Rafael Vázquez Valenzuela es ingeniero, licenciado en Matemáticas y catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Sevilla, donde dirige la cátedra Indra de Vigilancia Espacial que coordina el máster en Operación de Sistemas Espaciales, pionero en España. Su grupo de investigación ha colaborado con la NASA en la misión tripulada Artemis II que ha logrado por primera vez sobrevolar la cara oculta de la Luna. Este doctor en Ingeniería Aeroespacial por la University of California San Diego pudo quedarse a trabajar en Estados Unidos, donde su carrera profesional se habría disparado como un cohete, pero prefirió volver a Sevilla. «La tierra, la familia y los amigos tiran mucho», dice. -Muchos niños quieren ser astronautas. ¿Quería ser ingeniero aeroespacial desde pequeño? -No, fue por casualidad. Y acaso por la influencia de mi madre, que era profesora de Estadística en la Universidad de Sevilla, a pesar de que nació en 1930. Fue una de las primeras. Estudié ingeniería industrial y luego matemáticas; y en aquella época no se me pasó por la cabeza en ningún momento que yo fuera a trabajar en el espacio. Ni siquiera era una opción que existiera en Sevilla, de hecho yo trabajé primero en el sector de la informática. Pero surgió la posibilidad de estudiar un doctorado en aeronáutica aeroespacial y conecté con un profesor muy conocido en Estados Unidos, en la Universidad de California San Diego. Conseguí una beca gracias a ese profesor y pude financiar mi doctorado en Estados Unidos. Fue una de las etapas más increíbles de mi vida. Me planteé quedarme pero la tierra tira mucho, la familia, los amigos... y surgió una opciñon de volver precisamente a una plaza en la Universidad de Sevilla para impartir una asignatura nueva llamada «mecánica orbital». Partimos casi de cero pero ahora ya tenemos un grupo de investigación de diez personas. -Estuvo cuatro años en California. ¿Qué es lo que más le llamó la atención de su sistema universitario y de investigación, y del ambiente de trabajo, en general? -Lo más increíble para mí fue la diversidad, poder hablar cada semana con alguien nuevo de otro país. Era un ambiente increíblemente internacional. Luego es un sitio que recuerda en algunos aspectos a Sevilla porque allí tampoco te falta el sol, hay buen clima. De hecho, San Diego es como Sevilla en primavera, pero todo el año. Llega a ser aburrido que sea Navidad y estar con las chanclas. Ya echas de menos incluso el frío, pero fue una experiencia inolvidable. San Francisco es exactamente igual que en las películas y es una tierra de la oportunidad donde el buen trabajo se valora y hay posibilidades de prosperar. Mi sueño es que Andalucía llegue a ser un día como California porque tenemos muchas condiciones que lo permitirían, al menos en principio. -Hace cuarenta años el entonces presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, hablaba de convertir a Andalucía en la California del sur de Europa. -Claro. ¿Qué es lo que tiene California que la hace tan atractiva? Pue el clima, la playa, la mentalidad abierta, y todas esas cosas las tenemos en Andalucía. -¿Qué nos falta entonces para convertirnos en esa California europea? -Inversión y emprendimiento quizá. Y facilidades. Porque allí montar una empresa es muy sencillo, hay menos trabas, aquí las cosas son más complicadas por las razones que sea. Pero son más complicadas. Lo que no nos falta es materia gris, lo digo en serio, porque creo que el potencial de la gente de Andalucía es inmenso. Yo lo veo mucho en mis alumnos de la escuela (Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Sevilla), que se los rifan en España y el resto de Europa. Tenemos un buen prestigio. -¿Cómo es aquí la formación que se da a los alumnos? -Es muy curioso porque a lo mejor otras universidades tienen quizá una formación más práctica. Nosotros le damos muy bien los fundamentos y realmente la oportunidad que tienen luego los alumnos es de desarrollar todos esos conocimientos. A ellos al principio no les gusta tanta teoría, pero luego eso les ayuda mucho en su carrera profesional. -La mayor cultura de emprendimiento que usted vio en Estados Unidos tiene que ver con la poca burocracia y las pocas trabas que existen para montar una empresa o también con que el fracaso no está mal visto socialmente, a diferencia de lo que ocurre en Andalucía y muchos lugares de España? -Yo me atrevería a decir que empieza a tener más que ver con lo segundo, porque ahora mismo desde la Administración se intenta potenciar el emprendimiento y las ayudas. Tengo algunos alumnos que han empezado conmigo el doctorado y que ya tienen una startup. Quizá aún con una mentalidad un poco más española porque como estudiantes de doctorado tienen un sueldo fijo. Además, les ha financiado la Agencia Espacial Europea. La mentalidad en Estados Unidos es que uno tiene que fracasar para poder triunfar, tiene que caerse para volverse a levantar. Y allí se valora mucho el número de startup que has fundado. Y a la tercera o la cuarta ya consigues el éxito cuando realmente has comprendido bien el sector en el que te estás moviendo. -Aquí, si fracasas una vez, te dan por acabado... Sí, allí es más sencillo la gestión de la deuda o una bancarrota. Es más sencillo volver a empezar. -El grupo de investigación que usted lidera en la Universidad de Sevilla ha tenido una participación en la reciente misión lunar de la NASA denominada Artemis II. ¿Cuál ha sido exactamente? -Quiero destacar que ha sido una colaboración público-privada con la empresa española Integrasys, fundada por un joven sevillano que estudió en el colegio de los Padres Blancos. Y él me contacta para que formemos parte del programa en el seguimiento de la misión, amparándose en su experiencia en comunicaciones espaciales con