Bolaño sobre Bolaño: "Escribir no es normal, lo elegante es leer"
No la literatura «o» la vida, sino la literatura «y» la vida. Con la una alimentándose de la otra (y viceversa) y juntas formando parte de un proyecto poético, literario y, por sobre todas las cosas, vital, y sobre el que se ha asentado la obra del escritor chileno Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 1953 – Barcelona, 2003), una obra inmensa, única y original, y que dividió las aguas en la candente e incipiente literatura hispanoamericana pero que siempre estuvo regida por una apuesta total, que incluye una vida nómada, algo errante, romántica y un poco desesperada, tan inmensa y variada, y unida, fatalmente, inevitablemente, a la literatura.
Esos dos pilares, en cualquier caso, son los pilares sobre los que sostiene también «Notas para una autobiografía», reciente libro publicado por Alfaguara y que reúne un conjunto de entrevistas que Roberto Bolaño concedió a lo largo de casi tres décadas (entre 1977 y 2003) y que abarcan un tiempo inmenso que va desde su época de joven e irreverente poeta chileno radicado en Ciudad de México hasta su etapa final en Blanes, ya convertido en un escritor consagrado que había ganado el Premio Herralde y el Premio y cuya obra comenzaba a leerse con atención y traducirse a muchos idiomas pero que hacía, seguía haciendo, sin embargo, una vida austera y tranquila, lejos de las luces de la consagración, en un pueblo costero a una hora y cuarto de Barcelona a donde se había trasladado en la década del ochenta y donde transcurrieron los últimos años de su vida.
Una franqueza radical
Es imposible, claro, que en estas notas para una autobiografía aparezcan todas las entrevistas que Bolaño concedió en vida porque el volumen se convertiría en un volumen imposible e infinito. Así, las entrevistas que aquí aparecen, fueron escogidas según un riguroso criterio. Como señalan los editores en las primeras páginas del libro, fue la profundidad, y no la exhaustividad, la que guio la elección. Así, las entrevistas escogidas, que aparecieron en su momento en medios españoles, latinoamericanos y europeos, tienen la común característica de mostrar a un Bolaño cercano, que dialoga y discute con sus entrevistadores y que hablar de temas tan diversos como el oficio de escribir, la literatura como apuesta, la vida de los poetas, la lectura de otros escritores, en fin, la vida misma. Pero, además de mostrar a un Bolaño que reflexiona y que es capaz de cambiar de opinión de una respuesta a otra, lo que consigue este libro es mostrar, también, a un Bolaño sincero, radical, que no se guarda nada y que habla con un franqueza total, terrible, tierna incluso.
Aunque la mayoría de las entrevistas del libro fueron concedidas por Bolaño a periodistas, el volumen incluye también otras piezas en las que Bolaño dialoga y polemiza y discute, amablemente, con otros escritores como Rodrigo Fresán o Ricardo Piglia, además de tres diálogos que tuvieron lugar en la televisión chilena con ocasión de algunos pocos viajes que Bolaño hizo a su país y una intervención magistral en el Instituto Cervantes de Londres, donde Bolaño habla de una de sus novelas, «Nocturno de Chile», y de su «ars poética» y del oficio de escribir. Intenso, pleno, con destellos de una oscura inteligencia que se parece al humor, en estas entrevistas Bolaño se muestra en toda su profundidad, especialmente cuando hace un cruce entre la vida, su vida, y la literatura. Como dice, por ejemplo, en una entrevista con Revista de Libros del diario «El Mercurio» de Chile: «La vida misma no creo que haga escribir a nadie. El momento en que uno decide ser escritor es un instante de locura total y de voluntad, entendida en el sentido nietzscheano de la palabra, que es un sentido bastante delirante. Escribir no es normal, lo normal es leer y lo placentero es leer, incluso lo elegante es leer. Escribir es un ejercicio de masoquismo; leer a veces puede ser un ejercicio de sadismo, pero generalmente es una ocupación interesantísima. Yo decidí ponerme a escribir a los 16 años, en México, y además en un instante de ruptura total, con la familia, con todo, como se hacen estas cosas».
