Veinte años de ‘María Antonieta’, una película que sigue inspirando a cineastas a jugar con el pasado
Hace 20 años, en mayo de 2006, la película Marie Antoinette (María Antonieta), escrita y dirigida por Sofia Coppola, debutó en la competencia oficial del Festival de Cannes. No lo parecía entonces, pero se convirtió en indiscutible referente estético y narrativo del cine contemporáneo.
La producción de $40 millones entre Francia, Japón y los Estados Unidos, dividió a la crítica entre abucheos y ovaciones; algunos reseñistas la catalogaron como un espectáculo apolítico, superficial e irrespetuoso.
Para su estreno, el género cinematográfico del drama histórico se asociaba con frecuencia a una puesta en escena ligada al prestigio académico, la seriedad temática y la solemnidad de sus personajes; figuras estoicas y monumentales.
Las decisiones artísticas en cuanto a la imagen, la música y el estilo apuntaban a una representación fiel, a la exactitud histórica y, de alguna manera, a la preservación de un periodo pasado: épicas con colores tenues situadas en palacios polvorientos y narradas desde un lenguaje clásico similar al del Hollywood dorado, donde el anacronismo era error y rara vez leído como una decisión consciente.
Previo a María Antonieta, autores cinematográficos como Kubrick y Miloš Forman dieron pasos hacia algo más, con gran influencia (con Barry Lyndon y Amadeus, respectivamente). Sin embargo, al revisitar la secuencia inicial de la película de Coppola, resulta difícil no ver un antes y un después de María Antonieta para su generación; baste pensar en producciones más recientes como The Favourite o la serie Bridgerton.
Sofia Coppola abre la película a toda fuerza con una declaración de sus intenciones: la canción Natural’s Not in It, de la banda post-punk Gang of Four, satura la pantalla en negro con sus primeras líneas: “El problema del ocio, qué hacer por placer”.
Llega la primera imagen: una joven reina (Kirsten Dunst) reclinada en un sillón, rodeada de pasteles y atendida por una sirvienta. La reina percibe nuestra mirada, ve directo a cámara, sonríe y vuelve a reposar, dándonos la bienvenida a su narrativa. La pantalla vuelve a negro y los créditos iniciales continúan.
Coppola, desafiando y desarmando, juega con aquella famosa frase de los pasteles, que María Antonieta nunca dijo, para introducir al personaje desde otra mirada. No es una mártir ni una villana: es una adolescente que solo existe dentro de la maquinaria para la que nació.
Las dos horas operan desde la misma lógica: una historia íntima, colorida, pop y melancólica sobre el propósito, el aislamiento, el deseo y la feminidad dentro de una jaula dorada; el privilegio sin autonomía.
Durante siglos, la figura de María Antonieta ha oscilado entre mito y caricatura. Un sinónimo de frivolidad, desconexión e indiferencia con un pueblo que sufría a la distancia. Un personaje que, durante años, quedó en libros de historia, retratos de museo y, ocasionalmente, como un referente visual dentro del mundo del cine, la moda y la cultura pop.
En su libro Sofia Coppola Archive: 1999-2023, la directora escribe: “Siempre había sido retratada como una villana, pero aquí aparecía como un ser humano, una adolescente enfrentándose a una situación abrumadora. Quería dejar realmente claro que ella y las personas a su alrededor eran jóvenes, y que se sintiera como si estuvieras viviendo junto a ellos en su mundo, no mirando hacia atrás a un periodo histórico polvoriento”.
“Quería que todo estuviera contado desde su punto de vista, casi como si ella misma hubiera hecho la película. No le interesaba la política, sino que parecía guiarse completamente por sus emociones y sus placeres”, dice Coppola.
La filmación de ‘María Antonieta’
El desarrollo comenzó en mayo del 2001, posterior al estreno del debut de Coppola, Las vírgenes suicidas, y mientras escribía el guion para Lost in Translation, su filme más exitoso a nivel crítico y comercial hasta la fecha.
Antonia Fraser, autora de la biografía base del proyecto, detalló sus reuniones con la directora en un artículo de Vanity Fair donde comienza transcribiendo el mensaje inicial enviado por Coppola: “Sé que podré expresar cómo una joven experimenta la grandeza de un palacio, la ropa, las fiestas, las rivalidades y, finalmente, la necesidad de crecer”.
Fraser también recuerda los momentos de silencio e incertidumbre, las asesorías de guion y la evasión de los aspectos políticos que llevaron a la Revolución Francesa (las primeras menciones sobre estos catalizadores llegan de manera sutil a la hora y quince minutos).
Ella se quería enfocar en la vida interna del personaje: su traspaso a los catorce años hacia un matrimonio sin deseo, las presiones de navegar su reinado a una edad temprana, las altas expectativas de su madre (interpretada por una severa Marianne Faithful), sus problemas concibiendo un heredero, un romance fugaz con un conde sueco, la maternidad, la pérdida y sus costosas distracciones materiales.
Fraser sintió confusión y placer al visitar el set de grabación por primera vez y descubrir que dichas narrativas serían retratadas desde lo que ella describe como el rock’n’roll.
