por otro lado, la mayoría de dirigentes en el partido coinciden en que con un reparto de diputados tan desigual, Vox no se puede poner muy digno exigiendo «sillones». Que, según aclaró ayer Ignacio Garriga, no es descartable que finalmente los reclamen. Lo primero, recalcó el lunes, «las medidas». Y después, añadió, lo que tenga que venir. Al respecto, en el PP no ven inconveniente con que Moreno firme la susodicha «prioridad nacional». A fin de cuentas, han hecho lo propio dos de sus colegas: María Guardiola y Jorge Azcón. Y tiene pinta de que Alfonso Fernández Mañueco comulgará con el sintagma.
Para los intereses de Alberto Núñez Feijóo la teoría que defienden en sus filas es que si el barón andaluz, arquetipo del moderantismo, pacta con Vox y no pasa nada, mejor que mejor. Uno, porque desactiva cualquier discurso del miedo que pueda agitar la izquierda para salvar los muebles en elecciones venideras. Y dos, porque Vox se queda sin argumentos para azuzar al PP cuando termina reconociéndose en lo que siempre fue: un tercero cuya única utilidad es pactar con el PP. Andalucía confirma el frenazo de Vox. Y al PP le interesan sus votantes.