Casi 150 años de historia: el plan para salvar la plaza de toros más extraña de España
En el corazón de la sierra de Huelva, una joya arquitectónica casi olvidada lucha por recuperar su esplendor. Se trata de un coso construido en 1880 por el maestro alarife portugués Domingo Alfonso de Amorín, quien recibió el insólito encargo de levantar una plaza no en el centro del pueblo, sino aprovechando la orografía de una montaña a las afueras. A diferencia de las construcciones convencionales, este maestro no excavó la colina, sino que utilizó la propia naturaleza para esculpir el graderío, logrando una integración total con el paisaje que permitió albergar hasta 3.700 espectadores en una localidad que apenas llegaba al millar de habitantes.
Tras décadas de abandono desde el último festejo en 1952, el Ayuntamiento, liderado por Manuel Martín, ha iniciado un plan de rehabilitación para convertir este espacio en un centro cultural polivalente. La tarea no es sencilla: la plaza fue literalmente "mutilada" por una carretera de circunvalación inamovible que sesgó parte de su estructura original. Por ello, el proyecto asume que el coso ya no volverá a ser perfectamente redondo, pero conservará su esencia de anfiteatro pétreo incrustado en la roca, respetando la visión que tuvo su arquitecto hace casi un siglo y medio.
La financiación es el principal obstáculo de esta recuperación. Con un presupuesto municipal de apenas 270.000 euros anuales, el consistorio depende de inyecciones externas, como los 30.000 euros del Plan de Cooperación de la Junta de Andalucía, para afrontar una obra valorada en medio millón de euros. "Se está haciendo poco a poco", reconoce el alcalde, quien lamenta que la falta de inversión en años anteriores haya dilatado tanto el proceso. No obstante, la estrategia actual se basa en la paciencia y el respeto a los tiempos que exige la mampostería tradicional.
Un punto de inflexión en este camino fue la puesta en marcha de un taller de empleo denominado "Recuperación de Oficios Artesanales". Durante casi un año, diez vecinos en situación de desempleo se formaron en mampostería para restaurar partes críticas del muro y el graderío. Este enfoque no solo ha permitido avanzar en la reconstrucción física, sino que ha devuelto al pueblo el conocimiento de técnicas constructivas ancestrales que son las mismas que se utilizaron en 1884, reforzando el vínculo emocional de la comunidad con su patrimonio.
La reforma también debe lidiar con la normativa actual de seguridad y accesibilidad. Aunque el objetivo es devolverle su aspecto decimonónico, ha sido necesario redimensionar las escaleras y butacas originales, ya que las medidas de la época no cumplen con las exigencias actuales para un espacio escénico público. Este equilibrio entre lo histórico y lo funcional permitirá que el coso no sea solo un monumento contemplativo, sino un lugar vivo capaz de acoger conciertos, teatro y eventos culturales durante todo el año en la comarca.
Pese a que el camino es largo, la ilusión del municipio por recuperar su seña de identidad más llamativa permanece intacta. Cuando los trabajos finalicen, la sierra onubense contará con un espacio cultural único en España, un testimonio de ingeniería verde "avant la lettre" que demuestra cómo el hombre supo adaptarse al terreno sin destruirlo. La plaza, aunque incompleta por el corte de la carretera, se prepara para escribir un nuevo capítulo de su historia, pasando de ser una ruina devorada por la maleza a convertirse en el motor cultural del pueblo.