El rodaje comenzó a inicios de 2005. El palacio de Versalles concedió un acceso sin precedentes a la producción, permitiéndoles grabar en sus instalaciones todos los lunes y durante las noches de los otros días de la semana, incluyendo el Salón de los Espejos, que se encontraba cerrado por trabajos de restauración durante las fechas de rodaje.
Tal acceso costó 300.000 euros y, naturalmente, fue acompañado por rigurosas limitaciones para el cuido del recinto. Otras escenas fueron grabadas en réplicas en estudios y otros edificios históricos en Francia. La grabación llenó estos espacios con cientos de extras y un robusto elenco internacional vestido por la legendaria Milena Canonero, quien inspiró la paleta de colores en las golosinas de Ladurée (Coppola también cita las colecciones de John Galliano para Dior alusivas a la reina francesa como inspiración).
El diseñador floral belga Thierry Boutemy y su equipo se encargaron de los arreglos para cada escena y Manolo Blahník creó el calzado de Dunst a lo largo de la película. Lance Acord, el director de fotografía, combinó secuencias grandilocuentes y cuidadosamente compuestas junto a momentos íntimos grabados con cámara en mano, navegando la línea entre escapismo pop y naturalismo documental.
Por su lado, Brian Reitzell supervisó la música, fusionando las imágenes de época con canciones post-punk de los 70 y 80, así como piezas contemporáneas y música clásica. El extenso uso de montajes musicales que impulsa la narrativa (una secuencia de compras al ritmo de I Want Candy viene a la mente) la acerca más al mundo de las películas adolescentes de John Hughes que a los fríos dramas históricos contra los que Coppola se rebela.
Fría recepción de ‘María Antonieta’
Dichas decisiones artísticas, hoy celebradas como singulares y valiosas por acercarnos a la psicología del personaje protagónico, no fueron del todo apreciadas por la crítica a la hora de su estreno en Cannes.
Al leer algunas de las reseñas originales, términos como “superficial”, “desestructurada”, “vacía” y “demasiado femenina” se repiten. Dicho enfoque negativo en la mirada hiperfemenina de Coppola y su narración con base en las superficies no ha regresado en la recepción de sus proyectos más recientes con líneas conceptuales similares, su biopic de Priscilla Presley).
Otros críticos fueron más generosos en sus evaluaciones, aplaudiendo las decisiones formales, interpretaciones y la mirada romántica de Coppola sobre la narrativa. María Antonieta, a diferencia de Lost in Translation, no multiplicaría su presupuesto en taquilla ni le ganaría premios a la directora (aunque sí el Oscar a Canonero, la diseñadora de vestuario).
En años posteriores, la película consiguió algo quizás más duradero: cultivar un grupo fiel de seguidores y un creciente interés impulsado por nuevas generaciones de cinéfilos que descubrieron su encanto a través de repeticiones en televisión y redes sociales.
“Mi hija me mostró estos montajes en TikTok de canciones de hip hop sobre Marie Antoinette, y son muy buenos", dijo Sofia Coppola a Vogue. “Me impresionan. Es divertido ver que sigue siendo parte de la cultura juvenil (...) Las mujeres jóvenes, las mujeres y los hombres gais son el público en el que más pienso”, añade.
Tras dos décadas, María Antonieta se siente más fresca y formalmente relevante que nunca: es el enfoque de decenas de video ensayos de Youtube que, entre ellos, acumulan millones de visualizaciones, así como de artículos de publicaciones prestigiosas dedicados a re-evaluarla y redimirla como pieza cinematográfica y como referente innegable para nuevas producciones.
Lo que ocurrió, con los años, es que María Antonieta nos recuerda que los objetos, los espacios, las dinámicas sociales, el ocio y las superficies, por más frívolas que parezcan a primera vista, funcionan como puertas de entrada hacia nuestra vida interna, nuestras aspiraciones y nuestras políticas.
El regreso de María Antonieta
Ciclos de cine alrededor del mundo (como nuestro propio Preámbulo) se han encargado de proyectarla en pantalla grande, convocando salas llenas tanto de seguidores de Coppola como de nuevas audiencias curiosas por una película que el algoritmo y la cultura pop, dos décadas después, se niegan a dejar desaparecer.
En setiembre de este año, en honor a su aniversario, el Palacio de Versalles abrirá una exposición presentada en el Petit Trianon, locación preciada tanto por la figura histórica como por la película. La misma contará con vestuarios originales, storyboards, fotografías del set, material del detrás de escenas y proyecciones de fragmentos de la película dentro de las locaciones verdaderas en donde fueron rodadas, creando así un diálogo entre el espacio histórico y la reinterpretación cinematográfica de Coppola.
Este junio, Coppola le dijo a Vogue que está preparando un documental sobre el making of con el material que que su madre difunta grabó durante la producción. Además, saldrá un libro de Mack con fotos del detrás de escenas y de la premiere y reuniones así como textos sobre la producción, fotos por Andrew Durham.