una trayectoria importante en el sector. Nosotros tenemos mucho conocimiento de órbitas y la combinación gustó y la NASA nos aceptó la propuesta. Lo hicieron dos semanas antes de iniciarse la misión y estábamos preocupados, pero como se pospuso pudimos construir a tiempo la antena en el tejado de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Sevilla. Ha funcionado perfectamente, ha seguido la misión y estamos procesando los resultados para enviárselos a la NASA. -¿ Por qué es tan importante esta misión? -Es un hito volver a la Luna después de 50 años. Y cuatro personas han visto por primera vez la cara oculta de la Luna y han batido el récord de distancia de la Tierra. Y se han podido comprobar todos los sistemas. El Apolo 11 fue el que puso un pie en la Luna y el objetivo de Artemis II ha sido comprobar que todo está en orden para poner de nuevo el pie en la Luna. La siguiente misión comprobará los sistemas de acoplamiento, que sucederán en la órbita baja, y la Artemis IV es la que realizará el alunizaje. Vamos a ir más rápido que con las Apolo. -La estación lunar está prevista para 2030. -Sí, aunque todo depende mucho de los presupuestos y todos sabemos que ahora mismo la situación es cambiante. Y realmente la cantidad de dinero que hace falta para establecer una base en la Luna es altísima. Pero los beneficios serían también muy grandes porque abriría la puerta, por ejemplo, para llegar a Marte se forma más sencilla, porque lanzar desde la Luna es mucho más económico que lanzar desde la Tierra. Y, además, sabiendo que hay hielo allí podemos fabricar oxígeno y podemos fabricar combustible. Y es facilita mucho las cosas, porque porque poner un kilo en la Luna cuesta entre 1 millón y 2 millones de dólares. Si tú lo puedes fabricar allí mismo, estás ahorrando una cantidad ingente de dinero. -¿El helio3 que hay en la Luna podría ser el combustible de las futuras centrales de fusión nuclear? -Correcto. Se sabe que está en la Luna, lo que no se sabe es la economía de su explotación porque igual es muy complicado de minar. -También se habla de que hay platino y tierras raras. -Sí. Y quizá se pueden encontrar más cosas. Una de las cosas más interesantes que vieron los astronautas de Artemis II fueron colores en la Luna que indican erosión de minerales. Poner una base allí permitirá hacer descubrimientos científicos nunca vistos hasta la fecha. -¿Qué proyectos en materia espacial ha realizado o está realizando en este momento su grupo de investigación? -Tenemos muchos pero yo destacaría el proyecto Fuego, financiado por el Ejército del Aire de los Estados Unidos. Nosotros proponíamos usar ciertos modos matemáticos bastante complejos para predecir de alguna manera la incertidumbre en órbita. Esto es importante por la probabilidad de encontrar objetos en la trayectoria de una nave es muy importante en vigilancia espacial. Que es una disciplina en la que tenemos una cátedra en colaboración con la empresa Indra. También tenemos un proyecto llamado Atmos con la Agencia Espacial Europea que usa los datos que podemos obtener del radar de vigilancia espacial que tenemos en la base de Morón de la Frontera. Es un radar de vigilancia espacial que lo ve todo hasta 2.000 kilómetros de distancia. Es realmente un radar que no tiene nada que enviar a ninguna otra potencia en todo el mundo. El objetivo de este proyecto son los modelos atmosféricos. Esto es es importante porque la atmósfera, en sus capas más altas, frena a los satélites y permite predecir bien las reentradas o las trayectorias que van a seguir los satélites. Y hemos concluido ya el proyecto Alpha, un proyecto preliminar para el diseño de un satélite netamente andaluz. Se va a continuar ahora con el proyecto Saeta, en espera de que lo financie la Junta de Andalucía y que nos permitiría poner en órbita el primer satélite andaluz. -¿Con qué objetivo? -Básicamente observación de la Tierra, pero sería una demostración experimental de que somos capaces de poner un satélite en órbita. El proyecto Alpha tenía dos propósitos científicos: uno, medir campos magnéticos; y otro, los efectos de la radiación de los circuitos. Los efectos de la radiación espacial son muy importantes en electrónica. -Morgan Stanley y Goldman&Sachs pronostican que en 2040 el negocio económico en torno a la Luna superará el billón (con b) de dólares al año. -Sí, y no hay que irse tan lejos. Orbitando cerca de la tierra, está el fuerte de la economía espacial. Hablamos de los satélites de posicionamiento GPS galileos, los rusos, los chinos tienen sus propios satélites. Estamos hablando de los satélites meteorológicos, de los cuales nos beneficiamos todos los días, de satélites de comunicaciones de Space-X que dan Internet en cualquier lugar remoto de la Tierra. También hablamos de teléfonos por satélite que funcionan en la Antártida o las cartografías de Google Maps. Los navegadores de Google Maps no salen de drones sino de satélites, por no hablar del telescopio espacial Hubble o el James Webb. La lista de beneficios que obtenemos el espacio es infinita. - ¿Muchos materiales que se usan de forma cotidiana en la Tierra salieron de la investigación espacial? -Sí, el velcro, por ejemplo. Lo desarrolló la NASA para las misiones lunares. -¿Cómo ve usted la carrera espacial entre Estados Unidos y China para hacerse con esos beneficios? -Esa carrera me parece apasionante. La competencia es lo que genera el progreso. Los chinos no tienen experiencia más allá de la órbita baja en misiones tripuladas pero están determinados a poner los recursos que sean necesarios para conseguirlo. Los americanos tienen la experiencia, pero quizás son un poquito menos disciplinados en los presupuestos y mantenimiento de objetivos. ¿Quién va a ganar? Eso solo lo sabremos en unos años.