El dilema de España ante el rearme europeo: ¿Es viable depender solo del portaaviones Juan Carlos I?
Por tierra, mar y aire. Los conflictos armados junto con la tensión geopolítica se ciernen sobre el 'Viejo Continente'. En la única época histórica que no ha dejado conflictos armados directos en la facción occidental europea desde el final de la II Guerra Mundial, la presión que llega desde Rusia y Oriente Medio alteran el ambiente de paz forjado. Siempre con el liderazgo de EE UU, la OTAN impuso el aumento del gasto en Defensa cumplido a regañadientes por el Gobierno.
En el ámbito terrestre, Francia, Polonia, Alemania o Estonia han reaccionado con el regreso del servicio militar obligatorio. De manera oficial el último país en sumarse a la campaña fue el vecino galo. Desde la presidencia republicana, Macron busca promover la instauración de un sistema paritario destinado a mayores de edad a partir de 2026. Por el momento, es voluntaria y contará con una compensación económica. A medio gas se encuentra Suecia que ha optado por que todos los jóvenes mayores de edad completen un cuestionario digital sobre su estado físico. Los alemanes avanzan en el proceso pero con un servicio voluntario.
Misma tónica se divisa desde los cielos españoles. Tal y como pudo analizar LA RAZÓN, Defensa se apuntó a la carrera hipersónica con la presentación de la antes Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID) para 2026. Se apuesta por la mejora de la durabilidad del cañón, el desarrollo de materiales y recubrimientos para estructuras de dicha índole. En este sentido, se contempla el estudio de las condiciones de aeroelasticidad y propagación e impacto de ondas de choque a velocidades hipersónicas durante el vuelo y la mejora de la termodinámica ante el desgaste de los vehículos.
La incógnita de los portaaviones: ¿Es necesario uno nuevo?
Hasta comienzos del año pasado, y pese a los avances de Italia, Francia o Turquía, Defensa no comenzó el planteamiento de un segundo portaaviones pese al cambio del tablero a nivel global. El proyecto, revelado por el contralmirante Nicolás Lapique, apostaba por la adquisición de alrededor de medio centenar de buques y una inversión tecnológica significativa en la Armada de cara al medio plazo.
En el primer mes de la temporada estival, la Armada encargó a Navantia un estudio de viabilidad para incorporar un portaaviones convencional a su flota que se sumaría al buque de asalto anfibio L-61 Juan Carlos I y a un segundo LHD (landing Helicopter Dock) similar que se encuentra todavía en fase de proyecto. Fuentes militares apuntan a similitudes con la embarcación francesa Charles de Gaulle que ha comandado decenas de misiones bajo el paraguas de la OTAN. No se especifica si compartirán espacio con la embarcación actual.
La diferencia clave entre ambos buques radicaría en su misión principal. Mientras el Juan Carlos I es un buque anfibio diseñado para operaciones de desembarco, el nuevo portaaviones estaría orientado de forma prioritaria a la proyección desde el mar. Este planteamiento se integra en el proceso de modernización de la flota y en la visión estratégica recogida con la vista puesta en la década de 2030. En el caso de seguir el proceso podrían llegar en 2040.
Las características del Juan Carlos I
El Juan Carlos I es un portaaviones impresionante, con un desplazamiento de 26.000 toneladas y unas dimensiones que lo sitúan entre los mayores del mundo en su clase. Con una eslora de 231 metros, 32 metros de manga, y 27 metros de puntal, este buque es capaz de operar en condiciones desafiantes. Una de las características más destacadas del Juan Carlos I es su capacidad aérea.
El buque tiene capacidad para operar hasta 30 aeronaves a bordo, incluyendo helicópteros de mediano y gran tamaño en misiones de apoyo aéreo y aviones. En total, puede albergar entre 10 y 12 aviones F-35B o AV-8B+, y hasta seis helicópteros medios o cuatro helicópteros pesados.
El Juan Carlos I no es solo un portaaviones, sino también un potente buque de proyección de poder con un diseño que permite el apoyo y transporte de infantería de marina. Su rol principal es el de apoyar la movilidad de los infantes de marina. Cuenta con la capacidad de alojar hasta cuatro transportes de desembarco anfibio.
En su apuesta por la multidisciplina, el Juan Carlos I también cuenta con un hospital con dos quirófanos, sala de odontología, UCI, rayos X, laboratorio y farmacia.
Sin nuevas actualizaciones pese a los conflictos
A pesar de su versatilidad, el Juan Carlos I arrastra un elemento que nunca ha sido actualizado: su concepción como buque multimisión, no como portaaviones puro. Esa naturaleza híbrida, que fue una ventaja en su día, hoy se convierte en un límite estructural. El buque puede operar Harrier y, en teoría, F-35B, pero no fue diseñado para sostener un ala embarcada de forma permanente.
Tampoco se ha actualizado el debate doctrinal que acompaña al buque desde su botadura: ¿Qué papel debe jugar realmente en la Armada? El Juan Carlos I sigue siendo el único casco capaz de sostener la capacidad aeronaval española, pero su diseño no ha sido reforzado con un plan de continuidad. Esa ausencia de actualización estratégica es la que coloca a España en un punto de incertidumbre.