Juanma Moreno se adapta a la vía Feijóo para el «cambio» y negociará con Vox
«Hay que verlo con normalidad», conviene con LA RAZÓN un presidente autonómico con mando en plaza. La realidad es la que es. Y así seguirá siendo, aunque se piense al revés. Ha consagrado Andalucía que, salvo excepciones como Galicia o la Comunidad de Madrid, la única vía posible que tiene el Partido Popular para gobernar es con Vox. Bien sea desde fuera, como ocurre en Baleares, la Región de Murcia y la Comunidad Valenciana, o desde dentro.
Alberto Núñez Feijóo asumió el percal tras Extremadura y Aragón, dos citas electorales que forzaron dirigentes de su partido a destiempo y con la primera y única intención de romper el bloqueo y reducir la dependencia del partido verde. Sin embargo, sendos desenlaces reajustaron el tablero del nuevo ciclo político. «Ya no funciona el discurso del miedo porque lo que da miedo es que todo siga igual en España», proclamó ayer en la Junta Directiva Nacional de su partido, que se reunió en la sede central de Génova para celebrar el resultado andaluz.
«Miedo da Sánchez. Eso sí da miedo», repitió con la idea de contraponer las alianzas de sus barones y Vox con los escándalos políticos y de corrupción que rodean al presidente del Gobierno.
A finales de febrero, constatado que Vox se anclaba en el tercer puesto con la condición de llave, el presidente del PP se hizo cargo de la situación y decidió diseñar un documento en el que fijaba un marco para todos los pactos venideros. Como el que, esperan en el PP, firmará Juanma Moreno después de entrar en el club de los que dependen del pulgar de Santiago Abascal para poder gobernar. A pesar de una victoria tan incontestable como incompleta. Los dos escaños que le faltaron para coronarse con otra mayoría absoluta los tiene en su poder el partido verde. Y si el presidente andaluz quiere salvaguardar la codiciada estabilidad en su tierra, no le quedará más remedio que pasar por el aro.
Según los mandos populares, el presidente andaluz cuenta con alguna que otra ventaja: hay dos precedentes de acuerdo, y un tercero en camino, que le facilitarán las cosas. Y, con semejante reparto de escaños, tampoco podrá Vox exigir unas condiciones inicuas. Aunque no será esa la prioridad de la dirección nacional de su formación, donde aseguran que andan inmersos en otra empresa mayor: consumar el cambio que se frustró en las últimas generales.
Pasadas las andaluzas, Núñez Feijóo activa el «modo Moncloa». Nada más. Y nada menos. «Arranca nuestra campaña», resumen en su equipo. Este lunes, en su declaración ante los cuadros populares, el presidente nacional repitió hasta treinta y tres veces la palabra «cambio». Pulsó así el botón de inicio de la carrera de su vida. La última bala. Es ahora o nunca. Seguir o adiós. Y desde ayer mismo todos los esfuerzos andan concentrados en levantar un proyecto que consiga encandilar a una mayoría suficiente de electores para echar, esta vez sí, a Pedro Sánchez.
El dilema con Vox en Andalucía
«No vamos a centrarnos en lo de los demás», añaden en su equipo. Es la respuesta más concluyente que ofrecen a la pregunta de qué piensan hacer con la negociación andaluza. Aseguran que el escenario es distinto. Porque, a priori, no parece que vaya a haber una coalición. Algo que, por otro lado, tampoco está del todo claro.
Que Juanma Moreno quiere repetir en solitario lo confirmó él mismo durante toda la campaña y lo repitió horas después de terminar el escrutinio. «Yo creo que el resultado es lo suficientemente contundente. Lo razonable y sensato es respetar lo que la mayoría de andaluces ha decidido en las urnas: que el PP gobierne en solitario. Lo digo por una razón, el PP ha sacado 150.000 votos más, casi 20 puntos más que el PSOE y casi 30 más que Vox».
Sin embargo, admitió que «la dinámica parlamentaria» obliga a «acuerdos» y, por pura lógica, el único camino posible es Vox. Ni el PSOE ni las izquierdas han dado señales de querer abstenerse. Que, por otro lado, tampoco parece la opción preferida del PP.
No será esta semana cuando se aclare el futuro en Andalucía. La intención de Moreno es darse unos días de margen antes de mover ficha alguna. «Ahora mismo estamos en la resaca, no hay ningún tipo de contacto», aclaró. De su predisposición a asumir según qué postulados de Vox, tampoco quiso ser concluyente. A la susodicha «prioridad nacional» que exigirán los de Abascal, replicó: «Nosotros tenemos una prioridad: Andalucía. Eso es lo que vamos a respetar, lo que vamos a hacer y lo que hemos hecho hasta ahora».
La prioridad nacional
Ni sí, ni no. En el PP se resisten a hacer cábalas y tampoco se prestan a dar nada por sentado. Aunque en el partido hay quienes consideran que toda vez que María Guardiola y Jorge Azcón han comulgado con el sintagma, no hay razón para que Alfonso Fernández Mañueco o Moreno apuesten ahora por plantarle cara. A fin de cuentas, recuerdan que se trata de una concesión literaria que no tiene mayor implicación que reforzar un arraigo que ya existe como requisito para la concesión de algunas ayudas sociales.
Desde las filas de Vox ni siquiera manejan la hipótesis de que Moreno se cierre en banda a asumir como propio el concepto. «Hará lo mismo que han hecho sus compañeros. No vemos motivo para que un líder regional del PP no quiera asumir lo que han asumido otros dos líderes del PP», pronostican en Bambú, cuartel general del partido.
En el caso de que el presidente andaluz opte por plantarle cara a la «prioridad nacional», los de Abascal advierten: «Tendremos un problema». No será fácil la negociación que se avecina. En el PP lo saben. Por todo lo que representa la figura en liza: un barón que siempre ha hecho gala de su moderación y de transitar una vía opuesta a la de Vox. Y porque hace cuatro años su mayoría absoluta dejó noqueado al partido verde. En Génova anticipan un parto largo y complicado. «Se las van a hacer pasar putas», se encoge de hombros un mando del partido.
La única esperanza que tienen los populares es que Moreno no tendrá que bajarse los pantalones en los «temas morales», los que más movilizan a la izquierda. Aborto, género, igualdad. El pulso estará en otros derroteros y tampoco hay que ser adivino para prever que, que el pacto andaluz se centrará en el campo.
No serán problemas con los que tenga que lidiar personalmente Feijóo. Andará pendiente, pero ocupado en su tarea: llegar a la Moncloa. «No entrar al barro ni a las trampas. Propuestas, futuro. Ha marcado el camino para el cambio», resume una persona de su equipo sobre lo que ya ha empezado. «Tenemos un proyecto para España. Vamos a salir a la calle con él, vamos a escuchar a la gente, vamos a enriquecerlo. Y, añado, vamos a cumplirlo», prometió el presidente popular.