Los riesgos de usar testosterona sin control
El creciente auge de contenidos sobre testosterona en redes sociales, podcasts y plataformas de vídeos ha disparado el interés de muchos hombres por las terapias hormonales masculinas. Influencers, entrenadores y perfiles centrados en rendimiento físico promueven con frecuencia el uso de testosterona como una supuesta solución rápida para mejorar la energía, el físico, el deseo sexual o el estado de ánimo. Este fenómeno está favoreciendo la automedicación y el uso inadecuado de tratamientos hormonales sin supervisión médica. El doctor François Peinado, cirujano urólogo especialista en cirugía reconstructiva de pene, enfermedad de Peyronie y medicina sexual, advierte que “la testosterona se está simplificando peligrosamente en redes sociales”. “Se transmite muchas veces como si fuera una fórmula para sentirse más fuerte, más joven o más masculino, cuando en realidad estamos hablando de una hormona con efectos complejos sobre múltiples órganos y sistemas del cuerpo”, detalla.
El experto concreta que la testosterona desempeña funciones importantes relacionadas con la masa muscular, la densidad ósea, la función sexual, el metabolismo o el estado de ánimo. No obstante, insiste en que esto “no significa que cualquier hombre cansado o con estrés necesite tratamiento hormonal”. “El déficit androgénico requiere una valoración médica rigurosa, con síntomas compatibles, analíticas bien interpretadas y un estudio individualizado del paciente. El problema es que en redes sociales muchas veces se elimina toda esa complejidad y se vende una solución universal que no existe”, destaca.
Desconocimiento de los riesgos
El doctor Peinado reconoce que en los últimos años la evidencia científica sobre testosterona ha evolucionado y que algunos mensajes excesivamente alarmistas del pasado han sido revisados. En este sentido, recuerda que investigaciones recientes, como el ensayo clínico TRAVERSE, han aportado datos más sólidos sobre seguridad cardiovascular en pacientes adecuadamente seleccionados. “La medicina tiene que actualizarse cuando aparecen mejores estudios. No es razonable seguir transmitiendo información basada únicamente en miedos antiguos o en estudios con limitaciones metodológicas importantes”, sostiene.
Sin embargo, el especialista recalca que esta evolución científica “no puede convertirse en una excusa para trivializar el uso de testosterona”. En su opinión, una de las mayores preocupaciones actuales es el aumento de hombres jóvenes que inician tratamientos hormonales sin diagnóstico claro, sin controles analíticos y sin conocer realmente los riesgos asociados. “Estamos viendo cada vez más pacientes que llegan a consulta tras haberse hormonado por recomendación de internet, gimnasios o supuestos expertos sin formación médica. Y eso puede acabar generando problemas importantes”, afirma.
Entre las posibles complicaciones del uso inadecuado de testosterona, el doctor Peinado menciona alteraciones de la fertilidad, supresión de la producción hormonal natural, cambios hematológicos, problemas cardiovasculares en determinados perfiles de riesgo, acné, alteraciones hepáticas o dependencia psicológica de la propia imagen corporal. “Hay hombres jóvenes que empiezan buscando más músculo o más energía y terminan necesitando supervisión médica porque su eje hormonal ha quedado alterado”, explica.
Una sociedad obsesionada
El especialista considera que parte del problema está relacionado con el contexto cultural actual. “Vivimos en una sociedad obsesionada con el rendimiento permanente: rendimiento físico, sexual, laboral y estético. Y en ese escenario la testosterona se ha convertido casi en un símbolo de éxito o de masculinidad idealizada. El problema es que la biología humana no funciona como un vídeo de TikTok de 30 segundos”, afirma.
Por ello, insiste en diferenciar claramente entre el uso médico de testosterona en pacientes correctamente diagnosticados y el consumo indiscriminado impulsado por redes sociales. “La testosterona no es una solución mágica ni un suplemento fitness. Puede ser un tratamiento útil y legítimo en determinados pacientes, pero requiere diagnóstico preciso, seguimiento clínico y controles periódicos. Hormonarse sin control no es modernidad ni salud masculina avanzada: puede ser directamente peligroso”, concluye el doctor Peinado.