La «Monterada» andaluza
Acierta de pleno Juanma Moreno cuando dice que Pedro Sánchez ha enviado a Andalucía a «la ministra de los líos». Sobre los hombros de María Jesús Montero planean su nefasta gestión en el ministerio de Hacienda sin haber cerrado los Presupuestos y con inspecciones fiscales salvajes a los sufridos ciudadanos. Los turbios manejos de la SEPI, cada vez más enredados con los rescates de Plus Ultra o Tubos Reunidos. Su afinidad con José Luis Ábalos, haber sido la fiel escudera del presidente como número dos del Gobierno y el partido, y sus cesiones a los independentistas catalanes. Toda una batería de «chanchullos» en palabras de sus compañeros andaluces que la critican en privado sin cortarse un pelo.
Esta «Monterada», o sea el aterrizaje en Andalucía de quien consideran la peor candidata, «nos costará una bofetada», admiten algunos de ellos. Soplan malos vientos por la calle San Vicente, sede del PSOE en Sevilla y crece el rechazo a Montero. Véase la airada reacción con que fue recibida en el funeral por los dos guardias civiles fallecidos en Huelva a manos de los narcotraficantes. Un acto con impresentables ausencias que reveló la insensibilidad de Pedro Sánchez, el rechazo a su candidata y la indignidad del titular de Interior, Fernando Grande-Marlaska.
Para colmo del escarnio María Jesús Montero calificó la muerte de los dos miembros de la Benemérita como «accidente laboral», lo que provocó estupor en sus compañeros.
El último debate televisivo de los candidatos demostró la fragilidad de la socialista, empeñada en nacionalizar la campaña y hablar más como ministra del Gobierno que como aspirante a la Junta andaluza. Una estrategia ordenada desde La Moncloa bajo la soberbia del gran jefe Sánchez, convencido de que solo él puede movilizar ese medio millón de votos que se queda en casa. Un error, pues estas elecciones son también un plebiscito contra la gestión del Ejecutivo socialcomunista y las cesiones a los separatistas catalanes en detrimento de Andalucía.
La campaña ha estado marcada por el lema de «Todos contra Juanma Moreno», quien ha salido airoso con un mensaje moderado, transversal y de estabilidad.
La propaganda «sanchista» ha encontrado un filón en el hantavirus y Pedro Sánchez ha tirado de autobombo junto al director de la OMS. Todo lo que no se hizo con la tragedia de la dana en Valencia y sus doscientas víctimas se ha volcado en tromba con la crisis vírica.
Resulta patética la puesta en escena de tres nefastos ministros, Mónica García, Grande-Marlaska y Ángel Víctor Torres alardeando de su gestión como un «show» de filmoteca. ¿Olvidan al español positivo ingresado en el Gómez Ulla? ¿Asume la señora ministra de Sanidad este contagio? Y los pacientes afectados del barco Hondius suponen casi el ocho por ciento del pasaje.
Ese «orgullo de país» del que habla Mónica García encubre una crisis institucional con el presidente canario, Fernando Clavijo, desdeñado por el Gobierno central en un choque muy grave añadido a la presión migratoria del archipiélago. Para Sánchez y sus terminales el electoralismo es lo primero, aunque la vocera del PSOE, esa tal Montse Mínguez, inunda su boca con acusaciones al PP de utilizar la tragedia.
El 17M Juanma Moreno se juega la mayoría absoluta por un puñado de votos y Sánchez apelará de nuevo al miedo a la derecha, al ruido en su último mitin en Sevilla. Un discurso rebosante de narcisismo ignorando a la candidata. Es su estilo. ¿Alguien se acuerda ya de Pilar Alegría o Miguel Ángel Gallardo? En el socialismo andaluz cunde la idea de que si Montero fracasa volverá de nuevo a Madrid. Andalucía le importa un rábano y cuentan se niega a quedarse en la oposición en el Parlamento autonómico. Mujer echada «palante», va camino de engrosar la lista de cadáveres en el camino de su jefe.