La "Panguneta": el invento que salva los veranos de la España vaciada
Cuando los pueblos agonizan, solo el ingenio puede traspasar la frontera de los cuidados paliativos y obrar el milagro que les devuelva a la vida. Dotados del mejor instrumental emocional posible, de no pocas habilidades manuales, y de un talento para el bien común poco habitual –aliñado con horas y horas de charlas interminables durante sus días de vacaciones en el pueblo– Aritz, Sheila, Jone, Markel y Jon, la versión 2.0 de El Club de los Cinco de Enid Blyton, han conseguido llenar una diminuta porción de la España vaciada con su empeño. Y con un divertido motocarro.
Los 30 habitantes censados en Pangusión, un encantador rincón de la provincia de Burgos bañado por el Ebro y rodeado por montañas, que en verano puede rondar los 130, estirando mucho el chicle, se habían acostumbrado a alternar en el bar del pueblo, el punto de reunión justo y necesario. "Pero El Cuco, que así se llamaba el local, cerró. Aunque estuvo en alquiler durante un tiempo, nadie quería hacerse cargo, nadie invierte en los pueblos. Un día de tantos, Aritz comentó que podía conseguir un grifo de cerveza. Ese fue el germen de todo», comentan los cinco amigos.
La rentabilidad no está en la hoja de ruta
El único propósito, desde el minuto cero, "era sacar a la gente de casa, juntarnos, hablar… Porque muchas veces el pueblo parece desierto, y resulta que sí hay gente pero se quedan en sus casas. Primero pensamos en hacer un carro y pasearlo por el pueblo con bebidas; después, una bicicleta con remolque…pero no era plan de ir empujando carros como en la época de los romanos".
Entonces, entre "tontería y tontería" apareció la idea de hacerse con una Piaggio APE 50, el típico motocarro con espacio trasero suficiente para colocar unas neveras, bolsas de patatas fritas y los vinilos de Aritz. "Llegó entonces el momento Wallapop. En un primer momento vimos un motocarro por 500 euros. Estaba desguazado, pero pensamos que podíamos arreglarlo", dicen.
Necesitaban financiación. La ocurrencia entonces fue aprovechar el día de la Diana, cuando todos van de casa en casa tomando un piscolabis hasta terminar a remojo en el lavadero, y la chispa que influye en las voluntades, para contarles (y convencer) a sus paisanos la idea de "La Panguneta" (intersección magistral entre Pangusión y furgoneta). "Fue alucinante, para nada nos esperábamos la reacción de la gente, que empezó a soltar billetes y a confiar en nuestra idea. Pangusión es increíble, todos arriman el hombro. Conseguimos 900, y nos fuimos a Blanes, en Girona, a por una APE un poco mejor", relatan a este diario.
Entre todos –en el grupo de ideólogos hay una profesora de Diseño en la Universidad de Barcelona, un experto en automoción, una profesional de banca, un técnico antiincendios, y un coordinador en alimentación de colectividades–, tunearon los laterales para poder hacerla descapotable, buscaron neveras, idearon el logotipo, y hoy han convertido el sueño de una noche de verano en un punto de reunión ambulante que podría competir perfectamente con Pierre Nodoyuna y sus Autos Locos.
Sin embargo, el objetivo no es ese. No se trata de una competición. La Panguneta ha nacido con vocación de servicio público, de reivindicación del poder inquebrantable de lo colectivo, de la reunión, de un punto de encuentro que tienda puentes, en una plataforma rural única.
"Nosotros hemos cumplido con nuestra parte. Nuestra loca sugerencia ya es un hecho y sirve para que todos nos juntemos en el pueblo por las tardes. Incluso, la gente nos pide que la saquemos y ya se habla de la iniciativa en otros pueblos vecinos".
Autofinanciación
La Panguneta se autofinancia con el servicio de bar y también con las mil y una ocurrencias de estos cinco amigos de cuarenteytantos. "Sacarle rentabilidad nunca ha sido el objetivo. Sí lo ha sido la colectividad, el trabajo en equipo, porque este invento no es nuestro, es de todo el pueblo y para todos nosotros. Generar recuerdos, momentos bonitos que nos unan y nos hagan disfrutar de la esencia rural y todo su encanto, escuchar a nuestros mayores mientras nos tomamos algo con ellos, volver a lo analógico, a la tradición, a las raíces".
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"La Panguneta" es una inversión en calidad de vida, un gesto sencillo pero con un gran poder de transformación. "Estamos empeñados en mantener la vida de pueblo, las noches a la fresca, la conversación". ¿Lo próximo que urden? "Dotar a La Panguneta de placas solares, quizá poner un horno para hacer pizzas, inventar algún artilugio que nos permita cocinar hamburguesas…Lo principal para nosotros es volver y que la gente quiera volver al pueblo, porque somos muy felices aquí".