Arbeloa: "El árbitro se ha cargado la eliminatoria"
Los diez segundos que tardó Camavinga en quedarse con la pelota y el colegiado en mostrarle la segunda amonestación y la roja no correspondían al partido que Bayern y Real Madrid estaban jugando. El duelo era un intercambio de golpes sin tregua, que se estaba acercando a la prórroga con los boxeadores ya casi sin aire en los pulmones. Nadie sabe qué hubiese pasado, porque en ese momento apareció Vincic con una decisión que puso casi punto y final a todo. «No se puede expulsar a un jugador por una cosa así. El árbitro no sabía que tenía tarjeta, yo creo, y por eso se la ha sacado, pero se ha cargado una eliminatoria y un partido que estaba siendo muy bonito, muy igualado, que estaba en todo lo alto, y ahí se ha acabado todo», decía Arbeloa, dolido por no haber podido comprobar si sus futbolistas eran capaces de llevar el pulso con el Bayern hasta el final. Apareció en el Allianz un Madrid desconocido durante mucha parte del curso. Comprometido, intenso, luchador y que apretaba los dientes cuando su rival trataba de imponerse.
Una plantilla que miraba de reojo al precipicio y que supo poner en apuros a este Bayern que siempre va a toda máquina. «Ha sido un muy buen partido de mis jugadores, lo siento por ellos, por el esfuerzo que han hecho, lo siento por todos los madridistas que han venido aquí y por los que están en casa. Me duele porque el Real Madrid no va a ganar la decimosexta Copa de Europa esta temporada, pero se han dejado el alma, estoy muy orgulloso, y volvemos con nuestro escudo, como dije ayer, porque lo han dado todo», insistía Arbeloa, que sorprendió con un centro del campo sin obreros del metal ante la ausencia de Tchouaméni. Prefirió el ojo por ojo y no estuvo tan lejos de salirle bien. «Alguna ocasión hemos tenido para poder hacer algún gol más, teníamos a algún jugador cansado, pero justo antes del gol íbamos a meter un par de cambios de refresco, pero ya se había acabado todo y no ha podido ser», analizaba ese desenlace extraño, con Camavinga quedándose la pelota sin ninguna intención ni cortando una acción peligrosa del rival. Una bobada que Vincic convirtió en la jugada que lo definía todo. Porque después llegó el gol de Luis Díaz que desequilibraba el duelo de manera definitiva.
El Madrid quiso negarse a su destino con Bellingham siendo importante en el centro y su talismán Mendy con el cometido de secar a Olise. Lo consiguió hasta casi el final, pero no fue suficiente. Mbappé llegó a su decimoquinto gol en el torneo, a pase de Vinicius, al brasileño le faltó la magia de otras veces en Europa.