Feijóo cree que el Rey quiere ir a Ceuta y pide al Gobierno que autorice la visita
El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, cree que Felipe VI «quiere ir» a Ceuta y, por eso, ha pedido al Gobierno de Pedro Sánchez que facilite un desplazamiento que considera propio de sus responsabilidades como jefe del Estado ante una situación «humanitaria, de salud pública y de orden público» sin precedentes recientes.
Feijóo ha utilizado como argumento el encuentro que Felipe VI mantuvo a principios de agosto con Juan Jesús Vivas en el Palacio de Marivent. El presidente ceutí aprovechó aquella audiencia para trasladarle personalmente su deseo de recibir a los Reyes y dejó después una frase que los populares consideran suficientemente reveladora: el Monarca quiere visitar la ciudad y lo hará «cuando el Gobierno considere y acepte ese desplazamiento».
El dirigente popular ha vinculado además esa presencia con la condición constitucional de Felipe VI como jefe del Estado y símbolo de su unidad y permanencia. Feijóo fue más lejos. Y ha dicho que si estuviera en La Moncloa anunciaría una visita del Rey a Ceuta, aunque evitó comprometerse con una fecha porque, como jefe de la oposición, reconoció no disponer de toda la información que maneja el Gobierno sobre la entrada de más de 70.000 personas durante los días 30 y 31 de julio.
«Necesitaría información» para concretar el momento, ha admitido. Pero ha defendido que Sánchez sí debería dejar claro que, ante una crisis de semejante magnitud, al jefe del Estado «le corresponde ir a Ceuta» como acudiría a cualquier otro territorio español que atravesara una situación similar.
La cuestión resulta especialmente sensible por sus implicaciones diplomáticas. Felipe VI nunca ha visitado Ceuta desde que fue proclamado Rey y los desplazamientos de la Corona a las ciudades autónomas han provocado históricamente fuertes protestas de Rabat. La visita de Juan Carlos I y la Reina Sofía en 2007 terminó con Marruecos llamando a consultas a su embajador. Entonces, José Luis Rodríguez Zapatero reconoció que el desplazamiento respondía a un interés del propio Monarca al que su Gobierno había decidido responder.
El PP continúa exigiendo saber qué información manejaban los distintos servicios del Estado antes del 30 de julio, por qué no permitió anticipar la entrada y qué responsabilidad tuvo Marruecos.
El líder de la oposición ha dado por sentado que Rabat «o consintió o alentó» lo sucedido y ha acusado al Ejecutivo de no haber actuado pese a disponer de información previa. También ha cuestionado que Moncloa continúe calificando de ejemplar la cooperación marroquí.
Feijóo ha vuelto a utilizar las vacaciones presidenciales como arma política para contraponerlas al presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas que, ha dicho, llevaba «las botas puestas desde el primer día». Feijóo ha acusado a Sánchez de permanecer «con sus chanclas en la playa» mientras Ceuta afrontaba una crisis que excedía ampliamente sus competencias.
La crítica del PP se extiende a toda la política marroquí de Sánchez. Feijóo ha defendido que España debe mantener una relación de «vecindad y amistad» con Marruecos, pero condicionada a tres principios: reciprocidad, lealtad y respeto. «No podemos aceptar ni amenazas ni chantajes, ni de Marruecos ni de nadie», ha espetado.
Feijóo ha vuelto sobre una de las cuestiones que el PP lleva años utilizando contra el presidente: qué compromisos adquirió realmente Sánchez con Mohamed VI y qué explicación existe detrás del giro sobre el Sáhara Occidental de 2022.
Las últimas reivindicaciones procedentes de Marruecos sobre Ceuta y Melilla han llevado a Feijóo a reclamar también una respuesta conjunta de todos los partidos. El presidente del PP considera que España ha salido «más debilitada» de la crisis y ha reprochado a Sánchez no haber convocado a las fuerzas políticas para aprobar una declaración «unánime, sin fisuras» en defensa de la soberanía y la integridad territorial.
Es ahí donde la visita de Felipe VI adquiere para los populares una segunda dimensión. Ya no se trataría únicamente de acompañar a una ciudad golpeada por una emergencia migratoria, sino de escenificar la normalidad institucional española sobre Ceuta en un momento en que Rabat ha vuelto a poner su soberanía sobre la mesa.
Feijóo también utilizó la crisis para cuestionar toda la política migratoria del Gobierno. Por eso, ha asegurado que el modelo de Sánchez había provocado un «efecto llamada» y avanzaba en dirección contraria al giro que, a su juicio, estaba dando la Unión Europea hacia un mayor control de las fronteras exteriores.
Para el líder del PP, la reacción de España imponiendo controles a viajeros procedentes de Italia fue «exorbitante» y trasladó a los socios europeos una señal equivocada: tratar con mayor dureza la respuesta italiana que la actuación marroquí.
Feijóo ha dejado abierta otra de las grandes incógnitas de una eventual desembarco suyo en Moncloa: qué haría con la posición española sobre el Sáhara Occidental. Ha evitado comprometerse de antemano a revertir el giro adoptado por Sánchez en 2022. Su prioridad, explicó, será conocer primero el contenido íntegro de los acuerdos alcanzados con Rabat.
Ese es el motivo por el que el líder del PP ha prometido llevar esa información al Congreso para decidir después la posición española. Lo que sí ha rechazado ha sido sentirse vinculado por compromisos cuyo contenido desconoce y que, según denunció, nunca fueron autorizados por las Cortes.
El PP pretende así someter a revisión toda la arquitectura de la relación construida por Sánchez con Marruecos. La crisis de Ceuta le ha proporcionado un argumento para cuestionar sus resultados y la eventual visita de Felipe VI se ha convertido ahora en una nueva prueba política para Moncloa.