Una familia, sobre la posibilidad de pedir un préstamo para financiar la vuelta al cole: "Si los abuelos no pueden ayudar..."
Septiembre empieza con una cuenta que muchos hogares ya no pueden absorber de una sola vez. Libros, ropa, material, comedor y actividades aparecen juntos y convierten el primer desembolso del curso en una prueba para quienes llegan al final del verano con poco margen. El arranque escolar concentra demasiados gastos.
La diferencia entre el tipo de centro también cambia el tamaño del golpe: el colegio elegido altera el presupuesto doméstico. Una madre calcula que sus tres hijos necesitarán unos 1.500 euros para comenzar en un colegio concertado, mientras otro padre sitúa entre 5.000 y 6.000 euros el coste de todo el curso para su hijo.
Cuando el dinero mensual llega justo, la discusión deja de ser qué producto comprar y pasa a ser cómo reunirlo. Algunas familias renuncian a vacaciones, recortan otras partidas y buscan a padres y abuelos para sostener parte del gasto antes de acudir a una entidad financiera. En ese recorrido, el apoyo de los mayores deja de ser un gesto puntual y pasa a sostener la economía de la casa.
El desembolso inicial
Un reportaje de Espejo Público, el programa de Antena 3, pone cifras a esa tensión a partir de los testimonios de varias familias y comerciantes. El estudio de una plataforma de compraventa de segunda mano citado en la pieza calcula que el 17% de los hogares financiará sus compras escolares, una proporción equivalente a una de cada seis familias. Gabriela, madre de tres hijos, lo resume así: "No llega con lo que tenemos. Este año no nos hemos ido de vacaciones". El crédito ya entra en gastos ordinarios.
El problema tampoco se limita al contenido de la mochila. El reportaje sitúa por encima de 45.000 millones de euros el volumen de los créditos personales tras el verano y recoge la explicación del experto económico Ismael García, que afirma: "hemos perdido un 26% de poder adquisitivo" en los últimos cinco años. El presupuesto escolar compite con los gastos básicos y deja menos espacio para los imprevistos. Revisar lo que ya hay en casa y comparar precios puede rebajar la factura sin aplazarla.
Ayudas y respaldo doméstico
La red familiar aparece en los testimonios como el último colchón antes de endeudarse. Una madre habla de necesitar un "empujón" de sus padres y una comerciante del barrio observa que cada vez se recurre más al crédito: "nosotras trabajamos en tiendas y vemos cada vez se va más a crédito, incluso para irse de vacaciones". El respaldo de los abuelos tiene un límite cuando el gasto escolar se repite cada septiembre.
Antonio, que trabaja con su mujer en una residencia de mayores, calcula entre 5.000 y 6.000 euros para el curso y señala que ambos cobran unos 1.000 euros al mes: "Con nuestras nóminas no nos dan financiación. Lo haremos con ayuda de los suegros y los padres". Si esa ayuda se plantea como una cantidad que habrá que devolver, conviene dejar las condiciones por escrito y conservar el rastro del pago, como explica este relato sobre un préstamo familiar. La nómina marca hasta dónde llega.
El consejo de Ismael García apunta a limitar la deuda: "Financiar estrictamente lo necesario y que el crédito sea barato y cortísimo". La recomendación encaja con una realidad en la que el curso no se paga solo al comprar libros o uniformes, también arrastra comedor, actividades y cuotas durante meses. Las cuentas empiezan antes del primer día, porque el gasto de septiembre puede condicionar todo el calendario doméstico.