Al estar ordenadas cronológicamente, las entrevistas a Bolaño funcionan como un cuaderno de bitácora del periplo vital y literario del autor de «Los detectives salvajes». Como el testimonio de un viaje en el que, al comienzo, Bolaño aparece como un poeta joven, combativo, irreverente, radical para terminar siendo, al final, un hombre que cree que su apuesta total por la literatura, por la vida, no ha sido en vano. «Lo áspero lo pondría un poco en duda, pero si hay asperezas en mi poesía son históricas asperezas que reflejan mi experiencia y mi momento vivencial –dice un Bolaño joven a un medio mexicano–. Ahora bien, mi poesía es, aparte de mala, autobiográfica. Sólo pretendo –concluye– conocerme, salvar al mundo y que me quieran».
A medida que se avanza en la lectura, poco a poco emerge en las páginas de «Notas para una autobiografía» un Bolaño diferente al Bolaño de su juventud, un escritor madura pero que conserva una pasión voraz por la lectura y un amor intenso por el oficio de escribir y un asombro siempre renovado por el devenir de la vida. «He tenido una vida muy azarosa, pero muy muy azarosa y hubiera podido abandonar en muchísimas ocasiones, pero nunca he abandonado, porque abandonar también en mi caso hubiese sido suicidarme. Yo creo que uno hace cosas de forma natural, porque no hay más remedio que hacerlo y mi relación con la literatura es ésa. Yo escribo literatura haga lo que haga y he hecho de todo, todos los trabajos del mundo», le responde Bolaño a René Gajardo Godoy en una entrevista publicada en el diario «La Tercera» de Chile. El libro, en general, es una delicia. No tanto por las preguntas de los periodistas, sino porque Bolaño, que solía responder a las preguntas de los periodistas por escrito porque era muy celoso de sus palabras y, secretamente, consideraba las entrevistas, quizás, como parte de su obra, es un entrevistado delicioso. Alguien que es capaz de detenerse, de pensar en voz alta, de contradecirse, de volver sobre lo que ha dicho porque nuevas ideas han surgido o han surgido, quizás, como fruto del diálogo. "¿Alguna vez pensó tomar un camino al margen de la ley?", le pregunta un periodista. Y Bolaño responde que «no en un momento, sino en muchos momentos de mi vida».
Y agrega: «He tenido una vida de exiliado y el estar en países donde eres extranjero, con todo lo que eso conlleva, las dificultades para trabajar… hay momentos en que vives muy mal y ves de cerca ese otro lado. Pero el crimen es aún mucho más trabajoso que la escritura y yo soy básicamente una persona perezosa. Ser criminal realmente cuesta muchísimo. De lo que sí he estado cerca es de la mendicidad. El crimen lo he visto desde lejos, pero la mendicidad, la he visto de muy cerca». «Notas para una autobiografía», en todo caso, ofrece la posibilidad de leer a un Roberto Bolaño en primera persona y que, también, da ciertas claves para una futura biografía. Las respuestas de Bolaño, aunque escritas, conservan, como en su obra, un tono oral no exento de giros, de ironía y de momentos en los que el autor despliega un humor corrosivo, inteligente, acorde con su manera de escribir, de pensar y de ver el mundo.
Leer estas entrevistas, como señalan los editores de estas «Notas para una autobiografía» equivale a asistir a una larga conversación interrumpida por los años, los viajes y los cambios de contexto, pero sostenida por una coherencia profunda: la convicción de que la literatura, como le dice a un periodista argentino en el diario «La voz del Interior», es un oficio peligroso, «un lugar en donde entramos voluntariamente o por azar, un cuarto oscuro lleno de animales salvajes». Y es bueno que así sea, dice Bolaño. Porque si uno está en la literatura de verdad, eso, qué remedio, «es inevitable».