Por qué Vox no dejará nunca que Moreno gobierne solo
La única lectura que Vox hace de estas elecciones autonómicas es que el PP ha perdido la capacidad de seguir gobernando como si ellos no existieran, a pesar de que Juanma Moreno se haya quedado a solo dos escaños de la mayoría absoluta. Ahora empieza el combate de declaraciones y de intoxicaciones preparatorias de la negociación, pero los hechos son suficientemente consistentes como para poder afirmar que hoy Vox no mira únicamente a los números, sino que mira al poder. Y que no aceptará no entrar en el nuevo gobierno andaluz. Los dos partidos se vigilan de reojo: el PP ha estado contando que es una "trampa inteligente" meterles en sus gabinetes autonómicos, dicen que para que se desgasten, y en el partido de Santiago Abascal creen que es obligatorio controlar de nuevo consejerías en esta nueva fase de la relación en el bloque de la derecha. En la que su objetivo, por cierto, sigue siendo único: explotar el discurso emocional e ideológico para complicarle la existencia a Alberto Núñez Feijóo.
La estrategia de Vox ha cambiado completamente en este ciclo político. Antes le bastaba con condicionar desde el Parlamento, pero ahora exigen entrar en los gobiernos, como ya ha ocurrido en Castilla y León, Aragón o Extremadura. La dirección de Abascal llegó a una conclusión después de esa etapa de apoyo externo a ejecutivos del PP: apoyar gratis desgasta a Vox y fortalece a los populares, y más en un contexto preelectoral como el actual. El partido cree que si no ocupa consejerías, el PP acaba recentrando sus políticas, rebajando compromisos y utilizando a Vox solo como muleta parlamentaria.
Andalucía tiene además un valor simbólico enorme para Abascal porque es el principal escaparate político del PP en España y el modelo que a Feijóo le gustaría exportar a La Moncloa: una derecha moderada, amplia y sin dependencia visible de Vox. Precisamente por eso el resultado tiene tanta importancia para la formación de Abascal. En Vox también hacen la lectura de que una campaña endurecida sobre inmigración, seguridad, narcotráfico y “prioridad nacional” les ha servido para sostener posiciones. Y, por tanto, analizan que una parte del electorado conservador le ha votado precisamente para impedir que Moreno siga gobernando en solitario con un perfil centrista. Es decir, que sus votantes no quieren otro apoyo externo silencioso, sino poder político real dentro de San Telmo.
En la dirección de Abascal argumentan, además, que el PP "llega debilitado" a la negociación pese a haber ganado las elecciones. Moreno perdió cinco escaños respecto a 2022, pero quedó solo a dos escaños de la mayoría absoluta que esperaba. Una repetición electoral sería un riesgo para el PP porque podría reforzar todavía más a Vox dentro del bloque conservador, y esa debilidad estratégica es la que Vox cree que debe aprovechar ahora.
Todos estos argumentos, que están en la mesa estratégica de Vox, explican que, más allá de lo que digan y hagan en las próximas semanas, unos y otros, Abascal no se conformará con acuerdos vagos de investidura o presupuestos. Quiere consejerías, estructura y visibilidad institucional. Necesita demostrar que tiene capacidad de gestión, poder territorial y presencia real dentro del Estado autonómico.
El problema para Moreno, después de arrasar
Toda su construcción política se basa en la idea de gobernar Andalucía desde el centro derecha moderado, evitando aparecer subordinado a Vox. Esta estrategia le permitió conquistar votantes socialistas moderados, sectores empresariales y parte del electorado urbano que rechazaba la polarización. Y su gran dilema a partir de hoy será, por tanto, político y no matemático. Puede intentar resistir para proteger su perfil moderado y evitar el desgaste nacional que supondría abrir las puertas del Gobierno andaluz a Vox, como verso libre frente a la directriz fijada por Génova en este nuevo ciclo electoral, pero cada día que pase sin estabilidad parlamentaria aumentará la presión sobre el PP.
Y, como último factor que anticipa lo que va a ocurrir, esa exigencia, no negociable, por parte de Vox para entrar en el nuevo gobierno andaluz, está la necesidad que tiene la dirección de este partido de buscar refugio en una victoria psicológica. Después de meses de tensión interna, de desgaste y de pulso con sus críticos, a Abascal le interesa usar Andalucía como plataforma para poner sordina a sus problemas orgánicos.