El derecho a la salud convertido en lujo: solo existen 107 mamógrafos en Perú para detectar el cáncer de mama
Sentir una pequeña bolita en el pecho puede ser una señal de alerta decisiva. Pero en regiones amazónicas como Ucayali, Loreto o Amazonas, realizarse una mamografía no es una garantía del sistema de salud, sino un lujo casi inalcanzable. En algunos casos, las mujeres deben viajar cientos de kilómetros o esperar campañas esporádicas para realizarse un examen clave para detectar el cáncer de mama a tiempo.
Actualmente, el sistema público peruano cuenta con apenas 107 mamógrafos operativos entre el Ministerio de Salud (con 72) y EsSalud (con 35), según información obtenida vía transparencia por La República. La cifra está muy por debajo de lo recomendado: se estima que el país necesitaría entre 220 y 330 equipos para cubrir adecuadamente la demanda nacional.
El impacto es claro. Mientras en varios países los fallecimientos por cáncer de mama vienen disminuyendo gracias al diagnóstico temprano, en Perú la tendencia es inversa: la mortalidad pasó de 0,66 en 2023 a 0,73 en 2025. El año pasado, este mal cobró 2.279 vidas.
El Minsa estima que diariamente 21 mujeres son diagnosticadas, aunque expertos advierten que existe un importante subregistro de casos. “La gente no tiene acceso a un examen tan simple como una mamografía para detectar una enfermedad que mata a seis mujeres al día”, denunció el director de la Liga Contra el Cáncer, Mauricio León.
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Equipos inoperativos o en mal estado
Al déficit de infraestructura se suma el mal estado de parte de los equipos existentes. De acuerdo con organizaciones especializadas, al menos 28 mamógrafos se encuentran inoperativos a nivel nacional, la mayoría ubicados fuera de Lima.
La presidenta de la organización Un Perú sin Cáncer, Gianina Orellana, advierte que la capacidad real del sistema es incluso menor a la que reflejan los registros oficiales.
“Tenemos cerca de cuatro millones de mujeres en edad de realizarse chequeos preventivos y no contamos con la capacidad para hacer el tamizaje que requieren”, señala la experta.
Según detalló, las mayores brechas se concentran en regiones como Amazonas, Huancavelica, Madre de Dios, Tumbes y Ucayali, donde además faltan médicos radiólogos y patólogos capaces de confirmar diagnósticos.
A ello se suma la antigüedad de varios equipos y la falta de presupuesto para mantenimiento. “Muchos mamógrafos trabajan apenas al 5% de su capacidad y terminan malográndose porque no hay personal capacitado ni mantenimiento”, señala Orellana.
La situación también se evidencia en los propios registros oficiales del Minsa. Según el tablero “El cáncer no avisa”, la cobertura de tamizaje mediante mamografía en mujeres de 50 a 69 años apenas alcanzó 0,99% en 2025 a nivel nacional, muy lejos de la meta trianual de 72%.
Lima registró el mayor avance con 1,54%, mientras que varias regiones amazónicas se mantuvieron cerca de cero. En Ucayali y Loreto, por ejemplo, la cobertura prácticamente fue inexistente.
“La desigualdad territorial es enorme. Mientras más lejos de Lima, peor es el acceso. En la selva casi no hay equipos”, sostiene Mauricio León.
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Centralización de la salud
La concentración de servicios en Lima obliga a miles de pacientes a viajar para realizarse exámenes básicos. A los costos del traslado se suman alojamiento, alimentación y pérdida de ingresos laborales.
“No es solo un problema de ahora. Llevamos décadas sin priorizar la prevención. Todo el presupuesto se concentra en hospitales grandes y no en el primer nivel de atención”, cuestiona León.
Actualmente, regiones amazónicas como Loreto, San Martín y Ucayali continúan entre las zonas con menor acceso a mamografías y servicios especializados. Igualmente, las tasas de mortalidad son más críticas en dichas zonas.
Diagnósticos que llegan tarde
La falta de equipos y especialistas termina prolongando la atención. En el sistema público, una paciente puede tardar entre seis y nueve meses desde que detecta un síntoma hasta llegar a un diagnóstico especializado.
“Una mujer puede iniciar con un cáncer en estadio uno y, por las demoras del sistema, terminar llegando en estadio tres o cuatro”, explica Orellana.
El problema no solo reduce las probabilidades de supervivencia, sino que también incrementa el costo del tratamiento para el Estado. Recursos que, advierten expertos, podrían ser utilizados para prevenir la enfermedad.
Dinero no invertido
Pese al incremento sostenido del presupuesto destinado a la prevención y control del cáncer en años anteriores, para 2026 se observa una reducción en los recursos asignados, con S/1468 millones respecto a los S/1591 millones del 2025, según cifras del SIAF-MEF.
Además, este año la ejecución presupuestal bajó a 88%, una pérdida de eficiencia respecto a años anteriores, donde se superaba el 90%.
Las propuestas para cerrar la brecha
Especialistas y organizaciones plantean reforzar las estrategias de prevención y descentralizar los diagnósticos. Una de las iniciativas es impulsar unidades móviles con mamógrafos y telemedicina para realizar chequeos gratuitos en provincias y enviar resultados en menos de 24 horas.
Otras propuestas incluyen alquiler de equipos, asociaciones público-privadas, obras por impuestos y fortalecimiento del primer nivel de atención para ampliar la capacidad de diagnóstico temprano en regiones. ‘‘Necesitamos que se tomen decisiones ya’’, finalizó Orellana.
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